Pregunta
¿Cómo puedo vivir los mandamientos sin excepciones?
Respuesta

Imagina entrar a un gran buffet. De manera natural, eliges lo que te gusta y pasas de largo aquello que no te llama la atención. Es una actitud completamente normal frente a la comida, pero el problema surge cuando empezamos a trasladar esa misma lógica a nuestra vida espiritual.
En una época donde la preferencia personal suele tener la última palabra, puede resultar tentador tratar los mandamientos como si fueran opciones: seguir aquellos que resultan cómodos y dejar de lado los que exigen sacrificio. Sin embargo, el Evangelio no fue diseñado para vivirse de forma selectiva.
El élder Neal A. Maxwell advirtió sobre este peligro al enseñar que nuestra relación con los profetas vivientes no es una en la que podamos escoger solo lo que nos agrada. Como expresó:
“Nuestra relación con los profetas vivientes no es una en la cual sus palabras sean un smorgasbord del cual tomamos solo aquello que nos agrada. Debemos participar de todo lo que se nos ofrece, incluyendo la espinaca, ¡y dejar el plato limpio!”.
Este principio no es nuevo. Hugh Nibley lo explicó con claridad al señalar que “si guardo solo algunos de los Diez Mandamientos, no estoy guardando los Diez Mandamientos; si pago solo una parte de mis diezmos, no estoy pagando diezmo; si vivo la ley de obediencia solo cuando me conviene, no la estoy viviendo”. En otras palabras, la obediencia parcial no es verdadera obediencia.

Muchas veces este enfoque selectivo no nace de rebeldía, sino de presión social o de luchas sinceras. A medida que los valores culturales cambian, adaptar los estándares divinos puede parecer razonable. Sin embargo, el discipulado propone algo distinto: una obediencia que nace del amor y no de la conveniencia.
El élder Robert D. Hales enseñó que los mandamientos son “instrucciones amorosas proporcionadas por Dios nuestro Padre para nuestro bienestar físico y espiritual y nuestra felicidad”. No buscan limitar, sino guiar. Cuando se viven con constancia, fortalecen la fe, permiten la compañía del Espíritu y brindan protección espiritual.
El presidente Thomas S. Monson también enseñó que “el conocimiento que buscamos, las respuestas que anhelamos y la fortaleza que deseamos hoy… pueden ser nuestras cuando obedecemos voluntariamente los mandamientos del Señor”. El desafío aparece cuando comenzamos a justificar pequeñas excepciones. Ese “solo esta vez” puede parecer inofensivo, pero con el tiempo debilita el compromiso.

Esto no significa que se espere perfección inmediata. Solo el Salvador vivió en completa obediencia. El Evangelio no se centra en la perfección, sino en la dirección del corazón. Como enseñan las Escrituras, “Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). Cuando alguien procura obedecer sinceramente y se arrepiente al fallar, la gracia de Cristo cubre la distancia entre el esfuerzo y la meta.
El Señor no solo desea que evitemos el pecado, sino que también transforme nuestros deseos. Ese proceso es gradual y requiere constancia. Cada pequeña decisión suma y cada intento fortalece.
Además, el camino no siempre es lineal. Las circunstancias personales pueden limitar lo que alguien puede hacer en determinado momento. En esos casos, el élder David A. Bednar ha enseñado que el Señor nos juzga con una combinación perfecta de compasión y expectativa.
Vivir los mandamientos se expresa en lo cotidiano: en lo que consumimos, en cómo usamos nuestro tiempo y en nuestras decisiones privadas. No se trata de un compromiso hecho una sola vez, sino de una decisión que se renueva día a día.
Fuente: Ask Gramps
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