Para nadie es un secreto que la vida no solo es alegría y emoción. También hay momentos en donde el futuro parece incierto y no queda otra salida más que actuar con fe. La verdad es que todos pasamos por esos momentos.

Sin embargo, hay personas que, en esos momentos, se convierten en una gran inspiración. La historia de Wilford Woodruff, apóstol, misionero y más tarde presidente de la Iglesia de Jesucristo, es una de ellas.

Apenas 6 semanas después del martirio del profeta José Smith y su hermano Hyrum, la Iglesia de Jesucristo atravesaba una etapa muy delicada. Ese fue el escenario que daría inicio a un ejemplo que hoy inspira a muchos.

Un misionero antes que nada

Desde joven, Wilford había servido en el Campamento de Sion y en misiones por el sur y el este de Estados Unidos. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Corría el año 1844 y para entonces, Wilford Woodruff sabía a la perfección el significado de la palabra “sacrificio” ya que desde joven había servido en el Campamento de Sion y en misiones por el sur y el este de los Estados Unidos.

Por otro lado, su matrimonio con Phebe Carter comenzó prácticamente en el campo misional, trabajando juntos y enfrentando grandes dificultades como enfermedades, pobreza y la separación.

Su primera misión a Inglaterra ya le había dejado cicatrices pues durante ese tiempo, su pequeña hija Sarah Emma enfermó gravemente y falleció. Su pérdida marcó para siempre a la familia Woodruff.

Aun así, cuando años más tarde recibió el llamado para regresar a Inglaterra, esta vez como la máxima autoridad de la Iglesia de Jesucristo en Europa, Wilford lo aceptó como una responsabilidad sagrada.

En cuanto a su servicio misional, Wilford declaró:

“Si me cuesta la vida, que así sea… estoy dispuesto a seguir el ejemplo de quienes me han precedido”.

Su fe se puso a prueba varias veces

Wilford Woodruff en su primer viaje de predicación a Inglaterra. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Aceptar esa misión significaba, otra vez, enfrentar otra decisión dolorosa: tener que dejar temporalmente a sus hijos.

Wilford y Phebe tenían tres hijos pequeños, pero solo podían viajar con la pequeña Susan, entonces tuvieron que encargar a uno de sus hijos con amigos fieles en Iowa mientras que su otro hijo se tuvo que quedar con familiares en Maine.

Las despedidas no fueron sencillas. La enfermedad rodeó a la familia, los viajes fueron largos y peligrosos, y la muerte parecía acechar a los Woodruff una y otra vez en cada etapa de su viaje.

Durante ese tiempo ellos enfrentaron oposición en múltiples ocasiones: incendios en los barcos, brotes de tifus, semanas de retraso y noches de angustia a lo largo del camino. Parecía más de lo que podían soportar.

Al notar la adversidad, Wilford se sinceró y escribió en su diario:

“Es un tiempo oscuro; estoy rodeado de oscuridad como la medianoche, la plaga o el destructor están a mi derecha e izquierda tratando de obstaculizar mi camino para que no cumpla con mi misión”.

Sin embargo, él eligió confiar en que el Señor lo libraría, anclándose en una promesa que conocía bien:

“Probadme ahora en esto… si no os abriré las ventanas de los cielos”.

Construyendo sobre un fundamento firme

El presidente Woodruff fortaleció el crecimiento de la Iglesia de Jesucristo en Inglaterra. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Wilford Woodruff no partió a Inglaterra sin hacer algo importante. Antes de irse, exhortó a los santos de Nauvoo a permanecer unidos y a seguir edificando sobre el fundamento que José Smith había establecido, aun cuando ya no estuviera con ellos.

Al llegar a Inglaterra, su misión se enfocó en 4 aspectos:

  • Restaurar el orden administrativo de la Iglesia de Jesucristo.
  • Proteger la publicación de las escrituras.
  • Fortalecer a los santos allí.
  • Organizar la emigración de cientos de conversos hacia Nauvoo.

Aquellos esfuerzos poderosos convirtieron a miles de Santos de los Últimos Días europeos en parte esencial del crecimiento de la Iglesia de Jesucristo en el oeste de los Estados Unidos.

Su fidelidad a su llamamiento no solo se reflejó en ese crecimiento, sino también en su familia. Mientras Wilford servía, el Señor cumplió su promesa y preservó a sus hijos.

Finalmente, Wilford y Phoebe fueron bendecidos con un nuevo hijo nacido en Liverpool en 1845 como testimonio de que, incluso en medio del sacrificio, el Señor no se había olvidado de sus siervos fieles.

Un ejemplo de inspiración

la historia de Wilford Woodruff sigue siendo una lección viva sobre la obra misional. Imagen: Másfe.org

Por más que hayan transcurrido décadas, la historia de Wilford Woodruff sigue siendo una lección viva para los misioneros de hoy y para todos que anhelan trabajar en la Obra de Dios.

Su vida enseña que el servicio misional no siempre es cómodo o conveniente, pero sí vale la pena cuando decidimos actuar con fe. Wilford pudo haber temido, y quizá lo hizo, pero su determinación de “ir a toda costa” nació de confiar en que Dios cumple Sus promesas.

Para aquellos que se están cuestionando si servir una misión, ya sean jóvenes o mayores, piensen en Wilford y consideren que su sacrificio no pasará desapercibido y que su familia no estará desprotegida si deciden ir.

Así como Wilford confió en que los cielos se abrirían, ustedes también pueden avanzar con la confianza de que Dios sostiene a quienes trabajan en Su Obra. Hoy, Él te dice:

“Mirad hacia mí en todo pensamiento; no dudéis; no temáis”.

Fuente: Meridian Magazine

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