Olvídalo y perdónate ya

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Verás, lo entiendo. Has cometido errores, quizá graves errores, en tu pasado. Yo también cometí errores. Quizá no puedas contar específicamente lo que hiciste, pero puedo contar los años que pasaste castigándote por tus pecados del pasado. Y, de la manera más amable, te digo: Olvídalo, debes perdonarte ya.

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LO MERECES

Frecuentemente, escuchamos a los líderes decir que una vez que te arrepientes por completo de un pecado, debes perdonarte y continuar con tu vida. Es verdad, pero también necesitas darte cuenta de que la parte del proceso de  “arrepentirte por completo del pecado” es perdonarte. En otras palabras, no te puedes arrepentir por completo si no logras perdonarte.

Si, en cambio, tú eres alguien que no se ha podido perdonar a sí mismo las graves transgresiones cometidas, aun cuando un juez en Israel te haya asegurado que tu arrepentimiento es adecuado; si te sientes obligado a condenarte continuamente y a sufrir al recordar con frecuencia los detalles de errores pasados, te ruego con toda mi alma que medites en esta declaración del Salvador:

“He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más.” DyC 58: 42

“Por esto sabréis si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesará y los abandonará.” DyC 58: 43

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El seguir sufriendo después de que haya habido un arrepentimiento apropiado no es obra del Señor sino del maestro del engaño, cuya meta es la de amarrarte y esclavizarte. Satanás te instará a seguir reviviendo una y otra vez los detalles de los errores pasados porque sabe que esos pensamientos hacen que parezca imposible obtener el perdón. De ese modo, Satanás trata de obtener control de tu mente y de tu cuerpo para manipularte como a un títere.

Testifico que, cuando un obispo o un presidente de estaca ha confirmado que tu arrepentimiento es suficiente, debes saber que tu obediencia ha permitido que la expiación de Jesucristo satisficiera las demandas de la justicia por las leyes que hayas quebrantado. Por consiguiente, ahora estás libre. Créelo. Seguir sufriendo los efectos angustiosos del pecado, después de un arrepentimiento adecuado, aunque ésa no sea la intención, es negar la efectividad de la expiación del Salvador en beneficio tuyo.

¿Alguna parte se aplica para ti? ¿El “maestro del engaño” intenta cegarte por tu pecado inicial pero también con la incapacidad de perdonarte por ese pecado? Controlar tu autoimagen es un arma peligrosa del arsenal de Satanás.

Una palabra rápida sobre los jueces en Israel

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Por supuesto, no todos los pecados requieren de la intervención de un obispo o presidente de estaca. Además, a veces es un poco confuso saber cómo se puede lidiar con algunos pecados. Como yo, quizá te infestaste de pensamientos como “¿Qué sucedería si ese pecado que cometí hace años era lo suficientemente grave y necesitaba confesarlo al obispo y nunca lo hice?” “¿En verdad habré completado el proceso de arrepentimiento?”

Probablemente, esta no sea la respuesta que deseabas escuchar, pero cuando tengas dudas, háblalo con el obispo. Sí, es difícil y puede ser vergonzoso hablar sobre tus errores con alguien más. Sin embargo, el esfuerzo para obtener la paz mental y la conciencia, vale la pena. Si es necesario, te ayudará a arrepentirte. No obstante, finalmente, podrá ayudarte a perdonarte. No dejes que estas cosas te remuerdan más el interior. En diferentes ocasiones, he hablado con un obispo que escuchó amablemente mis dificultades y simplemente me aseguró que todo estaba bien. Cada experiencia me ha dado consuelo.

Quince minutos de incomodidad con un obispo comprensivo es infinitamente más fácil que lidiar con años de una consciencia ansiosa.

El arrepentimiento no es una lista

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A menudo, cuando aprendemos sobre el arrepentimiento, se nos presenta una lista de principios para completar el arrepentimiento. Por ejemplo, el Élder Neal A. Maxwell describió el proceso en cuatro etapas:

  1. Reconocimiento
  2. Confesión
  3. Abandonar el pecado
  4. Restitución

Sin embargo, el Élder Maxwell también dijo lo siguiente en el mismo mensaje:

“El verdadero arrepentimiento no supone el tener una lista de lo que debamos hacer y verificarla en forma mecánica, sino una brida firme que sofrene nuestro yo natural. Cada paso del proceso del arrepentimiento es esencial, y muchas veces se superponen y se refuerzan mutuamente.”

Todas estas etapas son verdaderas e importantes, pero aproximarse al proceso de arrepentimiento como una lista que necesita ser controlada puede ser autodestructiva. Puede causar una obsesión casi paranoica con el arrepentimiento. La misericordia, el poder y la gracia de Jesucristo y Su poder expiatorio se extienden más allá de lo que una lista podría implicar.

No es una lista donde se cuentan tus pecados. Es una lista de principios que te ayudará a arrepentirte y perdonarte. Resumamos todas estas etapas en algo más fácil de comprender:

El arrepentimiento e un cambio de corazón

Revisemos este versículo después del discurso del Rey Benjamín en el libro de Mosíah:

Y todos clamaron a una voz, diciendo: Sí, creemos todas las palabras que nos has hablado; y además, sabemos de su certeza y verdad por el Espíritu del Señor Omnipotente, el cual ha efectuado un potente cambio en nosotros, o sea, en nuestros corazones, por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente.

En pocas palabras, el arrepentimiento es un cambio de corazón. Además, curiosamente, no se refiere a que necesariamente hagamos un cambio en nosotros mismos. Es un cambio que permitimos que Cristo haga en nosotros mientras confiamos en Su Expiación. Para todos los que nos sentimos impotentes de efectuar un cambio en nosotros, es un pensamiento consolador que Cristo no tenga problemas con eso.

El arrepentimiento puede ser un evento pero también es un estilo de vida

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El Presidente Ezra Taft Benson dijo lo siguiente durante el mensaje de la Primera Presidencia en 1989:

Debemos recordar que gran parte del arrepentimiento no implica cambios sensacionales o dramáticos sino, en lugar de ello, es un movimiento gradual, constante y consistente hacia la divinidad.”

Nuestros pecados son frecuentemente (pero no siempre) eventos específicos que podemos recordar con fecha. Sin embargo, el arrepentimiento puede no ser tan mensurable. Parece que el Presidente Benson describe el arrepentimiento como algo en desarrollo, constante. Describe un estilo de vida. Está describiendo un proceso de convertirse y no solo de hacerlo. El arrepentimiento es más que orar cada noche para ser perdonado (aunque esa sea una buena idea), es cómo vivimos cada día. Es el esfuerzo que ponemos en vivir el evangelio. Es cómo tratamos a nuestro prójimo, incluyéndonos.

La tristeza según Dios Vs. el autodesprecio

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Si el miedo al pecado y al arrepentimiento ha causado que tu sentido ansioso de perfeccionismo se dispare, permite que esta cita del Élder D. Chad Richardson te asuste para perdonarte.

“No hay espacio en la tristeza según Dios para el autodesprecio. Aquellos que se niegan a perdonarse llevan una doble carga de pecado, no solo por cargar con el mismo pecado, sino que añaden a eso, el pecado de autocondenación y negación al perdón. De hecho, negarse al perdón se cita en las escrituras como “el mayor pecado.” (DyC 64:9).

Olvidar es parte de perdonarte. Sin embargo, perdonarte implica un tipo especial de olvido. No nos olvidamos del pecado y sus efectos. Por el contrario, el recuerdo deja de ser parte de cómo nos vemos a nosotros mismos.

Un cambio de corazón implica que quienes solíamos ser ya no sea parte de quienes somos ahora. ¿Esa persona que hizo cosas horribles hace años? Afortunadamente, esa persona es una extraña ahora. Piénsalo de esta manera: tú y yo, a veces, podríamos toparnos con fotografías de nosotros de hace muchos años y pensamos “Wow, ni siquiera me reconozco. He cambiado y crecido tanto.” Sin embargo, luego, cuando Satanás nos atrapa en el recuerdo de los pecados que ya pasaron, nos revolcamos en la autocondena, etiquetándonos como “siempre seré el pecador que solía ser.”

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Detente. Olvídalo y perdónate. Es difícil e incluso, a veces se necesita coraje. No obstante, es necesario. El 10 de febrero de 2013, mientras luchaba por perdonarme por mi pasado, escuché un discurso que el Élder Holland compartió en la Universidad de Brigham Young llamado “Recuerda a la esposa de Lot.” Léelo, si aún no lo has hecho. Cuando lo descubrí por primera vez, el Espíritu me dijo algo que se me quedó grabado desde entonces. “Ese ya no soy yo nunca más, y no miraré atrás,” esas palabras las garabateé en mi pequeña libreta de bolsillo.

Ya no tengo la libreta, pero guardo el pedazo de papel. Ahora, vive en mi billetera, donde ha estado durante muchos años como un recordatorio constante de que puedo cambiar, Cristo puede cambiarme, no soy mi pasado y si el mismo Cristo me ha perdonado. Entonces, yo también puedo. Y, tú también puedes perdonarte.

Artículo originalmente escrito por David Snell y publicado en mormonhub.com con el título “Suck It Up and Forgive Yourself Already.”

| Para meditar
Publicado por: Nicole Córdova Loayza
Traductora de español, inglés y portugués. Me encantan los idiomas y conocer sobre diferentes culturas. También me gusta el arte y amo la naturaleza.
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