“Los mandamientos de Dios no son dados para que nos frustren ni para que se conviertan en obstáculos a nuestra felicidad, sino todo lo contrario. Aquel que nos creó y que nos ama a la perfección sabe cómo debemos vivir la vida a fin de obtener la mayor felicidad posible. Nos ha brindado pautas que, si las seguimos, nos guiarán por esta trayectoria terrenal que a menudo es peligrosa.” Presidente Thomas S. Monson, octubre 2015.

A veces, nos encontramos frustrados por un problema en nuestras vidas, la respuesta puede hacernos recordar o volver a obedecer un mandamiento que habíamos olvidado. Aquí mencionaremos algunos de esos mandamientos inspiradores.

Sin embargo, siempre recuerda que los mandamiento más grandes que se nos han dado son “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente” y “amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

1. Cesar de criticar 

Junto al segundo gran mandamiento de “amarás a tu prójimo como a ti mismo” existe un mandamiento de caridad que podríamos haber olvidado. En DyC 88:124 dice claramente: “cesad de criticaros el uno al otro.”

Es fácil criticar. El mundo está lleno de eventos terribles y malentendidos. Ya estamos conscientes de estos aspectos negativos de la vida. Entonces, dejemos de señalarlos. En lugar de señalar con el dedo y “hablar mal” el uno contra el otro. Enfoquémonos en lo bueno.

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Sabemos que cuando alguien nos valora por nuestros esfuerzos o buenas cualidades, nos inspira a continuar haciéndolo incluso mejor. Pero, cuando alguien nos critica, a menudo nos ponemos a la defensiva, rebeldes y nos resentimos.

Como dijo el Élder Marvin J. Ashton:

“Los miembros de la Iglesia debemos recordar que las palabras “No hablemos con enojo” no son sólo una frase en la estrofa de un himno (Himnos de Sión, 169), sino que nos indican una forma de vivir. Ahora más que nunca debemos recordar que “Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación o digno de alabanza, a esto aspiramos” (Artículos de Fe 1:13). Si seguimos esa admonición, no habrá tiempo para la cobarde costumbre de criticar destructivamente en vez de edificar.”

2. Ser de buen ánimo

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Nuestro último Profeta Thomas S. Monson era conocido por decir, “Sed de buen ánimo. El futuro es tan brillante como tu fe.” Sin embargo, alguna vez te has detenido a reflexionar si ¿“sed de buen ánimo” es un mandamiento?

Esa frase es utilizada en toda la Biblia, Libro de Mormón y, Doctrina y Convenios. ¿Por qué Cristo y Sus profetas utilizan esta frase tan a menudo? y ¿Por qué es tan importante?

No creo que en la frase “sed de buen ánimo” Dios nos ordene a siempre exhibir un semblante feliz y de júbilo. Después de todo, Él también nos mandó a “llorar con los que lloran.” (Mosíah 18:9)

En las escrituras, la frase “sed de buen ánimo” usualmente se utiliza en un contexto con admoniciones para confiar en Dios y no temer, o como recordatorio de la Expiación de Cristo y la promesa de que Dios siempre está con nosotros. Por eso, creo que la frase “sed de buen ánimo” nos motiva a mirar más allá de nuestros problemas actuales con una comprensión y perspectiva eternas. En esencia, el Padre Celestial nos pide recordar a Él y Su plan para sentir gozo, gratitud y consuelo.

Cuando luchamos para “ser de buen ánimo,” sabemos que las pruebas y adversidades son temporales y que Dios hará que todo esté bien al final. El Presidente Monson dijo:

Esa actitud es lo que nos ayudará a superar lo que se interponga en nuestro camino. No eliminará nuestros problemas, pero nos permitirá enfrentar los desafíos, con confianza, y salir victoriosos.”

3. Comer saludablemente

La Palabra de Sabiduría no se guarda en secreto en la Iglesia. De hecho, todos estamos familiarizados con nuestro compromiso en DyC 89.

Sin embargo, cuán a menudo consideramos lo siguiente:

“Y además, de cierto os digo que Dios ha dispuesto toda hierba saludable para la constitución, naturaleza y uso del hombre: Cada hierba en su sazón y cada fruta en su sazón; todas estas para usarse con prudencia y acción de gracias. Sí, también la carne de las bestias y de las aves del cielo, yo, el Señor, he dispuesto para el uso del hombre, con acción de gracias; sin embargo, han de usarse limitadamente; y a mí me complace que no se usen, sino en temporadas de invierno, o de frío, o hambre.”

Aquí, Dios nos da la clave de la salud verdadera y no debe sorprendernos. Ya que, ejemplos de este código de salud también se encuentran en la Biblia, como cuando Daniel se niega a comer los alimentos que el rey le ofrece y se muestra más saludable que los otros muchachos (Daniel 1:5-15) y en el Libro de Mormón, cuando Amulek pone pan y carne frente a Alma y éste solo come el pan (Alma 8:21-22).

Ahora, no lo malinterpretes. No vayas más allá de lo señalado ni te ofendas u obsesiones con lo que comes tú o los demás. Dios nos ha pedido que sigamos el código de salud especificado en DyC 89 y comamos lo que comamos hagámoslo “con agradecimiento.”

Comer saludable tiene bendiciones prometidas. No solo tendremos “salud en el ombligo y médula en los huesos” y “correremos sin fatigarnos, y andaremos sin desmayar,” sino que también “hallaremos sabiduría y grandes tesoros de conocimiento, sí, tesoros escondidos.” (DyC 89: 18-20)

4. Dormir temprano, despertar temprano

¿Te sientes constantemente cansado y sin energía? A veces, esta es solo una condición de una etapa de la vida en la que estamos actualmente. Sin embargo, Dios nos ha dado un mandamiento que nos devolverá la vitalidad y rejuvenecimiento a nuestras vidas. En DyC 88:124 dice:

“Cesad de dormir más de lo necesario; acostaos temprano para que no os fatiguéis; levantaos temprano para que vuestros cuerpos y vuestras mentes sean vigorizados.”

Lo genial de esto es que Dios no nos da un tiempo específico. Él sabe que nuestros cuerpos funcionan un poco diferentes y que tenemos distintos trabajos y responsabilidades además de actividades sociales. Entonces, sabiendo que la palabra “temprano” tiene un significado distinto para cada uno de nosotros. Dios nos ha dado el mandamiento y la bendición: “si vamos a dormir temprano y despertamos temprano, nuestros cuerpos y mentes serán vigorizados.”

El Élder Richard G. Scott dijo:

“El ejercicio, dormir el tiempo razonable y los buenos hábitos de alimentación aumentan nuestra capacidad para recibir y entender la revelación.” Nuestro ser temporal y espiritual están intricadamente conectados y cuidar apropiadamente de nuestros cuerpos físicos nos ayudará a medida que nos esforcemos para progresar espiritualmente y ser instrumentos para el bien.

5. Arrepentirse todos los días

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A veces, entendemos erróneamente que obedecer los mandamientos de Dios significa perfección. No obstante, eso no es lo que nuestro Padre Celestial espera. Si ese fuera el caso, Él nunca nos hubiera dado el mandamiento aparentemente opuesto del arrepentimiento.

Aunque Dios no desea que fallemos, Él sabe que lo haremos y manda que nos levantemos, volvamos a orientarnos hacia Él y sigamos intentando.

Frecuentemente, recuerdo que el arrepentimiento no solo es para las cosas grandes sino que también para las pequeñas y que debo arrepentirme todos los días. Cuando estoy malhumorado y de pronto, reflexiono. Me doy cuenta de que la reflexión es un llamado al arrepentimiento. Cuando pienso que he llevado mucho tiempo sin actividad y tengo que levantarme y ser productivo, seguir esa indicación es una opción para arrepentirme.

Me encantó cuando el profesor de BYU Anthony Sweat dijo que necesitábamos mudarnos de la cultura del perfeccionismo a la cultura de fidelidad. Cuando nos exigimos perfección, no permitimos el arrepentimiento y estamos eliminando este don de Dios de nuestras vidas. Sin embargo, cuando nos esforzamos por ser fieles a Dios, “llegamos a dominar la habilidad de arrepentirnos rápida y plenamente,” como dijo el Élder Jorg Klebingat de los Setenta.

Como todos los mandamientos de Dios, el arrepentimiento fue diseñado para nuestra felicidad. Además, el arrepentimiento nos acerca a nuestro Salvador y Padre Celestial asimismo debemos comprometernos a seguir este mandamiento diariamente.

6. No codiciar

En un mensaje de la Primera Presidencia publicado en la revista Ensign de marzo de 1990, el Presidente Gordon B. Hinckley escribió:

 “Deseo hablar sobre una trampa que puede destruir a cualquiera de nosotros en nuestra búsqueda de alegría y felicidad. Es esa influencia sinuosa, siniestra, malvada que dice: “Lo que tengo no es suficiente. Debo tener más.”

“He observado que hay muchos en nuestra presente generación que con un plan cuidadoso se propusieron hacerse ricos mientras eran jóvenes, conducir automóviles sofisticados, usar la mejor ropa, tener un departamento en la ciudad y una casa en el país, todos estos y más. Aquellos codician lo que otros tienen, y el egoísmo e incluso la codicia son parte de su proceso de adquisición.”

Es difícil distinguir la línea entre seguir nuestros sueños y codiciar lo que no tenemos. Aunque es bueno plantear metas para mejorar nuestras vidas, ayudar a nuestra familia, buscar lo mejor o desarrollar talentos. Tenemos que ser cuidadosos de no codiciar lo que no tenemos.

Especialmente, este mandamiento es difícil cuando deseamos tanto algo que es bueno y correcto. En el caso de Alma, él deseaba mayor autoridad y poder para ser capaz de declarar el evangelio pero se dio cuenta de que “pecó en su deseo” (Alma 29: 1-3).

A primera vista, parece que es cruel que el mandamiento de Dios de no codiciar también se aplique a los deseos justos. Sin embargo, cuando reconocemos que los mandamientos de Dios son para nuestra felicidad y que no somos felices cuando constantemente anhelamos algo más o diferente, tiene sentido.

Nuestro Padre Celestial también comprende que si no aprendemos de la felicidad desde nuestro interior, podríamos obtener lo que anhelamos solo para darnos cuenta de que aún no somos felices.

7. Obedecer la ley 

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La ley de Dios prevalece sobre todos pero si vuelves a prestar atención a tu conversión o días de misionero, recordarás que uno de los mandamientos que se les pide a los misioneros enseñar es “obedecer y honrar la ley” (Predicad Mi Evangelio, sesión 4). El Artículo de Fe lo expresa de este modo:

“Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley.”

Ahora, no estoy aquí para discutir la desobediencia civil o la validez de algunas leyes en comparación con otras. Pero, a veces, especialmente, cuando una ley tiene una consecuencia menor, creo que es fácil olvidar que obedecer la ley es parte de nuestra fe religiosa. Aunque algunas leyes son molestas e insignificantes, la mayoría de las leyes se crean para beneficiar a la sociedad en general, y obedecer la ley es importante.

Entonces, si eso significa no enviar mensajes de texto mientras conduces, seguir las normas de riego de césped o pagar por los derechos de autor de películas o música, recuerda que nuestro Padre Celestial nos ha pedido que respetemos la ley y hagamos el esfuerzo de obedecer las reglas.

Adaptación del artículo originalmente escrito por Alexandra Mortenson y publicado en ldsliving.com con el título “7 Beautiful Commandments We Sometimes Forget Are Commandments.”