3 razones por las que los mormones no debaten

En el año 1985, mi madre prestaba servicio como misionera de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En una ocasión, ella y su compañera se aproximaban a una cita en la casa de unas personas que días antes habían contactado. Para los que han sido misioneros, saben que tener una cita con personas que no son de la iglesia genera gran expectativa y mucho ánimo por compartir el evangelio con ellos.

Cuando estas dos jóvenes misioneras ingresaron al recinto para la reunión, descubrieron que 30 personas de un grupo religioso dedicado a estudiar La Biblia y a darle una interpretación muy particular las esperaban. ¿Qué hicieron ellas? Tomaron asiento e iniciaron la cita con una oración. Mientras esto ocurría, mi madre sintió que estas personas solo deseaban contender e iniciar un debate. Así que esas valientes misioneras ofrecieron su testimonio y se retiraron del lugar.

Cuando mi madre me contó esta historia, yo era una niña y le pregunté: “mamá, si nosotros los mormones tenemos la verdad, ¿por qué no se quedaron a pelear con ellos hasta que entendieran?” Pues bien, la respuesta la he resumido en 3 razones:

  1. No hay poder de conversión en el debate

En Doctrinas y Convenios aprendemos que no hay poder de conversión en el debate y en la contención. Los ministros de Cristo deben enseñar, no discutir. Los misioneros salen, por ejemplo, a ‘declarar alegres nuevas’ con esta restricción: ‘de dogmas no hablarás’ (D. y C. 19:20-31), queriendo decir que deben enseñar y explicar los principios básicos de salvación y no comprometerse en contenciones ni esfuerzos acerca de las doctrinas de las sectas.

enseñar con amor

  1. La contención no proviene de Dios

El presidente Bruce R. McConkie en su libro “Mormon Doctrine” explica lo siguiente: “La contención y la división son del diablo. El acuerdo y la unidad son de Dios…Como la verdadera religión viene mediante revelación, el único propósito en tratar de interpretar y entender los principios del evangelio debe ser averiguar lo que el Señor quiere decir en cualquier revelación dada. Este conocimiento puede obtenerse solamente mediante el poder del Espíritu. De ahí que no haya ocasión para debatir, discutir, contender o enarbolar una causa en contra de otra. ‘Los que tienen el Espíritu no se aferran testarudamente a un punto de doctrina o de filosofía por la única razón de salir victorioso en un desacuerdo. Su propósito, más bien, es buscar la verdad mediante la investigación y la inspiración. ‘Cesad de contender unos con otros,’ ha mandado el Señor (D. y C. 136:23; Tito, 3:9.)’.

El verdadero maestro

Enseñar a la manera del Salvador

  1. No es la forma en la que se predica el Evangelio de Jesucristo

Es probable que la experiencia narrada líneas arriba tenga similitud a alguna experiencia suya, o en estos tiempos de tecnología vea contenido negativo sobre la iglesia y tengamos el inmenso deseo de comentar, pues bien, recordemos las palabras del élder M. Russell Ballard: “Al participar en esta conversación y utilizar las herramientas de los nuevos medios de comunicación, recuerde quién es, un Santo de los Últimos Días… No es necesario discutir ni contender con los demás en cuanto a nuestras creencias. No es necesario estar a la defensiva o ser beligerante. Nuestra posición es firme; la Iglesia es verdadera. Simplemente es necesario tener una conversación, como la tendrían amigos en un mismo salón, siempre guiados por la inspiración del Espíritu y recordando constantemente la expiación de Jesucristo, que nos recuerda cuán valiosos son los hijos de nuestro Padre Celestial”.