Cuando Kellys Fandiño era una niña, su madre compró un libro usado en el mercado. Aunque no tuviera idea de qué se trataba ese libro, su familia comenzó a leerlo.

En ese tiempo, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no tenía una presencia oficial en su pequeña ciudad de Cienaga, Magdalena, Colombia. No se dieron cuenta en ese momento, pero el libro que la familia Fandiño estaba leyendo era el Libro de Mormón. No sabían el nombre del libro, pero sabían que era una escritura. Amaban leerlo y buscar versículos significativos.

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En 2008, la familia asistía a una iglesia local. Kelly todavía era muy joven, pero a veces copiaba una escritura del libro desconocido y la llevaba a su grupo de estudio. A los jóvenes les gustaban los versículos que compartía. Le preguntaban de dónde los obtenía, así que un día llevó el libro de la familia a su grupo de estudio para mostrarle su fuente.

Cuando el pastor vio el Libro de Mormón, se lo quitó y lo quemó. La familia Fandiño estaba muy enojada y dejó de ir a la iglesia.

Cinco años después, dos misioneros estaban enseñando al vecino de los Fandiño. Cuando ese vecino les pidió a los misioneros que no volvieran, decidieron tocar la puerta de los Fandiño. La madre de Kellys abrió la puerta y encontró a dos misioneros sonrientes. Les contó la historia del libro y los misioneros le mostraron una copia del Libro de Mormón.

“Una vez más el libro ha llegado a nuestra casa,” la hermana Fandiño le dijo a su familia. Todos se bautizaron en pocas semanas.

Sacrificarse por la obra misional

misioneros

La hermana Kellys Fandiño con su maleta muy especial.

Aproximadamente tres años después de que la familia se bautizó, la hermana menor de Kellys decidió que deseaba servir en una misión. Después de que terminó la escuela, comenzó a limpiar casas para ganar dinero para todo lo que necesitara.

Cuando fue a recolectar el dinero que le debían, una de las mujeres para las que trabajó se rehusó a pagarle. La hermana Fandiño todavía podía comprar gran parte de las cosas que necesitaba, pero sin el resto del dinero que había ganado, no tenía suficiente para comprar una maleta.

Entonces, se dio cuenta de que tenía una cosa que podía valer un poco de dinero, su hermosa larga cabellera que le llegaba debajo de su cintura.

“Realmente amaba su cabello, pero amaba más a su Padre Celestial,” dijo Kellys Fandiño. Su hermana cortó su cabello, lo vendió y utilizó el dinero para comprar una maleta que la llevaría a su misión en Iquitos, Perú.

Inspirada por el sacrificio de su hermana menor, Kellys Fandiño ahora se encuentra sirviendo en la Misión Bolivia Cochabamba. Viste la ropa de misión de su hermana y viaja con una maleta muy especial.

Artículo originalmente escrito por LDS.org y publicado en ldsliving.com con el título “After Incredible Conversion, Sister Missionary Sells Her Hair to Serve Mission.”