Cuando pensamos en la Semana Santa, casi siempre miramos a los mismos rostros: Jesús, María, Pedro, Judas. Pero alrededor de la Pasión hubo muchas otras personas que aparecen apenas unos segundos… y desaparecen. No dan discursos, no encabezan milagros, no tienen nombre propio en todos los Evangelios. Y, sin embargo, estuvieron ahí.

Algunos cargaron peso. Otros tomaron decisiones. Otros simplemente presenciaron el momento más injusto de la historia. La fe también se construye recordándolos.

Simón de Cirene: el que cargó una cruz que no era suya

Imagen: Más Fe

Simón no era discípulo. No seguía a Jesús. Ni siquiera estaba preparado para lo que le tocó vivir. Venía del campo, en un día cualquiera, cuando los soldados romanos lo obligaron a ayudar.

El Evangelio lo cuenta así:

“Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz” (Marcos 15:21).

No pidió participar. No eligió involucrarse. Pero su gesto quedó para siempre unido al camino de Jesús. Simón representa a todos los que ayudan sin entender del todo, a los que sostienen el peso ajeno cuando ya no queda fuerza. No habló, no protestó, no huyó. Simplemente caminó.

Verónica: el gesto que nadie ordenó

Imagen: Más Fe

Verónica no aparece mencionada en los Evangelios canónicos. Y aun así, su figura ha sobrevivido siglos. Según la tradición, fue la mujer que se abrió paso entre la multitud para limpiar el rostro ensangrentado de Jesús, dejando su imagen grabada en el paño.

No hay palabras. No hay nombre bíblico. Solo un gesto. Y quizás por eso sigue siendo tan poderosa. La Verónica representa a quienes se atreven a acercarse cuando nadie más lo hace. A quienes no pueden cambiar el destino, pero sí aliviar el dolor.

Su presencia en la tradición nos recuerda que no todo acto de fe necesita estar registrado para ser verdadero.

Dimas y Gestas: dos cruces, dos decisiones

Imagen: Más Fe

Ambos estaban crucificados junto a Jesús. Ambos culpables. Ambos sufriendo el mismo castigo. Pero reaccionaron de manera opuesta.

Uno de ellos se burló:

“Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros” (Lucas 23:39).

El otro lo reprendió y dijo:

“Nosotros, a la verdad, justamente padecemos… pero este ningún mal hizo” (Lucas 23:41).

Luego miró a Jesús y pronunció una de las frases más humanas de toda la Pasión:

“Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42).

La respuesta de Jesús fue inmediata:

“De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Dimas y Gestas nos recuerdan que la cercanía física a lo sagrado no garantiza conversión. Que incluso en el último momento, la fe sigue siendo una elección personal.

El etíope de la palangana: testigo del silencio

Antes de la sentencia, Pilato se lava las manos. El Evangelio de Mateo registra el gesto:

“Tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo” (Mateo 27:24).

La tradición iconográfica añade a un sirviente, frecuentemente representado como etíope, que sostiene la palangana. No decide nada. No habla. Solo está ahí, facilitando un acto que simboliza evasión y cobardía.

Su figura recuerda a todos los que participan sin cuestionar, a quienes ayudan a que una injusticia ocurra sin oponerse. No como villanos, sino como reflejo de una humanidad que muchas veces prefiere no involucrarse.

También están Malco, el siervo a quien Pedro le cortó la oreja, y que Jesús sanó incluso en el momento de su arresto (Juan 18:10–11). Caifás, el sumo sacerdote que rasgó sus vestiduras, convencido de estar defendiendo a Dios (Mateo 26:65). El lector de la sentencia, los sayones, los soldados anónimos.

La Semana Santa no es solo una historia de santos y traidores. Es una historia de personas comunes enfrentadas a decisiones pequeñas, gestos mínimos y silencios que pesan.

Recursos: churchofjesuschrist.org

Video relacionado

@masfe.org Te invitamos a hacer este trend y compartir tus mejores momentos de la misión 💜 #masfe #mision #misioneroretornado #sud #mormon ♬ sonido original – Masfe.org

También te puede interesar