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En su nuevo libro, “El cumplimiento de lo Imposible: Lo que hace Dios, lo que podemos hacer nosotros” (Accomplishing the Impossible: What God Does, What We Can Do), el presidente Russell M. Nelson comparte una experiencia personal poderosa con ángeles, así como muchos ejemplos fascinantes de las Escrituras y de la historia de la Iglesia. Disfrute del extracto a continuación y aprenda más acerca de estos seres celestiales.

 

¿Realmente creemos en ángeles? Bueno, la respuesta es no y sí. No, no creemos en los ángeles como la mayoría de la gente los imaginan, con alas colosales y rostros inocentes. Pero sí creemos en los ángeles que sirven como mensajeros designados desde el cielo.

 

En Navidad, se habla de ángeles cuando leemos la dulce historia sobre los pastores que apacentaban sus rebaños por la noche: “Pero el ángel [del Señor] les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo:

 

que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”. (Lucas 2:10-11)

 

Otros ángeles (mensajeros celestiales) han participado en la Restauración. Y ahora sabemos más acerca de ellos.

 

Moroni, el último de una línea de profetas en una antigua civilización americana, posee las llaves del sacerdocio de un registro antiguo y sagrado que ahora conocemos como el Libro de Mormón. Moroni fue preordenado para esa responsabilidad. Esto fue revelado en el libro bíblico del Apocalipsis. Ahí Juan profetizó: “Y vi a otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, y tribu, y lengua y pueblo”, (Apocalipsis 14:6)

 

Miguel es identificado como el arcángel o ángel principal. Revelación de los Santos de los últimos Días nos informa que Miguel es Adán, el patriarca de la familia humana.

 

El ángel Gabriel es un mensajero celestial bien conocido por los estudiantes de la Biblia. Dios envió a Gabriel a Daniel, a Zacarías, y a María, cada uno con mensajes específicos de importancia suprema. En la revelación de los últimos días, Gabriel se ha identificado como Noé.

 

El ángel Gabriel fue el mensajero que informó a Isabel y Zacarías de que serían los padres de un bebé, que más tarde sería conocido como Juan el Bautista. La Escritura nos dice que Juan “…se bautizó mientras estaba aún en su niñez, y… el ángel de Dios lo ordenó para este poder, con el objeto de… enderezar las sendas del Señor…” (D&C 84:28)

 

La Biblia nos dice que Juan el Bautista fue decapitado. Su responsabilidad de los últimos días de restaurar el Sacerdocio de Aarón es también un impresionante testimonio de la gloriosa realidad de la Resurrección.

 

El Libro de Mormón agrega mucho a nuestra comprensión de los ángeles. Un ejemplo ilustrativo es en el capítulo siete de Tercer Nefi: “Y sucedió que Nefi —habiéndolo visitado ángeles, y también la voz del Señor; por tanto, habiendo visto ángeles, y siendo testigo ocular,… para saber concerniente al ministerio de Cristo,… empezó a proclamar, osadamente, el arrepentimiento y la remisión de los pecados por medio de la fe en el Señor Jesucristo”.

 

“…pues tan grande era su fe en el Señor Jesucristo que ángeles le ministraban diariamente”.

(3 Nefi 7:15-16, 18)

 

Moroni anticipó una pregunta de nosotros, como lectores de su registro antiguo. Su pregunta: “¿han cesado los ángeles de aparecer a los hijos de los hombres?…” (Moroni 7:36)

 

Su respuesta: “He aquí, os digo que no; porque es por la fe que se obran milagros; y es por la fe que aparecen ángeles y ejercen su ministerio a favor de los hombres…” (Moroni 7:37)

 

Que ángeles específicos participaran en la restauración es evidente, a partir de la sección 128 de Doctrina y Convenios. Allí leemos acerca de “…la voz de Dios…¡Y la voz de Miguel, el arcángel; la voz de Gabriel, de Rafael y de diversos ángeles, desde Miguel o Adán, hasta el tiempo actual…”(D&C 128:21)

 

Esos diversos ángeles (o mensajeros celestiales) podrían incluir Juan el Amado, que no murió, pero se le permitió que se quedara en la tierra como un siervo ministrante hasta el momento de la segunda venida del Señor. Los tres nefitas podrían igualmente estar en esa misma categoría. Su deseo de esperar hasta la Segunda Venida también se concedió. “Y son como los ángeles de Dios; y… pueden manifestarse a cualquier hombre que les parezca conveniente.” (3 Nefi 28:30)

 

El Señor hizo una promesa a los fielmente comprometidos en su servicio. Él dijo: “…iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros.” (D&C 84:88)

 

Mi esposa Wendy y yo somos los beneficiarios de esa promesa. En una ocasión, fuimos atacados por hombres armados con intenciones maliciosas. Ellos anunciaron su propósito: que la secuestrarían a ella y me matarían. Después de que maliciosamente nos molestaron con esos objetivos malignos, quedaron totalmente frustrados. Una pistola que apuntaba a mi cabeza no pudo ser disparada. Y mi mujer fue liberada repentinamente. Luego desaparecieron tan rápido como habían aparecido. Fuimos afortunadamente rescatados de un gran desastre. Sabemos que estábamos protegidos por ángeles alrededor de nosotros. Sí, la preciosa promesa del Señor había sido invocada en nuestro favor.

 

Otros ángeles también están en el trabajo. A menudo, nuestros miembros son “ángeles” para vecinos necesitados. Los maestros orientadores y las maestras visitantes, como gente común, con frecuencia prestan los servicios que parecen angelicales a personas agradecidas. Los jóvenes que dejan en silencio dulces caseros en una puerta experimentan la alegría del servicio anónimo a otros. Y yo estoy entre los muchos que se han referido a los actos amorosos de una “madre angelical” o una “esposa angelical”, o el amor sin limites de “hijos angelicales.”

 

¿Creemos en los ángeles? ¡Sí! Nosotros creemos en los ángeles, en los mensajeros celestiales, visibles e invisibles; y los ángeles terrenales que saben a quién ayudar y cómo hacerlo. Mensajeros del Evangelio, o ángeles, pueden incluir a la gente común y corriente como usted y yo.

 

Que los ángeles, conocidos y desconocidos, le sirvan y le protejan en la travesía peligrosa de la vida.

Traducido de: LDSLiving.com