Hoy en día todos vivimos en un mundo religioso diverso donde todos tenemos derecho a seguir la fe que elegimos. Para los Santos de los Últimos Días, esta libertad religiosa es crucial para formar una sociedad unida en cuanto a la fe. Sin embargo, en esta búsqueda no estamos exentos de lidiar con preguntas y dudas.
Una de estas dudas y de las más comunes cuando se trata de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es esta: ¿por qué tenemos profetas y apóstoles en la actualidad?
Para muchos, esta estructura resulta algo sorprendente ya que la mayoría de las otras religiones no afirman tener líderes con autoridad profética o apostólica. Sin embargo, dentro de la Iglesia de Jesucristo, esa autoridad sí existe y aquí te explicamos el porqué.
Un modelo que viene desde Jesucristo

Para entender por qué existen profetas y apóstoles hoy, primero hay que mirar al pasado hacia cuando Jesucristo estuvo en la tierra. Durante Su vida terrenal, Él no solo enseñó y sanó, sino que también organizó Su Iglesia con una estructura específica.
En el Nuevo Testamento leemos que Jesucristo llamó a doce apóstoles:
“Y designó a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar”.
Estos apóstoles no eran solo discípulos, sino que eran testigos especiales de Cristo a quienes se les confirió autoridad para enseñar, dirigir y edificar Su Iglesia. Además, el Salvador también enseñó la importancia de los profetas, quienes históricamente habían sido portavoces de Dios.
El apóstol Pablo lo explicó claramente al describir la organización de la Iglesia de Jesucristo:
“Y él mismo constituyó a unos apóstoles; y a otros, profetas… a fin de perfeccionar a los santos” (Efesios 4:11–12).
Aquí encontramos una clave importante: los apóstoles y profetas eran parte esencial de la orden que Cristo estableció para Su Iglesia.
¿Por qué muchas iglesias no los tienen hoy?

Ahora, si los apóstoles y profetas fueron clave para organizar la Iglesia de Jesucristo, ¿cómo es que casi ninguna iglesia los tiene además de la Iglesia de Jesucristo? Para responder esto, tenemos que regresar en la historia.
Con el paso del tiempo, después de la muerte de los apóstoles originales, la autoridad de Dios otorgada solo a sus apóstoles fue retirada de la tierra ya que no había nadie quien la posea. Este periodo se conoce como la Gran Apostasía, un tiempo en donde la organización original de la Iglesia de Jesucristo se perdió.
Sin profetas ni apóstoles vivos, muchas personas comenzaron a depender únicamente de interpretaciones de las escrituras, lo que dio lugar a múltiples enseñanzas y creencias que concluyeron con la formación de muchas iglesias.
Esto no significa que no haya fe o verdad en otras religiones, sino que, según el modelo establecido por Jesucristo, faltaba un elemento clave: la autoridad divina directa para guiar la Iglesia.
La Restauración: el regreso de profetas y apóstoles

La Iglesia de Jesucristo enseña que esa autoridad que se perdió en la Gran Apostasía fue restaurada mediante el profeta José Smith en el siglo XIX.
Desde entonces, se ha restablecido el mismo modelo que existía en los tiempos de Cristo: un profeta viviente y un Cuórum de Doce Apóstoles. Esto significa que Dios no dejó de guiar a Sus hijos bajo el modelo establecido por Cristo.
Tener un profeta viviente implica que Dios continúa guiando a Su Iglesia de manera activa no solo a través de la enseñanza de principios de fe, sino también mediante la revelación.
Así como Noé fue advertido del diluvio, o Moisés guió a Israel fuera de Egipto, un profeta moderno recibe inspiración para ayudar a las personas a navegar el mundo actual y a escuchar la voz de Dios tal como dice el Señor:
«Sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo». (Doctrina y Convenios 1:38)
Gracias a los profetas, los miembros de la Iglesia de Jesucristo tienen la bendición de contar con una voz autorizada por Dios que les enseña principios claros y coherentes.
El papel de los apóstoles en la actualidad

Los apóstoles hoy cumplen una función muy similar a la de los tiempos de la Biblia. Ellos también son testigos especiales de Jesucristo y ayudan a la Primera Presidencia, compuesta por el profeta y sus dos consejeros, a dirigir la Iglesia en todo el mundo.
El Cuórum de los Doce Apóstoles trabaja junto al profeta para:
- Enseñar el Evangelio.
- Establecer la doctrina.
- Guiar la Iglesia de Jesucristo globalmente.
- Testificar de Jesucristo.
El presidente Joseph Fielding Smith también enseñó esto cuando declaró:
“Se supone que estos doce discípulos de Cristo deben ser testigos presenciales de la misión divina de Jesucristo… Esa es su misión, su deber; y esa es la doctrina y la verdad: que es su deber predicarlo al mundo y ver que se predique al mundo”.
Estas enseñanzas sugieren que los 12 apóstoles también siguen desempeñando un papel crucial dentro de la Iglesia, ya que son el apoyo divino para que el evangelio de Jesucristo siga llegando a todo el mundo, así como lo hacían los apóstoles de la antigüedad.
Una invitación a considerar

Para quienes les sigue resultando extraño que la Iglesia de Jesucristo tenga profetas y apóstoles, nuestra invitación no es simplemente que aceptes esta idea, sino que busques la verdad reformulando tu pregunta por esta: ¿Y si Dios realmente sigue llamando profetas?
Esta pregunta invita a cada persona a una búsqueda personal y como promete el mismo Salvador:
“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”.
La presencia de profetas y apóstoles en la Iglesia de Jesucristo es un símbolo importante de la restauración de un patrón divino establecido desde el principio por el mismo Jesucristo y una evidencia de que Dios sigue guiando, enseñando y llamando a Sus hijos a venir a Él.



