Durante los últimos años, una idea ha comenzado a circular con esperanza en las redes sociales: la Generación Z estaría liderando un regreso a la religión. Sí, leíste bien. ¿Cuesta creerlo, verdad?

En este mundo actual dividido donde la religión a menudo pasa a un segundo plano, muchos están creyendo en la probabilidad de que los jóvenes, quienes enfrentan estas circunstancias de fe críticas, regresen a Dios.

Pero, antes de alegrarnos anticipadamente, aquí viene la pregunta incómoda pero necesaria: ¿esto es realmente lo que está ocurriendo?

Un análisis reciente basado en datos religiosos de Estados Unidos nos brinda una perspectiva más cercana a la realidad. Estos fueron los hallazgos.

El orígen detrás de la idea

Muchos afirman que los jóvenes son la fuerza que está regresando a la fe. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La creencia de un avivamiento en la fe por parte de la generación Z no surgió de la nada. 

Y es que después de años de estudios que revelaban una desafiliación a la fe creciente, encuestas recientes revelaron lo contrario: una desaceleración en el ascenso de los no religiosos. Fue ahí cuando muchos vieron esto como el inicio de un cambio.

Esta teoría se hizo más fuerte a través de ciertos eventos como revivals universitarios o movimientos cristianos activos de jóvenes en redes. Todo eso se mezcló con la esperanza y la ilusión de un despertar en la fe.

La conclusión final fue firme para muchos creyentes: los jóvenes son la fuerza que está regresando a la fe. Esa idea es comprensible porque como creyentes, siempre buscamos la renovación espiritual, pero una cosa es el anhelo y otra, la evidencia.

Lo que los datos exponen

Los datos recientes revelan la realidad sobre la relación entre la generación Z y la fe. Imagen: Canva

En contraste con el brillante y esperanzador ambiente de un “avivamiento de la fe”, los datos revelan un panorama más claro aunque menos espectacular.

El contraste es evidente. Las generaciones mayores en Estados Unidos, como los nacidos en la década de 1940, presentan niveles bajos de personas sin afiliación religiosa. Sin embargo, a medida que ellos desaparezcan, las nuevas generaciones aumentarán el porcentaje de personas sin religión.

La Generación Z, cuyos miembros pronto serán adultos, reflejan el 43% de personas que no profesan ninguna religión. Esto no quiere decir que no haya jóvenes creyentes. Los hay y muy comprometidos pero a rasgos generales, una mayor proporción de la generación joven se identifica como no afiliada religiosamente.

Esto nos quiere decir que esas encuestas que registraban una estabilización en la tendencia de menos personas creyentes, no se traducen como un avivamiento de la fe sino como un lento deceso generacional.

La única forma de que exista un verdadero regreso masivo a la religión es si millones de jóvenes se reafilian a la religión activa y aún no hay evidencia de que eso pase.

La fe no se mide por la tendencia

mujer tocando su corazón
La fe no se mide en tendencias de datos sino en la intención del corazón. Imagen: Canva

Esta realidad reflejada por los datos comparte una verdad crucial: la fe no es una tendencia de mercado que se mida por estadísticas.

Las cifras podrán variar y los gráficos fluctuar pero la verdadera fe se registra desde el interior. El Salvador mismo enseñó esto al explicar que:

“Jehová no mira lo que el hombre mira, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”.

Esto reafirma que los datos de estudios en sí son insuficientes para predecir cambios en la fe porque esos cambios suelen comenzar de manera personal, casi invisible a los ojos.

Entonces… ¿qué sí está pasando? Aunque no hay rastro de ningun avivamiento masivo en la fe, sí hay patrones que vale la pena destacar:

  • Algunos movimientos cristianos más centrados en comunidad están creciendo.
  • Muchos jóvenes están buscando espiritualidad y propósito aunque no siempre dentro de estructuras tradicionales.
  • La fe ya no es un tema exclusivo para púlpitos, sino se ha movido a las redes sociales y a espacios informales.

Un llamado para preservar la fe

Un legado de fe que se transmite a lo largo del tiempo puede ayudar a que las nuevas generaciones mantengan razones firmes para creer. Imagen: Canva

Al concluír este estudio, la pregunta que realmente necesitamos hacernos no es si la generación Z reavivará la fe sino: ¿estoy creando espacios donde la fe sea relevante para quienes vienen después de mi?

Un legado de fe fuerte que se transmite a lo largo del tiempo puede ayudar a que las nuevas generaciones mantengan razones firmes para creer activamente y así, lo espiritual no se desvanezca.

¿Quién sabe el impacto que tendrá tu legado de ejemplo cristiano en los corazones de las generaciones futuras? Todo empieza con el paso que des hoy y ahora.

Fuente: DeseretNews

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