El círculo virtuoso de Diálogo

 

El siguiente artículo fue escrito en mormonnewsroom.org y traducido en español por Mariela Viernes para mormonsud.org

 

En un segmento de HuffPost Live del 13 enero de 2016, la actriz Lindsey Stirling describe su fe como un “elemento básico de mi vida que me ha ayudado a mantener [la persona] quien soy a medida que lo demás cambia”. Después, ella comenta cómo reaccionan sus aficionados al saber que ella es un miembro de la Iglesia.

“Cada vez que hablo de ello, es interesante [ver] esta afluencia de comentarios que van desde, ‘tú puedes,’ ‘el Señor es bueno!’ a ‘oh, Dios mío, me gustabas hasta que oí hablar de eso’ “, dice Stirling. “Es un poco triste ver cómo hablar de la fe nos lleva a esta enorme brecha”.

Aunque relativa, esta distancia no es tan marcada como puede parecer; uno puede sentirse apagado por las formas de la expresión religiosa y no necesariamente ser profano. Es cierto que el respetado Pew Research Center (centro que brinda información sobre problemáticas y tendencias que caracterizan a los Estados Unidos y el mundo) nos dice que las personas no afiliadas a la religión, que constituyen casi una cuarta parte de la población estadounidense, son “cada vez más profanos”. Y mientras más jóvenes son, más triste es el mundo para aquellos que pertenecen a una iglesia. Sólo el 38 por ciento de la generación del milenio nacidos entre 1990 y 1996, dice que la religión es importante en sus vidas. Pero sobre todo, el 61 por ciento de todas las personas no afiliadas a una religión creen en Dios.

Si, como se informa Pew, sólo una cuarta parte o menos de la generación del milenio leen las escrituras o participan en la oración, al menos una vez a la semana o se basan en las enseñanzas religiosas de orientación moral, podemos suponer que gran parte de lo que ellos perciben de la religión organizada se deriva de la falta de familiaridad con la experiencia religiosa. Lo que saben de religión, rara vez saben más allá del título

Es más probable que los que no pertenecen a una iglesia se acerquen a una, si las personas de fe los ayudan a entender la religión y sus motivos explicando (aunque no está garantizado) no sólo lo que saben, lo que creen y por qué lo creen, sino también explicando esa creencia con tan claridad que su testimonio no pueda ser mal interpretado. Y esto conducirá a lo que un autor llama un “círculo virtuoso de diálogo y el duro trabajo de forjar una comprensión real y acuerdos duraderos”. Sin embargo, entender verdaderamente la religión va mucho más allá de la descripción de la creencia; se trata más de las relaciones, las buenas obras y la confianza que viene de la buena conducta.

Cambio de rol y la articulación de las convicciones

A menudo consideramos lo que es poco familiar en extraño e incluso nos da miedo, por lo que no es de extrañar que muchas de las personas que no tienen experiencias religiosas formales puedan considerar la religión organizada no sólo no importante, sino también como algo tonto o amenazante.

El círculo virtuoso de Diálogo

Tal vez los malentendidos podrían reducirse y el respeto podría aumentar si los dos lados hicieran un cambio de rol más a menudo – un acto que Rabbi Jonathan Sacks describe como “ponerse en el lugar de aquellos que desprecias, a los que tienes lástima, o simplemente a quien no entiendes”. ¿ Qué se siente estar en el lugar de la otra persona? ¿Por qué creen lo que creen y hacen lo que hacen? Sin un compromiso significativo, no podemos conocer sus creencias, sus culturas o sus experiencias.

Esto es lo que Russell Moore, jefe de la Comisión de Ética y Libertad Religiosa de la Convención Bautista del Sur, dice de aquellos que no están de acuerdo con los cristianos en las cuestiones de la familia y que también se aplica a aquellos que no entienden a los que viven una experiencia religiosa. “[Ellos] no son parte de una conspiración, no son como los villanos de los dibujos animados conspirando desde una guarida. Ellos están, como todos nosotros, buscando un camino que parece correcto para ellos. Debemos amar a los que no están de acuerdo con nosotros, incluyendo aquellos que nos ven como intolerantes. Ellos no son nuestros enemigos”. Y Daniel Mark de la Comisión Estadounidense de la Libertad Religiosa Internacional añade, “hay mucho de verdad en el cliché de que si la gente se conocieran más entre sí, se respetarían mucho más entre sí”.

Pero el establecimiento de una distensión entre los fieles y profanos de todas las variedades necesitará más que el cambio de roles y ver lo humano en el otro. Articular el qué, cómo y por qué de la creencia y la experiencia también juega un papel fundamental.

Todos nosotros tenemos formas de pensar, hablar y actuar que son únicas para nosotros y son parte de nuestra vida cotidiana. Estas cosas son a menudo tan comunes y familiares para nosotros que creemos que todo el mundo entiende nuestro sistema de creencias, nuestro vocabulario y las motivaciones que sustentan nuestras acciones. Pero puede que no sea tan simple. Como cualquier persona de fe sabe, las tradiciones religiosas del mundo son muy amplias y diversas y llevan una vida para comprenderlas por completo – incluso para los devotos.

El presidente Dieter F. Uchtdorf de La Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días enseña que aquellos que “[dejan] de hacer preguntas, de pensar y de meditar, [pueden] poner trabas a las revelaciones del Espíritu”. Y así, en el caso de las personas de fe, hay que mirar hacia arriba y hacia el interior y preguntarnos si sabemos lo suficiente sobre nuestras creencias y prácticas para articularlas claramente con personas extrañas y conciudadanos. ¿Somos capaces, como dice el apóstol Pedro, de ”responder a cada uno que [nos] demande razón de la esperanza que hay en [nosotros]”?

Debemos comunicar nuestras creencias y opiniones entre sí y con el mundo exterior, teniendo en cuenta las palabras de Moore de “articular las cosas que alguna vez pudimos asumir”. Por ejemplo, la creencia de que el matrimonio debe ser entre el hombre y la mujer ya no es auto- evidente para muchos. Al reconocer que no todo el mundo piensa o cree igual que nosotros, los líderes de los Santos de los últimos han proporcionado los recursos que explican la institución divina del matrimonio. La Iglesia también mantiene un diálogo constructivo con los defensores de los derechos de los homosexuales y en 2015 esto condujo a una legislación histórica en Utah que protege la libertad religiosa y evita la discriminación en la vivienda y el empleo.

Por encima de todo, hay que recordar la sabiduría del apóstol Pablo del Nuevo Testamento, quien aconsejó a los primeros santos en asegurar que sus enseñanzas fueran dadas “con gracia, sazonada con sal”.