Nota del editor: La experiencia relatada en este artículo corresponde a Abi Falin Horspool.

A veces, las experiencias espirituales más significativas no llegan un domingo durante un discurso o una reunión especial, sino que llegan en momentos simples, casi cotidianos, cuando una frase inesperada nos recuerda algo que habíamos olvidado.

Eso fue exactamente lo que le ocurrió a Abi Falin Horspool, una miembro de la Iglesia de Jesucristo, durante una visita al templo.

Lo que comenzó como una visita improvisada terminó convirtiéndose en una lección profunda sobre la gracia de Dios y la dirección hacia la que elegimos caminar.

Una visita al templo que no estaba planeada

El templo al que asistieron fue el Templo de Draper Utah. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Un día, Abi y su esposo llegaron al templo sin mucha preparación. Ellos vestían ropa de calle, jeans y zapatillas, y ni siquiera tenían una cita programada pero aun así, intentaron entrar para hacer la obra del templo.

Abi recuerda que, mientras se acercaban al templo, ella se sentía un poco incómoda por no haber llegado preparada como deseaba. Pero en cuanto entraron, fueron recibidos con amabilidad por las obreras y obreros.

El templo al que asistieron fue el Templo de Draper Utah. En el mostrador de ropa del templo, dos obreras los saludaron con una sonrisa y los ayudaron a imprimir algunos nombres de familiares para realizar las ordenanzas por ellos.

Todo parecía una interacción normalmente habitual hasta que una de las obreras vio su apellido, se detuvo un momento, y exclamó:

“¡Horspool! Conocí a alguien con ese apellido”.

Lo que dijo después tomó a Abi completamente por sorpresa.

El comentario inesperado

Al acercarse al mostrador del templo, un comentario de una obrera llamó la atención de Abi. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La obrera pronto explicó que conocía a un hombre con ese mismo apellido: «Horspool». Luego añadió algo que Abi jamás habría esperado escuchar en ese lugar y que revelaría algo importante sobre esa obrera.

«Fumábamos juntos afuera de la iglesia. Era un tipo genial”, dijo con naturalidad.

Para algunos, ese podría haber sido un comentario extraño de escuchar dentro de un templo pero para Abi fue todo lo contrario. Las palabras de esta obrera llenaron el corazón de Abi con una calidez inesperada.

Abi no sabía cuál había sido el pasado de esta obrera ni la del hombre que mencionó ni tampoco sabía qué camino la había sacado de ese camino para llevarla a servir en el templo pero sí sabía algo importante: en ese momento ella estaba allí, sirviendo al Señor y ayudando a otros a acercarse a Él.

Eso fue suficiente para dejarle una lección poderosa.

Dios no se enfoca en nuestro pasado

Dios nos invita a levantar nuestros ojos y mirarlo. Imagen: Shutterstock

En ese instante, Abi sintió un recordatorio claro: Dios no está obsesionado con dónde hemos estado porque Él se interesa mucho más en hacia dónde estamos caminando.

En este caso, aquella obrera, que alguna vez había estado fumando afuera de una iglesia, ahora estaba sirviendo en el templo y ayudando a otras personas a realizar la obra sagrada por sus antepasados. Ese contraste fue, para Abi, una hermosa evidencia de cómo el Señor transforma vidas.

Esta experiencia le recordó a Abi otra imagen que siempre le ha impactado: una pintura del artista Norman Rockwell en la que muestra a personas caminando apresuradamente por una calle de Nueva York, pasando frente a la iglesia de St. Thomas Church. Todos caminan mirando hacia abajo pero sobre la puerta de la Iglesia, se ve a  alguien con un cartel que dice: “Lift up thine eyes” (“Levanta tus ojos”).

Esa pintura guarda un mensaje poderoso reflejado en una escritura:

«Alza tus ojos y mira alrededor».

Sin embargo, como es de esperarse, nadie en la pintura levanta su mirada. A menudo eso también ocurre en nuestra vida espiritual ya que el Señor nos invita a mirar hacia Él pero las preocupaciones diarias, las distracciones y el ritmo de la vida a veces hacen que mantengamos los ojos enfocados en el suelo.

Un recordatorio personal en el metro de Nueva York

Un mensaje: ‘ARRIBA, ADELANTE, HACIA DIOS’ estaba garabateado en rosa brillante sobre Abi. Imagen proporcionada por
Abi Falin Horspool

Mientras reflexionaba sobre esta experiencia, Abi también recordó otra similar que tuvo años atrás mientras servía como misionera de la Iglesia de Jesucristo. Un día, ella caminaba rápidamente por una estación del metro en Nueva York cuando de pronto, algo escrito sobre ella llamó su atención.

En una pared alguien había escrito con pintura rosa brillante:

“UPWARD, ONWARD, GODWARD”, (“Hacia arriba, hacia adelante, hacia Dios”, en español).

Ese mensaje la detuvo en seco y conllevó a un momento de reflexión. En medio del ruido de la ciudad y la prisa del momento, esas 3 simples palabras le recordaron por qué estaba allí como misionera y cuál era y sigue siendo su propósito en la tierra: avanzar hacia Cristo y ayudar a otros a hacer lo mismo.

Mirar hacia Cristo cambia nuestra dirección

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Cuando dirigimos nuestros pasos hacia Cristo, nuestras decisiones comienzan a movernos en dirección al cielo. Imagen: Shutterstock

La conclusión final de esta experiencia para Abi se encuentra en las palabras de esta escritura:

«Dejemos a un lado todo peso… y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe».

A veces estamos tan centrados en nuestros errores, cargas o pecados que olvidamos detenernos por un momento para pensar en Jesucristo. Para evitar eso, debemos hacer lo mismo que hizo Abi: mirar a Cristo.

La breve conversación con aquella obrera del templo le recordó a Abi que el Salvador no espera que nuestro pasado sea impecable. Aunque nuestro pasado haya sido muy oscuro, Él nos sigue recibiendo con los brazos abiertos y nos invita a elegir cada día caminar hacia Él.

Cuando levantamos la mirada y dirigimos nuestros pasos hacia Cristo, nuestras decisiones por pequeñas que parezcan, comienzan a movernos en una dirección que, poco a poco, nos acercará cada vez más al cielo.

Fuente: LDSLiving

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