A simple vista, las oraciones de la Santa Cena pueden parecer una fórmula repetitiva. El pan, agua, palabras conocidas. Pero cuando nos detenemos un poco más, descubrimos que su estructura, sus diferencias y su origen dicen mucho más de lo que imaginamos.

La Santa Cena es la ordenanza que vivimos con más frecuencia en la Iglesia. Cada semana renovamos convenios, participamos activamente al pasar las bandejas y nos unimos como congregación. Es una experiencia comunitaria y, al mismo tiempo, una de las más íntimas, porque involucra nuestro propio cuerpo.

Una ordenanza física y espiritual

madre e hijo durante la Santa Cena
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

A diferencia de otras prácticas espirituales, La Santa Cena implica consumir elementos físicos que pasan a formar parte de nosotros. No creemos que el pan y el agua se transforman literalmente en el cuerpo de Cristo, pero sí entendemos su importante simbolismo.

Por ejemplo, comer y beber es una necesidad básica para vivir. De la misma manera, recordar a Cristo es esencial para nuestra vida espiritual.

Desde tiempos antiguos, los rituales con alimentos han estado ligados a la adoración y a la unidad del pueblo. La Biblia enseña que Melquisedec bendijo pan y vino para Abraham, y las Escrituras restauradas refuerzan esta idea. La Santa Cena conecta el pasado, el presente y el futuro del plan de Dios.

¿Por qué dos oraciones distintas?

Bendición de la Santa Cena durante reunión sacramental. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Una pregunta común es por qué existen dos oraciones, una para el pan y otra para el agua. ¿Por qué no una sola?

En las escrituras, la división suele ser una forma de santificar. La luz se separa de las tinieblas, la tierra del agua. Separar no es dividir por dividir, es asignar un propósito sagrado. En la Santa Cena, el pan y el agua cumplen funciones distintas pero complementarias.

  • El pan representa el cuerpo de Cristo y nos conecta con los aspectos físicos de la Expiación: Su vida mortal, Su sufrimiento y Su resurrección.
  • El agua representa Su sangre derramada y apunta a los aspectos espirituales: el perdón de los pecados, la purificación y la vida eterna.

Ambos son necesarios. Así como el cuerpo necesita alimento y agua para vivir, el alma necesita recordar tanto el sacrificio físico como el espiritual de Cristo.

El convenio que renovamos cada semana

mujer recibiendo la santa cena
Santa Cena. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La oración del pan es donde se expresa con más claridad nuestro convenio bautismal. Allí declaramos que estamos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo y a guardar Sus mandamientos. Esa disposición es clave. No se nos pide perfección, se nos pide voluntad.

En cambio, la oración del agua enfatiza el recordar siempre a Cristo y la promesa de tener Su Espíritu. Juntas, ambas oraciones enseñan que la Santa Cena no es solo un recordatorio simbólico, sino una renovación real de nuestra relación con Dios.

El presidente Dallin H. Oaks lo explicó así:

“Cuando renovamos conscientemente nuestros convenios al participar del Santa Cena, renovamos nuestra calificación para la promesa de que siempre tendremos Su Espíritu con nosotros.”

Más que rutina, un patrón desde el principio

Un día con Jesús - santa cena
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Las oraciones de la Santa Cena no aparecieron de la nada. Su lenguaje refleja antiguos convenios del pueblo de Dios. En el Libro de Mormón vemos a personas que entraban en convenio de obedecer, tomar sobre sí el nombre de Cristo y recordarlo siempre

Esos mismos elementos aparecen hoy, en la Santa Cena. Esto nos recuerda que participar de la Santa Cena es formar parte de una historia mucho más grande, una historia que une a generaciones de creyentes que han hecho el mismo convenio.

Así, la Santa Cena es memoria y esperanza. Recordamos lo que Cristo hizo y anticipamos lo que Él aún hará. Cada semana implica humildad, oración, obediencia y disposición a ser corregidos. El Santa Cena es un espacio semanal para volver a elegir ese camino.

niños durante la santa cena
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Participar de la Santa Cena no es un acto pasivo, ya que requiere intención, reflexión y voluntad. 

La pregunta clave no es si lo hacemos perfecto, sino si estamos dispuestos. Dispuestos a tomar Su nombre. Dispuestos a recordarlo. Dispuestos a seguirlo, una semana más.

Y eso, vivido con sinceridad, puede cambiar completamente la manera en que experimentamos la Santa Cena.

Fuente: Called To Share 

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