Un domingo por la noche en el día del Padre, el élder Aiono y su compañero estaban preparándose para dormir cuando escucharon que alguien tocaba la puerta. Como era tarde, les sorprendió.

Al abrir, encontraron a su presidente de misión, pensaron que quizás había pasado algo en el área o que habían cometido algún error.

El presidente se sentó con el élder Aiono y llamó a su familia. En la pantalla aparecieron su mamá y sus hermanos llorando. Fue entonces cuando escuchó la noticia que nadie espera recibir, y mucho menos estando lejos de casa. 

Su padre había fallecido de un ataque al corazón.

En segundos llegaron muchas emociones. El élder estaba sirviendo al Señor en otro país, dedicando su tiempo a predicar el evangelio. En su mente apareció una pregunta que muchos también se hacen en momentos así.

¿Por qué ocurre algo así justo ahora?

Cuando el dolor llega en medio del servicio

Élder Aiono. Imagen: Facebook

La misión es un tiempo muy especial. Durante esos meses o años los misioneros dejan su hogar, su rutina y muchas comodidades para dedicarse completamente al Señor.

Por eso, cuando ocurre una pérdida familiar durante la misión, el impacto puede sentirse aún más fuerte. La distancia, la noticia inesperada y el sentimiento de no poder estar con la familia pueden hacer que el dolor parezca más pesado.

Sin embargo, algo que muchos misioneros descubren en esos momentos es que el Señor no ignora esas experiencias.

El servicio misional no significa que los desafíos desaparezcan. Significa que el Señor camina con nosotros incluso en medio de ellos.

El consuelo que llega en momentos inesperados

Imagen: masfe.org

Después de recibir la noticia, el presidente de misión le dio al élder una bendición del sacerdocio. 

En ese momento sintió paz en vez de dolor, no era que la tristeza desapareciera. Pero el consuelo espiritual empezó a llenar el espacio que había dejado el impacto de la noticia.

Al día siguiente, el presidente lo invitó a ir al templo. Allí, sentado en la sala celestial, el élder comenzó a llorar sin poder detenerse. Pero mientras estaba allí, sintió como si dos personas estuvieran a su lado.

Su padre y el Salvador, Jesucristo.

Para él fue un momento en el que Dios sabía exactamente lo que estaba viviendo. No estaba solo.

Las escrituras que cambian la perspectiva

Imagen: Canva

Después de esos días difíciles, el élder encontró un pasaje en el Libro de Mormón que comenzó a darle otra forma de ver su experiencia.

“Mi gracia es suficiente para todos los hombres y haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos” – Éter 12:27.

Al principio, perder a su padre parecía la mayor debilidad de su vida. Pero con el tiempo empezó a notar que el Señor puede transformar nuestras experiencias más dolorosas en una fuente de fortaleza. Eso no significa que el dolor desaparezca inmediatamente. Pero significa que Dios puede usar incluso esas experiencias para algo mayor.

En algunos casos, los misioneros pueden regresar a casa por un momento para estar con su familia. En este caso, el élder tuvo la oportunidad de asistir al funeral de su padre. Durante esos días compartió que ahora entendía más el Plan de Salvación y la doctrina de las familias eternas. El evangelio que estaba enseñando cada día ahora se había vuelto profundamente personal.

La esperanza de volver a ver a su padre no era solo una idea. Era una promesa real gracias a Jesucristo.

Nuestras pruebas para bendecir a otros

Imagen: Másfe.org

Cuando regresó a la misión, el élder compartió su experiencia con una joven a quien estaban enseñando el evangelio. Mientras él hablaba sobre cómo había encontrado paz en Cristo, la joven comenzó a llorar.

Ella también había perdido a su padre, la experiencia del élder Aiono tocó su corazón. Con el tiempo, decidió bautizarse. Ese fue uno de los momentos en que el élder entendió que Dios puede usar nuestras pruebas para llevar consuelo a otras personas que están pasando por algo similar.

Antes de su misión, el élder creía en Dios. Sabía que existía y que amaba a las personas, pero después de todo lo que vivió, su fe se volvió diferente. Su creencia se volvió una convicción personal.

Había sentido el consuelo del Salvador en un momento de profundo dolor y había visto cómo el evangelio realmente puede traer paz cuando parece que todo se rompe. 

Entendió que las familias pueden ser eternas gracias a Jesucristo.

En medio de nuestras pruebas

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Experiencias como esta recuerdan algo importante sobre el discipulado.

Seguir a Cristo no significa que nuestra vida estará libre de pruebas. Las pérdidas, las noticias difíciles y los momentos inesperados siguen formando parte de la vida mortal.

Pero el evangelio ofrece lo que cambia la forma en que enfrentamos esos momentos. Cristo no elimina todas las tormentas de nuestra vida, pero promete caminar con nosotros dentro de ellas.

Y a veces, incluso en los días más difíciles, Él puede transformar lo que parecía una debilidad imposible en una de nuestras mayores fortalezas.

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