El 11 de enero de 1983, falleció el Élder LeGrand Richards, del Quórum de los Doce Apóstoles.  A menos de tres meses de la Conferencia General de abril, los miembros esperaban el llamado de un nuevo apóstol.

El llamado de un hombre a llenar una vacante en el Quórum de los Doce Apóstoles es la responsabilidad del presidente de la Iglesia. Solo él tiene la autoridad de recibir revelación acerca de la persona que el Señor ha preparado y seleccionado para ese llamamiento elevado y santo.

Durante los meses previos a la Conferencia General, la salud del Presidente Spencer W. Kimball se había vuelto cada vez más frágil y su memoria fallaba. Para decepción de muchos, la Conferencia General de abril de 1983 llegó y se fue sin ningún llamamiento al Quórum de los Doce Apóstoles.

A medida que se acercaba la Conferencia General de octubre de 1983, se especuló nuevamente que esta vez, seguramente, se llenaría la vacante en el Quórum de los Doce Apóstoles. Sin embargo, nuevamente, hubo decepción. Nadie fue llamado. La Conferencia General vino y se fue por segunda vez con un asiento vacío en el Quórum.

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Luego, el 11 de enero de 1984, un año después del fallecimiento del Élder Richards, murió el Élder Mark E. Petersen de los Doce. Ahora, había dos vacantes en los Doce y, en todo caso, la situación era más crítica. La salud del Presidente Kimball se deterioró aún más y su mente era menos confiable.

Para empeorar las cosas, aquellos que estaban al tanto de la situación sabían que el Presidente Kimball no estaba en condiciones de recibir la revelación para extender tales llamamientos.

Una de esas personas fue el Dr. Nelson. La semana anterior a la Conferencia General de abril de 1984, la enfermera quirúrgica de Russell M. Nelson, Jan Curtis, mencionó cuán emocionada estaba por la próxima conferencia porque se llamarían a dos nuevos apóstoles.

Russell M. Nelson intentó decirle gentilmente que eso no iba a suceder. “Yo era su médico y sabía que no era factible. El Presidente Kimball no se encontraba bien o no estaba lo suficientemente coherente para hacerlo. Le expliqué que el llamado de un apóstol era la responsabilidad del presidente de la Iglesia y que el Presidente Kimball no estaba en condiciones de hacerlo”.

Durante meses, el Presidente Gordon B. Hinckley, el único miembro sano de la Primera Presidencia, en ese tiempo la salud del Presidente Marion G. Romney también se había deteriorado, dejó instrucciones permanentes a los enfermeros del Presidente Kimball de que si la mente del profeta volvía a estar lúcida, debían llamarlo de inmediato, sin importar la hora.

profeta

Spencer W. Kimball

Pasaron los meses sin ninguna llamada. De vez en cuando, el Presidente Hinckley iba a visitar al Presidente Kimball, pero nunca se le presentó la oportunidad de discutir un tema tan delicado y espiritual como los llamamientos de los Doce Apóstoles.

Luego, alrededor de las 2:30 a.m. del miércoles antes de la Conferencia General de abril de 1984, sonó el teléfono en la casa del Presidente Hinckley. El Presidente Kimball estaba despierto y quería hablar con él. El Presidente Hinckley se apresuró en ir a la suite del Presidente Kimball en el Hotel Utah, donde se planteó el tema de las vacantes en el Quórum de los Doce Apóstoles. El Presidente Kimball simplemente dijo: “Llama a Nelson y Oaks al Quórum de los Doce, en ese orden”.

Dos días después, el viernes por la mañana, el Presidente Hinckley convocó al Dr. Nelson del seminario de representantes regionales que estaba en curso. Le hizo solo una pregunta a Russell M. Nelson: “¿Su vida está en orden?”

Cuando Russell M. Nelson le respondió que si lo estaba, el Presidente Hinckley respondió: “Bien, porque mañana vamos a sostenerlo como uno de los Doce Apóstoles” (Dew, “Go Forward with Faith,” p. 402). Dicho esto, el Presidente Hinckley abrazó al sorprendido Russell M. Nelson, y ambos lloraron. “Usted tiene permiso para ir a casa y contárselo a su esposa”, dijo el Presidente Hinckley.

Presidente Nelson

Sorprendido por el llamamiento, Russell M. Nelson condujo directamente a casa, ansioso por el consuelo de su esposa. Sin embargo, cuando entró por la puerta, lo recibió el silencio inquietante de una casa vacía, algo inusual en la casa de los Nelson.

Dantzel había ido de compras. Así que Russell M. Nelson caminó por el piso e intentó resolver las preguntas, las inquietudes, la sensación abrumadora de ineptitud que atravesaban por su mente y corazón.

Russell M. Nelson

Ese llamamiento significaba el fin de su vida como el Dr. Nelson. Después de décadas de curar corazones al hacerles incisiones. Ahora, intentaría sanarlos de una manera diferente. Después de pedirle diariamente al Señor que lo ayudara a tomar miles de decisiones de vida o muerte, Russell ahora le pediría a Él diariamente que lo ayudara a ser un instrumento diferente en Sus manos.

Sin embargo, había muchas preguntas sin respuesta: ¿Qué sucedería con las cirugías que ya se había comprometido a hacer? ¿Qué tal un periodo como profesor invitado en China que se suponía debía emprender el mes siguiente? ¿Qué significaba esto para su familia y cómo respondería? ¿Estaba espiritualmente listo para esto?

La respuesta a esa última pregunta se sintió como un no y aun así no pudo negar lo que sintió cuando el Presidente Hinckley le extendió el llamamiento.

Russell M. Nelson

Finalmente, cuando Dantzel regresó a casa, Russell dijo: “Cariño, será mejor que te sientes”. Cuando le dijo que había sido llamado para ocupar una vacante en el Quórum de los Doce Apóstoles, su respuesta instantánea lo llevó al borde de las lágrimas: “¡No conozco a nadie más digno que tú!”

“De todas las personas que conocían mis imperfecciones, ella las conocía mejor que nadie. Su respuesta significó todo para mí. Como lo hizo muchas veces antes, calmó mi corazón ese día”.

Durante la sesión del sábado por la mañana de la Conferencia General, Russell Marion Nelson y Dallin Harris Oaks fueron sostenidos como miembros de Quórum de los Doce Apóstoles.

El 07 de abril de 1984, Russell M. Nelson fue ordenado como apóstol y apartado como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles. “En un momento el enfoque de los últimos 40 años en la medicina y la cirugía cambiaron para dedicar el resto de mi vida al servicio de tiempo completo a mi Señor y Salvador, Jesucristo” (Condie, Russell M. Nelson, 186).

Este es un extracto del libro de Sheri Dew,”Insights From a Prophet’s Life: President Russell M. Nelson”, que fue compartido en ldsliving.com con el título “The Miracle Behind President Nelson’s Call as an Apostle”.