Las experiencias cercanas a la muerte siempre despiertan preguntas. Para algunos, son relatos difíciles de creer; para otros, ventanas breves a una realidad que apenas alcanzamos a comprender.

Dentro de la historia de los Santos de los Últimos Días existe un caso particularmente bien documentado que ha llamado la atención durante más de un siglo: la experiencia de Ella Jensen, una joven que falleció en 1891 y que, según numerosos testimonios contemporáneos, regresó a la vida con un relato extraordinario.

Es bueno decirlo desde el inicio: historias como esta no buscan reemplazar la fe ni imponer conclusiones. Incluso para quienes creen, requieren cautela, contexto histórico y una revisión honesta de las fuentes.

Precisamente por eso, el caso de Ella Jensen resulta tan interesante: no se sostiene en un solo recuerdo tardío, sino en múltiples declaraciones publicadas, entrevistas familiares y registros históricos cercanos a los hechos.

Una muerte anunciada… y algo más

Ella Jensen. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

En la madrugada del 2 de marzo de 1891, Ella Jensen, de 19 años, se encontraba gravemente enferma de fiebre escarlatina en su hogar en Brigham City, Utah. Había estado postrada en cama durante semanas.

Quien la cuidaba esa noche, Leah Rees, relató más tarde que Ella despertó repentinamente con una calma inquietante y pidió arreglarse, explicando que debía estar lista porque “vendrían por ella” a las diez de la mañana.

Identificó incluso a uno de ellos por nombre: su tío Hans Jensen, fallecido años antes.

“Le pregunté quién vendría por ella. ‘El tío Hans Jensen’, respondió, ‘y los mensajeros. Me voy a morir y ellos vendrán a las diez de la mañana a llevarme’.” -Leah Rees, “Raised from the Dead,” por Leroi C. Snow, Improvement Era, Vol. 32, N.º 11 (septiembre de 1929).

Horas después, tal como había dicho, Ella falleció. Su padre, Jacob Jensen, sostuvo su mano y sintió el momento exacto en que su pulso se detuvo. Para la familia, no había duda: había cruzado el velo.

niños pequeños muerte
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Según el propio relato de Ella, su conciencia no desapareció. Describió haber observado a su familia llorar su muerte y, luego, haber pasado a un espacio amplio donde se encontró con numerosos parientes y conocidos que ya habían muerto.

Lo que más llama la atención de su testimonio no es solo lo que vio, sino el tono con el que lo narró después: una profunda sensación de paz, claridad y deseo de permanecer allí (Ella Jensen, “Raised from the Dead”, Improvement Era, oct. 1929).

Entre las personas que reconoció se encontraban familiares cuya muerte Ella conocía y otros cuyo fallecimiento aún no le había sido comunicado. Este detalle, corroborado más tarde por su familia, fue uno de los elementos que más impactó a quienes escucharon su relato.

La voz que la hizo volver

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Lorenzo Snow. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

El punto decisivo de la experiencia ocurrió cuando Ella escuchó una voz que la llamó por su nombre y le indicó que debía regresar, porque su misión en la Tierra aún no había terminado.

Según su testimonio, esa voz pertenecía a Lorenzo Snow, quien en ese momento era presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles.

Mientras tanto, en el mundo físico, sucedía algo notable. Tras la muerte de Ella, su padre fue en busca de Lorenzo Snow para informarle y coordinar el funeral.

Al llegar a la casa, el presidente Snow pidió aceite consagrado y, junto con otros líderes, dio una bendición en la que mandó explícitamente a Ella que regresara y viviera, declarando que su misión no había concluido (Jacob Jensen, entrevista, Relatos solicitados de la fe de los Santos de los Últimos Días, Catálogo de Historia de la Iglesia).

Durante un largo tiempo nada ocurrió. Sin embargo, aproximadamente tres horas después de su muerte clínica, Ella abrió los ojos.

Demasiadas coincidencias para ignorarlas

Imagen: masfe.org

Al recobrar la conciencia, Ella preguntó de inmediato por Lorenzo Snow, afirmando que él había sido quien la llamó de regreso. Con el paso de los días, relató con detalle a quiénes había visto y qué había aprendido.

Algunos de esos detalles, como la muerte reciente del pequeño Alphie Snow, eran desconocidos para ella antes de su enfermedad, pero fueron confirmados por otras personas más tarde (Alphonso Snow, Relatos solicitados de la fe, Catálogo de Historia de la Iglesia).

Lejos de convertirse en una figura pública sensacionalista, Ella continuó su vida con discreción. Se casó, tuvo ocho hijos y vivió hasta 1957.

Quienes la conocieron afirmaron que su experiencia no la llevó a buscar notoriedad, sino que reforzó su serenidad y su fe en la vida después de la muerte.

En palabras de una familiar cercana, la experiencia de Ella Jensen ofrece consuelo más que asombro: presenta el mundo de los espíritus no como algo extraño o aterrador, sino como una continuación más perfecta de la vida conocida (Dorothy Jensen Schimelpfenning, Where Loved Ones Meet, FamilySearch).

A veces, las preguntas más importantes no se responden con una sola historia. Pero algunas historias, como la de Ella Jensen, invitan a hacerse esas preguntas con un poco más de esperanza.

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