En el evangelio, la obediencia es un principio central. Se nos enseña a seguir los mandamientos, confiar en Dios y actuar con fe. Pero hay una diferencia importante que a veces no se explica lo suficiente. Obedecer no es lo mismo que apagar la conciencia.

Dios no espera seguidores automáticos. Espera a discípulos que entiendan, sientan y elijan. En  Doctrina y Convenios se enseña que los hombres deben anhelar hacer muchas cosas de su propia voluntad (DyC 58:27). Eso implica actuar con intención, no solo reaccionar por costumbre o presión.

La obediencia en el evangelio es una elección consciente

hombre mirando al cielo
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En las escrituras, la obediencia siempre está conectada con el albedrío. No se trata de cumplir reglas sin pensar, sino de decidir seguir a Cristo.

En el Libro de Mormón, Nefi declara: 

“Iré y haré lo que el Señor ha mandado” – 1 Nefi 3:7

Esa frase no es una respuesta automática. Es una decisión basada en fe, pero también en comprensión. Nefi sabía en quién confiaba y por qué estaba dispuesto a actuar.

Esto marca la verdadera obediencia nace de la convicción, no de la presión externa.

Cuando se apaga la conciencia

hombres mirando la calle
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Apagar la conciencia ocurre cuando dejamos de cuestionar, de buscar confirmación espiritual o de pensar en lo que estamos haciendo.

Puede pasar por varias razones. Costumbre, miedo, deseo de encajar o simplemente evitar incomodidad. Pero el resultado es que se pierde la conexión personal con Dios.

El presidente Dallin H. Oaks ha enseñado que el Espíritu Santo guía nuestras decisiones cuando elegimos actuar con rectitud. Eso implica que debemos estar atentos, no pasivos.

Una obediencia sin reflexión puede volverse superficial, por ello no hay transformación.

El Espíritu no reemplaza la conciencia, la guía

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En el evangelio restaurado, la revelación personal es fundamental. No seguimos a Cristo solo porque otros lo hacen. Lo seguimos porque hemos sentido que es correcto.

El Espíritu Santo no anula nuestra capacidad de pensar. La eleva. Nos ayuda a discernir, a entender mejor y a tomar decisiones con mayor claridad.

Por eso, desarrollar una conciencia espiritual activa es parte del discipulado, no es opcional.

En palabras de La Biblia:

“El que quiera hacer la voluntad de él conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mí mismo.” – Juan 7:17

Primero viene la disposición, luego el entendimiento.

Discípulos que piensan, sienten y actúan

Jesucristo; Salvador; redentor; buen pastor
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Seguir a Cristo implica más que obedecer instrucciones. Implica convertirse en alguien que entiende el porqué detrás de lo que hace.

Esto no significa cuestionarlo todo con duda constante. Significa algo más equilibrado, es buscar confirmación, desarrollar criterio espiritual y actuar con fe informada.

Cuando hacemos eso, la obediencia deja de ser una carga. Se convierte en una expresión de quiénes somos.

La diferencia entre obedecer y apagar la conciencia no siempre es evidente, pero sí es importante.

Dios no quiere que dejemos de pensar, quiere que aprendamos a pensar con Él. Ya no se trata solo de cumplir, sino de comprender y elegir seguir. La obediencia puede dejar de ser rutina y se puede convertir en una decisión real.

Fuente: churchofjesuschrist.org 

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