Ser madre implica un gran esfuerzo en cualquier día de la semana. Los domingos, sin embargo, suelen traer un desafío adicional. El domingo empieza mucho antes de que comience la reunión sacramental, preparar a los hijos, llegar a tiempo a la capilla, ayudarles a mantenerse tranquilos durante las reuniones y, al mismo tiempo, intentar vivir el día de reposo con reverencia requiere paciencia, organización y mucho amor.

Muchas madres en la Iglesia viven este esfuerzo cada semana. Su manera de participar del domingo también es una forma real de servicio. Adicionalmente a eso, cuando uno de los esposos tiene un llamamiento de liderazgo, la dinámica del día cambia un poco. Hay reuniones adicionales, responsabilidades que atender y momentos en los que el servicio requiere estar al frente de la congregación.

En esta ocasión queremos mirar una escena particular que ocurre en muchos barrios. Hablamos de las hermanas que, además de ser madres, también son esposas de líderes o tienen llamamientos que cumplir mientras cuidan a sus hijos pequeños

Ese trabajo forma parte de la vida de muchas familias en la Iglesia.

Antes de que empiece la reunión

Imagen: Venir a Cristo

Llegar a la capilla con un niño pequeño implica una pequeña logística que muchas veces nadie nota. Preparar materiales, encontrar el banco adecuado, ayudar al niño a acomodarse y crear un espacio donde pueda participar de la reunión a su manera.

A veces se trata simplemente de permitir que pinte en silencio o hojee un libro mientras escucha fragmentos de lo que ocurre al frente. Son momentos sencillos, pero significativos. 

En esos pequeños gestos también se construyen recuerdos espirituales.

Durante la reunión sacramental

Imagen: masfe.org

Mientras el esposo participa en su llamamiento, la madre acompaña al niño en el banco. Lo ayuda a mantener la calma, le recuerda cuándo cruzar los brazos o lo anima a escuchar una oración.

Hay momentos espontáneos que muestran cómo los niños empiezan a entender lo que sucede a su alrededor. Un niño que imita el gesto de orar, que observa a su papá al frente o que recuerda que debe esperar con reverencia.

Muchas de las primeras experiencias espirituales de los niños nacen justamente en esos bancos de la capilla.

Cuando comienzan las otras clases

Primaria
Primaria. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Después de la reunión sacramental, los pasillos se llenan de movimiento. Los niños se encuentran con sus amigos de la Primaria, algunos van a la guardería y los adultos se dirigen a sus propias clases.

En muchas ocasiones, la madre también tiene un llamamiento. Tal vez enseña a jóvenes adultos solteros o participa en otra clase del barrio. Mientras tanto, el esposo puede estar cuidando al hijo o atendiendo otra responsabilidad.

Así, el domingo se convierte en una coreografía familiar donde ambos padres participan del servicio. El evangelio muchas veces se vive en esa cooperación silenciosa dentro del matrimonio.

Los momentos de espera

salón sacramental de la Iglesia de Jesucristo
Créditos: Kate Mathieson

En algunos domingos las reuniones se extienden un poco más. Los pasillos se vuelven lugares de espera donde los niños pintan en una pizarra, hojean libros o conversan mientras los adultos terminan sus asignaciones.

Para muchas madres, ese tiempo significa simplemente acompañar al hijo mientras el esposo concluye una reunión con el obispado u otros líderes. Son minutos tranquilos que también forman parte del ritmo del servicio dominical.

Cuando finalmente la familia se reúne para regresar a casa, el domingo deja ver algo que a veces olvidamos notar. Detrás del liderazgo visible suele haber una red de apoyo familiar.

Un servicio que muchas veces pasa desapercibido

Imagen: Canva

En muchos barrios de la Iglesia, las esposas sostienen gran parte de la vida espiritual del hogar mientras también acompañan los llamamientos de sus esposos. Su paciencia, su organización y su amor permiten que muchas responsabilidades puedan cumplirse con paz.

Ese esfuerzo no siempre se menciona desde el púlpito, pero forma parte real de la vida de la Iglesia. El servicio en el evangelio no ocurre únicamente al frente de una congregación. También ocurre en el banco donde una madre cuida, enseña y acompaña a su hijo durante toda la reunión.

Y en esa escena tan común de un domingo cualquiera, también se refleja el espíritu del evangelio viviendo en lo cotidiano.

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