Cuidar de un ser querido que padece de alguna enfermedad puede ser agotador física, mental y emocionalmente. Esta situación puede desanimarte más de lo que imaginas. Sin embargo, también puede enseñarte las lecciones que más necesitas en tu vida.

Recientemente, perdí a mi padre debido al cáncer y, a continuación, compartiré 3 lecciones importantes que aprendí de su lucha contra esta enfermedad.

1. Tener fe a pesar de las enfermedades que no tienen cura

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Hice innumerables oraciones para pedirle a Dios que sanara a mi padre. Sin embargo, no se sanó. Lloré mucho por la muerte de mi padre, pero no me enojé con Dios. Sabía que el Padre Celestial escuchó todas las oraciones que hice por mi padre, pero no era Su voluntad que mi padre se sanara.

Cada vez que le suplicaba a Dios que lo sanara, mi fe no dependía del resultado que esperaba recibir. Tenía fe en que Dios podía sanar a mi padre y que independientemente del resultado, aceptaría Su voluntad.

Tener este tipo de fe significaba que el plan del Señor podía incluir perder a mi padre.

No obstante, someter mi voluntad a Dios y confiar en que Él tiene un propósito para todo me permitió acercarme a Él y me condujo a una comprensión más profunda del Plan de Salvación. He llegado a sentir más gratitud por las bendiciones de la Expiación de Jesucristo y las familias que se sellaron por la eternidad.

2. La enfermedad no es un castigo, sino una parte de la vida

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A veces, me preguntaba por qué un buen esposo y padre sufriría una enfermedad crónica. No había hecho nada tan terrible para merecer tal sufrimiento.

Mientras hacía esta pregunta en mi mente, recordé que ser mortal y tener un cuerpo de carne y huesos significa que estamos sujetos a las enfermedades y los dolores de este mundo.

Me di cuenta de que siempre habrá algún tipo de prueba o dificultad en nuestra vida, no porque Dios quiera castigarnos, sino porque es parte de nuestra existencia terrenal. Fue una casualidad que la prueba de mi padre viniera en forma de una enfermedad crónica.

Tener este conocimiento y comprensión me ayudó a sentir paz y consuelo en el tiempo en que mi padre luchaba contra el cáncer. Asimismo, me ayudó a confiar en gran medida en la abundante misericordia de Dios para ayudarnos a soportar la carga de manera más fácil.

3. “Siempre hay algo que amar”

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Este es un pasaje de una obra de teatro llamada “Uva pasa bajo el sol”. Tuve que aprender esta lección de la manera más difícil posible. El cuerpo de mi papá estaba frágil y postrado en cama. Necesitaba a alguien que lo ayudara en todo, las 24 horas del día. Muchas veces, se frustraba consigo mismo y atacaba a los demás con comentarios furiosos.

Mi padre estaba pasando por el peor momento de su vida y mi familia, por el momento más difícil. Fue una montaña rusa de emociones.

Con todas las emociones encontradas, alguien podría preguntarse si hay algo que amar en medio de la condición de mi padre. La respuesta es un “sí” rotundo.

Si alguien me preguntara cuándo amé más a mi padre, diría, “cuando el mundo me decía que quedaba poco para amar, pero aun así elegí amarlo con todo mi corazón”.

Mi amor por mi padre es lo que evitó que mi paciencia se agotara. A veces, permanecía despierta por más de 24 horas para cuidarlo. El amor que sentía por mi padre me mantuvo física, mental y emocionalmente fuerte.

Durante estos momentos de dificultad, aprendí que amar a alguien en el peor momento de su vida es cuando realmente aprendemos a amar más.

Reflexión final

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Estas son lecciones que las personas pueden aprender sin pasar por lo que tuve que pasar. Pero, comprender profundamente a los demás, te ayudará a soportar las cargas de esta vida con facilidad y te ayudará a apreciar a las personas que más amas en la enfermedad y en la salud.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Chona Gaalletes y fue publicado en faith.ph con el título “3 Lessons I Learned From My Father’s Battle With Cancer”.