Este artículo explorará cómo los niveles apropiados de la duda pueden mantenernos espiritualmente sanos.

Necesitamos agua para vivir. Afortunadamente, Dios nos ha proporcionado el agua que necesitamos. Dicho esto, demasiada agua también puede matarte. Si tomas muy poca agua puedes morir. 

Sólo una cantidad saludable de agua (lo cual, dato curioso, es aproximadamente dos litros de agua por día) nos mantendrá con vida. El mismo principio se aplica en muchos otros ámbitos de la vida, ya sea físico, emocional o espiritual. 

Este artículo explorará cómo los niveles apropiados de la duda pueden mantenernos espiritualmente sanos.

Descargo de responsabilidad: Este es un tema muy matizado. La certeza, la fe, el conocimiento y la duda tienen diferentes significados y filosofías atribuidas a cada uno de ellos. No propongo que esta perspectiva sea una verdad absoluta en todas las interpretaciones y usos de estos términos, ni tampoco mi método es la única forma de ver las cosas. Dicho esto, creo que hay un gran valor en los siguientes principios…

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¿Oposición en todas las cosas?

barco

Hablamos mucho sobre la oposición en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Reconocemos plenamente tanto la dificultad como la necesidad de la oposición. Nuestras Escrituras enseñan:

“Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo… no se podría llevar a efecto la rectitud ni la iniquidad, ni tampoco la santidad ni la miseria, ni el bien ni el mal.”

La felicidad no puede existir sin la tristeza.

La luz no es nada sin la oscuridad.

Las personas altas no serían “altas” si no se comparan con las personas pequeñas.

Pero la “oposición” va más allá de los meros “opuestos”.

Un fuerte viento en contra se opone al barco que lucha por navegar hacia adelante.

La gravedad se opone a tu salto.

Un incendio forestal se opone al crecimiento de un bosque.

Es difícil lidiar con la oposición (ese es el punto). Y, sin embargo, hay un propósito divino para la oposición. No es sólo una forma en que Dios tortura a sus creaciones. Es la manera en que Dios enseña y fortalece sus creaciones.

Utilizado adecuadamente, el viento es lo que impulsa a un velero.

Utilizado para nuestra ventaja, la gravedad es lo que hace posible que los aviones puedan volar.

Del mismo modo, la duda puede desafiar y oponerse a la fe, pero su verdadero propósito puede ser permitir que la fe tome vuelo. Sin embargo, también es cierto que si administramos mal nuestra relación con la duda, puede destruir nuestra fe.

Si no respetamos el viento, puede hundir nuestro barco. Si no interactuamos adecuadamente con la gravedad, los aviones se pueden estrellar. Pero el propósito de este artículo no es describir la naturaleza dañina de la duda entre los Santos de los Últimos Días. Todos somos muy conscientes de eso. De hecho, es probable que cada uno conozca a alguien cuya duda los haya alejado o incluso puesto en contra de su antigua fe.

Mi objetivo es todo lo contrario. La duda puede ser algo bueno. Puede ayudar a moldear, fortalecer y purificar nuestra fe. No debemos pretender que no existe, pero tampoco debemos tener un ataque de pánico cuando toque a nuestra puerta. En su lugar, necesitamos desarrollar una relación saludable con ella. Porque la fe no significa nada sin la duda que se le opone.

Nota: ¿Cuándo una pregunta puede convertirse en una duda, o viceversa? ¿Cuál es la diferencia entre amabas? Francamente, creo que la respuesta es subjetiva y no intentaré responderla en este artículo, pero es una buena pregunta que puedes considerar cuando apliques esta filosofía a tu vida.

El bosque

árbol bosque

Tal vez hayas notado que no utilicé un ejemplo usando el incendio forestal de mi lista de cosas que experimentan oposición. 

Quiero prestarle especial atención porque recientemente leí algo increíble acerca de los incendios forestales en una publicación del blog. Échale un vistazo. Esto es lo que el autor, Joe Terrell, dijo sobre los bosques:

Si un bosque lleva demasiado tiempo sin ser quemado, el follaje comienza a ahogar la luz solar necesaria para soportar un mayor crecimiento a lo largo del suelo del bosque. Los árboles muertos y la materia vegetal contienen nutrientes importantes que pueden beneficiar al suelo después de que se reducen a cenizas.

Los incendios queman especies invasoras y peligrosas, y limpian las malas hierbas. De hecho, algunos árboles tienen semillas que se activan con el fuego que sólo pueden germinar después de un incendio forestal.

Nuestra fe puede funcionar de la misma manera. De vez en cuando, está bien, tal vez incluso sea beneficioso, que un fuego arda en todas nuestras ideas y opiniones acumuladas sobre Dios que quizás ya no nos estén haciendo mucho bien.”

Dios tiene un historial de usar cosas algo dolorosas para ayudarnos a crecer. De hecho, en Apocalipsis 3:19, el Señor declaró: “Yo reprendo y disciplino a todos los que amo”. La disciplina puede doler, pero es necesaria. Reconocer que tenemos una cantidad saludable de duda en nuestras vidas también puede doler, pero también nos puede hacer humildes y puede refinarnos.

El fuego puede dañarte o ayudarte. Puede quemarte o iluminar tu camino. Asimismo, la duda puede dañarte o ayudarte. Y recuerda que no todo lo que duele es necesariamente dañino a largo plazo. 

El Elder Dale G. Renlund dijo recientemente:

Dale G. Renlund elder Dale G. Renlund élder Renlund

“La duda no es mala a menos que se convierta en un fin en sí misma. La duda que se alimenta y crece sobre sí misma y engendra más dudas, esa es mala.”

Una vez más, lo mismo se puede decir del fuego. Encender un fuego no es malo, a menos que el encender todo se convierta en un fin en sí mismo. Ese fuego que se alimenta y crece sobre sí mismo y engendra más fuego y es malo. Pero si el fuego está despejando los conceptos erróneos y plantando nuevas semillas de fe, déjalo arder.

Sufrimos de un concepto erróneo en la Iglesia que sólo porque la duda existe en la mente de alguien (por definición, “un sentimiento de incertidumbre”), significa que esa persona no creer en nada y punto. Etiquetamos la duda como mala y cualquier nivel de ella como una fe que no existe.

Desafío esa idea, tal como lo hizo el Elder Renlund. La duda existe en un espectro. Cuando se trata de la divinidad del Libro de Mormón, por ejemplo, tengo mucha fe y muy pocas dudas. En otras palabras, mientras exista la “duda”, no dudo que el Libro de Mormón sea lo que dice ser, porque mi fe supera ampliamente mi duda.

Por otro lado, ¿fue la prohibición Sacerdocio la voluntad de Dios? En ese tema, probablemente tenga un poco más de duda que fe. Esa duda no ha destruido mi testimonio del Evangelio restaurado. Por el contrario, creo que ha moldeado mi percepción y fe en los profetas modernos en algo más verdadero de lo que solía ser. Por lo tanto, la duda me llevó a una mayor iluminación y un testimonio más fuerte, en mi opinión.

Una palabra sobre “saber”

Además de la oposición, también hablamos del “saber” en la Iglesia. Tú sabes de qué estoy hablando. “Sé que la Iglesia es verdadera, sé que José Smith fue un profeta, se qué…”

No tengo nada en contra de un testimonio de “yo sé”. Podemos tener un conocimiento seguro, o un testimonio de verdades espirituales. Moroni 10 nos lo promete. Tener un conocimiento seguro de las cosas espirituales es una meta que todos tenemos. Las Escrituras también nos enseñan que:

“A algunos el Espíritu Santo da a saber que Jesucristo es el Hijo de Dios… a otros les es dado creer en las palabras de aquellos, para que también tengan vida eterna”

Saber y creer son importantes. Pero en muchas comunidades de Santos de los Últimos Días, hemos cultivado una cultura en la que muchas veces decimos “Yo sé” cuando en realidad queremos decir “Yo creo”. Hay una gran diferencia entre los dos términos. Su relación con la duda es diferente.

En el “Saber”, la duda es el espacio negativo que la fe aún no ocupa. Cuando nos llenamos de este saber y se alcanza el conocimiento, no hay lugar para la duda (lo que hace que sea aún más amenazante para un testimonio de “Yo sé”). En donde existe la fe, existirá una medida de duda. Si no lo hace, es sólo conocimiento, y “la fe que inactiva” (Alma 32).

Las Escrituras enseñan que “no recibimos testimonio hasta después de la prueba de [nuestra] fe” (Éter 12:6). Tal vez esa “prueba de [nuestra] fe” sea la duda (en sus muchas formas) y su constante lucha con la fe.

La Iglesia de Jesucristo

Afortunadamente, Cristo pide fe, no conocimiento. De hecho, es el primer principio de Su Evangelio.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe…” (Efesios 2: 8).

“Porque a ninguno de estos viene la salvación, sino por medio del arrepentimiento y la fe…” (Mosíah 3:12).

“Sin fe no puedes hacer nada; por tanto, pide con fe…” (DyC 8:10).

Interpreto el énfasis de Cristo en la fe como la aceptación implícita de una cierta medida de duda. Si eso es cierto, está bien si tienes preguntas, está bien si tienes dudas, es parte de tener fe, lo que significa que todo es parte del plan.

Lo que NO estoy diciendo

perdón

No estoy a favor de alimentar nuestras dudas o buscarlas a propósito. Estoy a favor de lidiar con ellas cuando inevitablemente surjan hasta que nuestra fe supere nuestras dudas o nuestras dudas refinen nuestra fe. 

No voy a fingir que eso no es algo arriesgado. Similar a la oposición en casi cualquier forma, representa una amenaza. Puede doler tremendamente. Tal vez es por eso que las Escrituras nos piden que “[labremos nuestra] propia salvación con temor y temblor”.

Esta es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si el Evangelio es verdadero (lo que creo que sí es), entonces afrontar las dudas de una manera espiritualmente madura, con la perspectiva correcta, simplemente será un fuego refinador para tu fe. Quemará lo que no es bueno. Todo lo que quede será pura verdad.

En un Evangelio basado en la fe, no debemos tener miedo de la duda que la acompaña. Por supuesto, como lo alentó el Presidente Uchtdorf, deberíamos dudar de nuestras dudas antes de dudar de nuestra fe.

Pretender que esas dudas no existen, o simplemente tratarlas de ocultarlas en un armario hasta que tu fe este muerta no es la forma adecuada de manejarlas. El problema no es la existencia de la duda, sino lo que elegimos hacer con esa duda.

Entonces, ¿cómo sacarle provecho a la duda de una manera constructiva?

barco

Las Escrituras enseñan que Cristo puede usar nuestras debilidades y “hacer que las cosas débiles se vuelvan fuertes” para nosotros. No puedo decirte cómo sucede eso en tu situación, porque no sé cuáles son tus debilidades.

Del mismo modo, no sé cuáles son tus dudas. Tú lo sabes. Cuando salen a la superficie, debes saber que no tienes que huir de ellas, al igual que no tienes que alimentarlas. Llévaselas a Dios (no sólo a Google, como solemos hacerlo) y descubre con Él cómo tus dudas pueden convertirse en el viento que empuja tus velas.

¿Cómo las dudas han fortalecido tu testimonio del Evangelio restaurado en el pasado? Háznoslo saber en los comentarios.

Este artículo fue escrito originalmente por David Snell y fue publicado originalmente por thirdhour.org bajo el título “Why Doubts Shouldn’t Be Freaking Latter-day Saints Out