El testimonio de Jim, un bautista devoto, que envió a cinco de sus siete hijos a la misión a pesar de sus creencias y sus dudas sobre la Iglesia.

Crecí como bautista. Habían solo unos cuantos bautistas en Clearfield, Utah. Mis padres me enseñaron sobre Jesucristo y asistía a la iglesia todos los domingos. 

Crecí, en realidad, con cierta inclinación antimormona. Los bautistas del sur aman a los Santos de los Últimos Días, pero sintieron y creyeron que su doctrina no era la correcta y que estaban perdidos. Fueron activos en tratar de “salvar” a las personas SUD y hacer que se dieran cuenta de que estaban equivocadas.

Jim y Lyndia

Conocí a mi esposa Lyndia, ella es miembro de la Iglesia de Jesucristo, sin embargo, cada vez que hablábamos de religión, o bien era yo tratando de convertir a Lyndia o ella tratando de convertirme a mí. Aprendimos que eso no funcionaba.

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Llevábamos a los niños a la iglesia. A veces Lyndia los llevaba a la suya y yo los llevaba a la mía. Ellos disfrutaron de ambas iglesias. Finalmente, ese desafío me dejó con la sensación de que era mejor dejarlos ir a la iglesia de los Santos de los Últimos Días.

Luego llegó el momento en que los niños debían ser bautizados; yo era reacio a eso, sentía lo mismo de siempre sobre la iglesia. Y, en consecuencia, cuando llegó el momento de que se bautizaran, fue un desafío y algo doloroso para mí porque estaba renunciando a mi responsabilidad de enseñarle a mis hijos la verdad, bueno, la verdad tal como yo la veía y la sabía.

Jim y Lyndia

Fue una lucha, pero dejé que mis hijos se bautizaran en la Iglesia de Jesucristo.

La parte más difícil para mí fue cuando mis hijos quisieron ir a la misión. Nuevamente, sintiéndome como antes, fue difícil para mí saber que iban a enseñar algo en lo que yo no creía. 

Les había enseñado y dicho que ya no eran responsables para con su padre, su padre terrenal. Eran más responsables para con su Padre en los Cielos y, si eso era lo que Él quería que hicieran, entonces tenían que ir a servir y hacer el mejor trabajo que les fuera posible.

El Señor ha estado obrando en mí, tocándome el pecho a través de los años. No tenía ninguna duda en mi mente. Él quería que yo hiciera algo, me decía algo. 

El día en que mis dos nietas fueron bautizadas y mi otra nieta bendecida fue muy emotivo para mí.

Ese domingo, una hermana se levantó para dar su testimonio. Ella testificó de José Smith, la verdad del evangelio, y de la restauración. Fue entonces, ese domingo, que mi Salvador me dijo: “Debes mirar a la Iglesia con otros pensamientos en vez de tratar de desacreditarla”.

Pensé: “¿Cómo le voy a decir a Lydia y a mi familia?”. Obviamente habían estado orando por esto por mucho tiempo. Pero sabía que tenía que decírselos y no sabía cómo, y solo pensé: “Bueno, todos están juntos, solo díselo”. 

Según lo recuerdo, hubo conmoción y asombro. Todos estaban felices, algunos lloraban al saber lo que podría suceder. Aún en ese momento, sé que algunos no lo podían creer o que nunca pasaría.

oración

Les dije que no necesitaba reunirme con los misioneros porque tenía una casa llena de ellos. Cinco de mis siete hijos y mis tres yernos eran misioneros retornados. Les pedí que leyeran y oraran conmigo y que me ayudaran a responder las preguntas que tenía. Y lo hicieron.

Cada vez que oraba al respecto, sentía la clara sensación de que el Señor quería que continuara leyendo y aprendiendo.

Finalmente, mi Padre Celestial me mostró que no tenía que dejar la verdad que sabía y abandonarla, sino que Él tenía más verdades para mí. Y gracias a eso, tomé la decisión de bautizarme. Pude decirle a mi novia de 41 años que iba a ser bautizado.

Un poco más de un año después, pude ir al templo y sellarme con mi esposa y mis siete maravillosos hijos. 

Lo más increíble fue darme cuenta de la verdad de las familias eternas. Nosotros perdimos a un hijo hace algunos años y ahora sé que estaremos con él nuevamente, que en un corto tiempo él estará con nosotros y que estaremos todos juntos como una familia eterna.

Sobrellevar algo así. sin ese conocimiento es muy difícil. 

Testifico de las bendiciones que vienen a través del plan de salvación, sabiendo que nuevamente algún día veré y estaré con mi hijo. Testifico que eso es lo mejor, lo más maravilloso que hay.

Este artículo fue escrito originalmente por Lds Living Staff y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “Why This Devout Baptist Sent 5 of His Children on Latter-day Saint Missions