“Es a través del poder de la Expiación y el amor del Salvador por cada uno de nosotros que podemos tener la esperanza y luz que necesitamos en momentos de oscuridad.”

Al crecer, nunca fui lo que llamarías ‘pequeña’. Por lo general, era más alta que todas, incluidos los niños, y mi pubertad me ayudó a subir un poco de meso durante los “años difíciles”.

Junto con mis muchos recuerdos felices de la infancia están esos recuerdos no tan felices que nunca me abandonaron por completo; ser acosada en la escuela primaria porque parecía embarazada, haciéndome recordar que “metiera la barriga”, o salir de compras con mis amigas sintiendo avergonzada porque necesitaba tamaños más grandes. 

Estos recuerdos y los estímulos constantes que recibí sobre la dieta y la imagen corporal fueron solo el comienzo de un rápido espiral descendente hacia un trastorno alimenticio.

También te puede interesar:3 Razones por las que ser madre es mi título favorito en estos tiempos

Perder peso y el control

expiación

Las cosas realmente empezaron cuando comencé la universidad. En ese momento de mi vida, comencé a correr y hacer más ejercicio. Empecé a perder peso, a obtener más atención de los chicos y, de hecho, me invitaron a salir en citas.

En un momento, quise comer un poco más saludable. Pero en el transcurso de algunos años y después de adaptar “tipos” de dieta de aquí y allá, empecé a pensar que el contar calorías, eliminar la mayor cantidad de grasa posible y el no comer carbohidratos era lo que me ayudaría a perder peso y me haría más saludable.

De hecho, disfrutaba cuando sumaba las calorías que quemaba en un entrenamiento por la mañana y trataba de comer menos calorías de esa cantidad para el desayuno y el almuerzo. Comencé no sólo a contar mis calorías y a limitarme a las cosas que amaba, sino que también comencé a comparar lo que comía con lo que comían los demás. En mi mente, para mantenerme más delgada que los demás, necesitaba comer menos que ellos.

Cuando me casé, también me mudé a un estado diferente, lejos de toda mi familia, y empecé un nuevo trabajo que no era el ideal. Constantemente era desanimada en el trabajo y tenía el síndrome de “sé, por tanto, perfectos”, en donde sentía que para ser una buena esposa, literalmente tenía que ser perfecta.

deporte

Tenía que tener la casa impecable, cenas extravagantes todas las noches y siempre tener una masa de galletas a la mano para tener galletas caseras recién horneadas.

Con el caos de mi trabajo y las presiones de ser perfecta, la comida se convirtió en la única cosa en mi vida que sentí que podía controlar. Continué aumentando mi ejercicio mientras disminuía lo que comía. Cuando me sentía con mucha hambre por la noche, a veces comía las cosas que no me permitía tener durante el día.

Comía tanto que al día siguiente sentía la necesidad de castigarme por lo que había hecho. Se convirtió en un círculo vicioso del hambre, atracones y luego morirme de hambre otra vez.

Estaba agotada emocional y físicamente y, en ese momento, no me daba cuenta de cómo mi obsesión por los alimentos estaba afectando mi relación con mi esposo. Me estaba convirtiendo en una esclava de mis pensamientos por la comida y el ejercicio. Mi obsesión por estar “saludable” me llevó a tener un peso muy bajo y completamente peligroso.

Incluso cuando cambié de trabajo y estaba en un ambiente mucho más feliz y cálido, me sentía atrapada en mi mentalidad y no podía superar mi obsesión por completo. Sabía que no podía seguir viviendo así y que necesitaba recuperar el control y volver a ser verdaderamente feliz.

Tratando de cambiar

expiación

Cuando estuve en una situación difícil en el trabajo, recuerdo haber conducido a casa un día y haber visto cientos de flores amarillas al lado de la carretera. Fue una pequeña señal para mí de seguir perseverando durante las pruebas en mi experiencia laboral. Ese pequeño milagro vino de nuevo más tarde en mi vida, cuando más lo necesitaba.

Cuando las cosas se complicaron cuando perdí el control de mi trastorno alimenticio, recuerdo haberle suplicado a mi Padre Celestial noche y día por ayuda. Por un tiempo, comencé a pensar que Él no me estaba escuchando y que estaba más sola de lo que pensaba.

Un día, corrí por uno de mis senderos favoritos y oré de nuevo a mi Padre Celestial y le pregunté si se preocupaba por mí. Cuando terminé mi oración y levanté la vista del sendero, vi un camino de flores amarillas. Esas flores fueron la respuesta a mis oraciones. Fue una forma simple en que el Padre Celestial me dijo que me amaba y que estaba contestando mis oraciones.

Cuando llegué a saber, entender y obtener un testimonio de que la Expiación no es sólo para aquellos que han pecado, sino para cualquiera que esté desconsolado y atravesando desafíos, decidí darle mi carga a Cristo y dejar que Él me ayude. A través de muchas otras oraciones de súplica, hablar con un consejero y el apoyo de otros, empecé a progresar lentamente.

expresar amor

Poco a poco, y dolorosamente, comencé a ganar peso. Fue difícil, pero mi esposo me dijo todo el tiempo que me veía tan bien y que él amaba aún más mi cuerpo. Todos a mi alrededor me dijeron lo saludable y feliz que me veía.

Aunque mi cuerpo y mi salud en general estaban cambiando, y mi testimonio se estaba fortaleciendo debido a la Expiación, todavía me resultaba difícil cambiar mi perspectiva. 

Me encontré con una historia que me ayudó a darme cuenta de que estaba desperdiciando preciosos momentos y años haciendo hincapié en algo que realmente no importa. Y ahí fue cuando me prometí que no perdería más tiempo en cosas tan intrascendentes.

Para ayudarme a enfrentar la verdad que sabía muy adentro, decidí escribirme una carta. Aquí está una parte de lo que escribí:

“¡Realmente eres una mujer hermosa y asombrosa y una hija de Dios que es capaz de tantas cosas maravillosas! Ya has visto cómo eres un ejemplo para los estudiantes que has enseñado, tus hermanas, las chicas a quienes amas tanto en tu barrio y tantas otras que quizás aún no conozcas o que pronto llegarán. Piensa en tus futuras hijas y en el ejemplo que puedes mostrarles. ¿Recuerdas correr con tu hermana y llorar porque nunca quisiste que nadie se sintiera como tú? ¡Pues esta es tu oportunidad de ser fuerte y ser feliz!”

Encontrando una nueva perspectiva

madre mormona

Después de que me escribí esa carta, recibí una última “llamada de atención” cuando mi esposo y yo comenzamos a hablar más seriamente sobre tener hijos. Me di cuenta de que lo que estaba haciendo con mi cuerpo no sólo me estaba afectando; estaba haciendo daño y dificultando mi posibilidad de tener un bebé.

Inmediatamente cambié mi enfoque de mí misma y de lo que comía para hacer todo lo posible por estar saludable y ayudar a mis futuros hijos a estar saludables y felices también. Reduje el ejercicio; comí más y le di a mi cuerpo lo que necesitaba para crecer fuerte. 

Descubrí que no me estaba “gorda” como siempre había temido. Me sentí mucho más feliz, mucho más segura de mi cuerpo y mucho más cerca de la persona que mi Padre Celestial y mi Salvador siempre supieron que podía ser.

pérdida de un bebé

Después de varios meses de preocupación sobre si podría o no tener un bebé, ¡descubrí que estaba embarazada! Mi corazón ya estaba lleno de tanto amor por este pequeño ser humano dentro de mí.

Hace un año, a partir de ese momento, si me hubieran dicho que tendría que aumentar de 10 a 15 kilos durante el embarazo y pesar más que mi esposo, habría tenido un colapso. Fue un milagro en mi vida saber que mi propio valor y el de la vida que tenía significaban mucho más que un número en una balanza. Mi bebé ha sido más una bendición en mi vida de lo que nunca me hubiera imaginado.

Cuando realmente entendí que lo que estaba haciendo con mi cuerpo no sólo me afectaba a mí, cambió TODO. Solo recuerda, no puedes controlar lo que los demás a tu alrededor hacen y piensan, pero puedes esforzarte para ser el mejor y lo más feliz que puedas ser. Tú tienes el control.

Para Meditar

expiación

Durante este tiempo, leí el discurso del Elder Jeffrey R. Holland llamado “A las mujeres jóvenes” que ayudó a solidificar mi determinación de amarme a mí misma y ayudar a otros a no pasar por lo mismo que yo. 

En el discurso, el Elder Holland expresó:

“Les suplico, jovencitas, que por favor se acepten más a ustedes mismas, incluso la forma y la contextura de su cuerpo, con menos deseos de parecerse a alguna otra persona. Todos somos diferentes; algunos son altos y otros bajos; algunos son gruesos y otros delgados, y casi todos, en algún momento, quieren ser lo que no son… 

La atención excesiva al yo personal y el énfasis en el físico es más que demencia social; es espiritualmente destructivo y es responsable de gran parte de la desdicha con que las mujeres, entre ellas las jovencitas, se enfrentan en el mundo de hoy. Y si los adultos se preocupan de la apariencia —de hacerse estirar la piel, de recortarla o de hacerse implantar objetos en el cuerpo, o de hacerse modificar todo a lo que se le pueda dar nueva forma— esas preocupaciones y angustias seguramente tendrán un efecto en los hijos… 

Uno necesitaría un grande y espacioso estuche de cosméticos para competir con la belleza según la representan por todas partes los medios de difusión.”

El entender verdaderamente y saber que soy una hija de Dios con un potencial divino para la maternidad me ayudó a vencer mi trastorno alimenticio, a través del poder de la Expiación y el amor de mi Salvador por mí. Debido a ellos y todo lo que he experimentado, sé que tengo el poder de superar cualquier obstáculo, incluso aquellos que yacen dentro.

Este artículo fue escrito originalmente por Darcy Doxey y fue publicado por ldsliving.com bajo el título “How Motherhood and the Atonement Helped Me Overcome Anorexia