Hay una escena que a menudo se repite cuando cumples 18 años. De pronto entras por la puerta principal de la Iglesia y sientes la presión de varias miradas como si todos esperaran algo de ti.

El ambiente se intensifica aún más cuando alguien se te acerca  y, sin rodeos, pregunta: Bien, ¿y cuándo te vas a la misión? Aunque sabes que es un deber sagrado, te sientes extraño porque no sabes qué responder. ¿Te ha pasado?

Servir una misión es una decisión trascendental para muchos jóvenes Santos de los Últimos Días y aunque todos esperan que tú tomes esa decisión, puede que tengas dudas. ¿Cómo decidir? Lo mejor que puedes hacer es buscar aclaraciones y respuestas del Espíritu y aquí te enseñamos cómo.

La verdadera invitación de Dios

El Señor ha pedido a cada hombre joven digno y capaz que se prepare para la misión y sirva en ella. Imagen: veniracristo.org

Primero, empecemos aclarando algunas cosas importantes sobre la invitación de Dios en cuanto a la misión. El presidente Russell M. Nelson una vez declaró:

“El Señor ha pedido a cada hombre joven digno y capaz que se prepare para la misión y sirva en ella”.

Si bien esto se siente como un llamado para todos los hombres jóvenes, hay una palabra que lo cambia todo: “capaz”

Lo que en verdad nos dice el presidente Nelson es que para los hombres, servir en una misión es una responsabilidad del sacerdocio cuando las circunstancias personales lo permiten

El Manual General va más allá y explica que la salud física, mental y emocional son puntos a considerar para ser elegible para el servicio misional. ¿La razón? Simplemente porque la misión demanda esfuerzo en esas tres áreas y si una de ellas está comprometida, se tiene que reevaluar la decisión misional.

El pensamiento cultural peligroso en la Iglesia

Lamentablemente, pensar en la misión como una prueba se ha vuelto una cultura entre los Santos de los Últimos Días. Imagen: Másfe.org

Con el punto anterior aclarado, lo siguiente que debes hacer es entender qué es realmente la misión. Puede que te sientas tentado a pensar en la misión como una especie de examen espiritual. Sobretodo cuando escuchas pensamientos como:

“Si vas a la misión, estarás bien; si no vas, algo está mal contigo”. 

Pero esa no es la doctrina, porque cuando empiezas a ver la misión como una prueba de “aprobado o reprobado” para tu alma, la decisión se vuelve pesada.

Lamentablemente, esa clase de pensamientos se han vuelto una cultura entre los Santos de los Últimos Días que a veces es difícil ignorar. Pero por otro lado, el Evangelio de Jesucristo nos recuerda que:

“El Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta”.

Dios no mide tu fe por una placa con tu nombre. A Él le importa más tu corazón que tu tiempo.

Ántes de decidir, ten una conversación honesta contigo

Separa un momento en tranquilidad, siéntate y reflexiona antes de decidir. Imagen: Canva

Aquí es donde se abre un debate: la doctrina de la misión se trata de compartir el amor de Jesucristo y no de grandes despedidas ni de una edad exacta.

Es por eso que antes de llenar los papeles misionales, vale la pena detenerse y mirar nuestro interior para ver si estamos alineados con esa doctrina. Separa un momento en tranquilidad, siéntate y reflexiona en puntos como:

  • ¿Estoy preparado física y emocionalmente? La misión es muy exigente. Si actualmente enfrentas problemas de salud física o mental, cuidarte primero también es una forma de servir a Dios.
  • No todas las misiones son iguales: Si no estás preparado para salir de casa, puedes ser un misionero de servicio trabajando en comunidades locales, templos u oficinas de la Iglesia de Jesucristo cerca de donde vives. Ambas experiencias misionales son valiosas y amadas por el Señor. Haz clic aquí para más información.
  • La guía del Espíritu: Recuerda que la decisión es tuya, no de tus padres ni de tu obispo. Así que enfócate en actividades que te conecten con el Espíritu a fin de recibir una respuesta de Dios.

¿Y si la respuesta es “no ahora”?

El Señor necesita misioneros dispuestos a servir en cada lugar de trabajo, cada escuela y cada familia. Imagen: Canva

Quizás, después de procurar revelación, la respuesta sea “aún no es tu tiempo” o incluso un rotundo “no”. Y eso no te hace menos. Puedes ser una luz en muchos lugares de tu día a día. No solo en el campo misional.

El Señor necesita misioneros dispuestos a servir en cada lugar de trabajo, cada escuela y cada familia. Ahí es donde entras tú. Si bien una misión de proselitismo te brinda un testimonio más personal del Evangelio, esa bendición no desaparecerá si te quedas y sirves donde estás.

Entonces, ya sea que estés al otro lado del mundo o sirvas en tu propia comunidad, el objetivo misional es el mismo: acercarte a Cristo. Confía en Su tiempo y recuerda que Él te ama por quien eres, no solo por lo que haces.

Tu vida es una misión, lleves o no una placa con tu nombre.

Fuente: addfaith

Video relacionado

También te puede interesar