“¡Qué valientes! Murieron con sus botas puestas,” enfatizó uno de los verdugos Zapatistas que estaba reflexionando casi respetuosamente sobre la manera surrealista en que los líderes mormones Rafael Monroy y Vicente Morales permanecieron de pie para ser ejecutados la noche del 17 de julio de 1915.

A pesar del terror de enfrentar a un escuadrón de ejecución, sin acobardarse, ni mendigar, ni histéricos mancillaron su decisión calma e incondicional de no rechazar su fe. El líder zapatista les dio esa opción. Los mormones mártires respondieron afirmando sus convicciones religiosas, enfatizando que las únicas armas que poseían no eran armas militares clandestinas que se les acusaba de esconder en la tienda de la familia Monroy sino que eran sus textos sagrados, la Biblia y el Libro de Mormón, que Monroy llevaba consigo casi todo el tiempo. Monroy fue presidente de la rama San Marcos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Vicente Morales fue el empleado y primer consejero de Monroy.

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Rafael Monroy Mera (1878–1915)

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Cuando la hija de Rafael y Guadalupe tenía dos años, Rafael comenzó a interesarse en las charlas de los misioneros mormones. No solo se interesó especialmente en el Libro de Mormón como un documento convincente sino también en las enseñanzas de la Restauración sobre la relación de Dios con sus hijos terrenales y su requisito de que se arrepientan de sus pecados y sean bautizados.

A excepción de la esposa de Rafael, Guadalupe, que no estaba feliz por todo esto y había intentado frustrar los esfuerzos de los misioneros, toda la familia Monroy estaba cautivada por la ayuda de José Smith en la Restauración del evangelio de Jesucristo y, en particular, su obra en la traducción del Libro de Mormón. Rafael y sus hermanas Guadalupe y Jovita se bautizaron en 1913 y pronto su madre, Jesusita, se les unió. Sorprendentemente y a pesar de su temprana indecisión, la esposa de Rafael también se bautizó un mes y medio más tarde. W. Ernest Young había cumplido muy bien sus esfuerzos misionales.

A pesar de que el estado socioeconómico de la familia era relativamente bueno en la comunidad… Rafael, sus hermanas y su madre pronto sintieron la cimitarra de persecución por haber abandonado, ante los ojos de sus vecinos, las enseñanzas de los antepasados de la comunidad por unirse a la iglesia estadounidense – los mormones. Relacionarse con los extranjeros era considerado algo particularmente aborrecible por los Zapatistas xenofos del estado de Morelos, cuya milicia armada más tarde ocuparía el pueblo.

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Familia de Rafael Monroy.

Dejando de lado la persecución, la casa de los Monroy se convirtió en el centro de reuniones de la iglesia para lo que se convertiría en una cantidad cada vez mayor de mormones en San Marcos. Vicente Morales se mudó de Puebla para ayudar.

El escuadrón de fusilamiento Zapatista insurgente que terminó rápidamente con la vida de Rafael Monroy en 1915 también asesinó a su primo político, empleado y consejero de la presidencia de la rama San Marcos, Vicente Morales Guerrero (29 años).

Si los Zapatistas condenaron a Monroy a un escuadrón de fusilamiento por diferentes factores, su persuasión religiosa solo era uno de varios. Debido a que Morales era mormón, estaba acompañado de extranjeros y era confidente del aspirante a la clase media, Monroy, al grado que no confesaría sus presuntos crímenes, sin importar la tortura. Incluso peor, Morales no traicionaría a Monroy confesándose. En ese tiempo, el análisis de evidencia no era un sello distintivo de los Zapatistas, excepto en la medida en que afectaba su propio sentido de opresión y maltrato a manos de las clases privilegiadas de México. En la Revolución Mexicana (1910-17), la venganza rencorosa e indiscriminada alimentó ampliamente el dolor y la desesperación mientras el caos envolvía la tierra como el humo de un millón de incendios forestales.

Vicente Morales Guerrero (1887–1915)

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Vicente Morales nació entre los indígenas otomíes en el municipio de Alfajayucan, estado de Hidalgo. Vivía en Cuautla, estado de Morelos, cuando conoció la iglesia, a la que se unió en 1907 cuando tenía 20 años. Desde los 17 años había estado en una relación de convivencia con María Petra Gutierrez, cuatro años menor, con quien había engendrado y enterrado a dos hijas para 1907. Después, Vicente y María legalizaron su unión por medio del matrimonio para facilitar el bautismo de Vicente, que debió haber consolado a María ya que se había unido a la iglesia en Toluca a los 10 años, la pareja tuvo una hija más en 1909, que como las otras, murió antes de su primer cumpleaños. En menos de dos años a partir de ese entonces, María murió en 1911 por causas desconocidas, pero quizá relacionadas con otro embarazo.

Con la aniquilación de la familia de su amada esposa y atacado salvajemente por el dolor y la desesperación incesantes, aun así Morales se consolidó en la iglesia al aceptar un llamamiento como misionero local de medio tiempo cuando los misioneros regulares huyeron de México en agosto de 1913 debido a las hostilidades bélicas. Debido a que tenía dificultades para hablar español, su lengua materna era el otomí, su aceptación de la asignación de una misión para hispanohablantes fue por sí misma bastante notable. Sus esfuerzos misionales eventualmente lo condujeron a San Marcos, Hidalgo, donde hizo muchas visitas. Específicamente, de enero a marzo de 1914, junto con sus compañeros se reunieron con la familia Monroy en al menos tres diferentes oportunidades para darles charlas sobre el evangelio después de su bautismo.

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La guerra civil desplazó a centenas de miles de personas, entre ellas muchos mormones, incluidos Casimiro Gutiérrez y Plácida González, los padres de la difunta esposa de Vicente, huyeron con sus hijos a San Marcos, hacia la comunidad de mormones donde esperaban estar a salvo. Después de los martirios, Casimiro asumió el llamamiento de presidente de rama y debido a que antes vivió con su familia en San Marcos probablemente alentó a Vicente a hacer numerosas visitas a sus suegros mientras lidiaba con su dolor.

Sin embargo, básicamente, quizá existía una razón más contundente por la que Vicente se sentía atraído por San Marcos como misionero local. Su nombre era Eulalia Mera Martinez (17 años), prima de Rafael Monroy, que vivía en el recinto de Monroy. A mediados de 1914, Eulalia le había tomado cariño a Morales y en un año, ese gusto maduró. Con el permiso escrito del Presidente Rey L. Pratt, que era necesario porque Vicente tenía un llamamiento misional, enviado desde Estados Unidos, donde había sido refugiado debido a la guerra civil mexicana, Vicente y Eulalia (17 años) se casaron en San Marcos a principios de enero de 1915, apenas seis meses y medio antes de la ejecución de Morales. Eulalia tenía cinco meses de embarazo cuando se enteró de que los Zapatistas asesinaron a su esposo y a su primo Rafael Monroy.

Preludio del martirio

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La nueva religión de Monroy tuvo una sorprendente introducción viral en el ambiente católico establecido en San Marcos, perturbando el equilibrio del pueblo y amenazando con deshacer patrones históricos de relaciones sociales y arreglos políticos que no solo ordenaban quién obtenía qué sino también quién daba las órdenes y quién obedecía y por qué razón. A diferencia de San Pedro Mártir las versiones protestantes del cristianismo no tuvieron un impacto significativo en San Marcos, no lo tuvieron en el sentido de “preparar el camino.” Por eso, en San Marcos, el mormonismo se presentó como un impresionante competidor doctrinal extranjero para el catolicismo. Con el tiempo, algunos pobladores de San Marcos consideraron al mormonismo como un cáncer que se tenía que extirpar para evitar el juicio calamitoso de Dios en la tierra.

De este modo, la presencia del mormonismo en San Marcos y los números cada vez mayores de las personas que lo aceptaban, lo hacía digno de “persecución.” Estos dos factores: la nueva religión y la persecución, no solo aislaron socialmente a los primeros miembros sino que también los hizo vulnerables dentro de los arreglos de México para mantener el orden social.

Estos seis factores: la nueva religión, la persecución subsecuente, la relación con los estadounidenses, la guerra civil, la posición económica de los Monroy, la decisión del líder zapatista, explican generalmente los martirios en San Marcos.

La revolución llega a San Marcos

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Pronto la desgracia de la revolución, junto con la subsiguiente ruptura del orden político y social tradicional, recayó sobre San Marcos y la familia Monroy. Como en otras partes de México, durante este conflicto fratricida, las ciudades, pueblos y aldeas con frecuencia se convirtieron en terrenos de duelo, ya que las facciones enfrentadas alternaron el control, mientras que cada uno buscaba la retribución de los enemigos, reales o supuestos. Los oportunistas aprovecharon la anarquía para resolver asuntos personales, políticos y religiosos; evadir deudas; saquear tiendas y casas; además de a veces deshonrar a sus ocupantes femeninas. Fue un tiempo difícil en todos los lugares de México.

Los Zapatistas estuvieron en guerra con terratenientes adinerados e incluso, con la pequeña clase media de México. Eran radicalmente católicos y ferozmente xenófobos, despreciaban a los extranjeros por sus ataques gratuitos contra su iglesia, así como por las injusticias sociales y económicas que alimentaron su rebelión. Detestaban a cualquier mexicano que se relacionara con extranjeros y se oponían radicalmente a cualquiera que predicara una religión extranjera. No es de extrañar que los estadounidenses temieran a los zapatistas revolucionarios como, de hecho, aparentemente del mismo modo que la mayoría de los mexicanos en Hidalgo, que estaban ansiosos por su libertad religiosa. Desafortunadamente para los mormones, en 1915, San Marcos estuvo brevemente bajo el control militar zapatista.

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Andrés Reyes, un vecino y uno de los partidarios zapatistas de San Marcos, informó a los zapatistas que Monroy aprovisionaba rutinariamente a los soldados carrancistas que anteriormente habían ocupado el pueblo y a quienes todos los zapatistas habían jurado matar. También difundió una acusación profundamente falsa y dañina de que Monroy era un oficial carrancista y tenía un escondite secreto de armas en la tienda de su madre. Más tarde, algunas personas pensaron que esta charla maliciosa era una retribución para que los Monroy se convirtieran en mormones. La pregunta religiosa nunca estuvo lejos de las mentes de las personas.

La acusación de que Monroy era un oficial carrancista no era más que un rumor de los antimormones de San Marcos, en ese momento, tal vez como resultado de algunas ocasiones de que Monroy fraternizó con oficiales carrancistas. Sin embargo, la acusación de que era un combatiente armado era evidentemente falsa.

Las ejecuciones

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Los Zapatistas justificaron las ejecuciones al tomar el rumor de Reyes como un hecho establecido. Los zapatistas necesitaban armas, particularmente municiones. Reyes y otros lugareños deseaban hacer daño a Monroy y contaron historias que resonaron muy bien.

Ciertamente, la situación económica de los Monroy presentaba evidencia de que podían permitirse un escondite de armas, si lo hubieran querido. Además, habían confraternizado con los carrancistas y los estadounidenses que los apoyaban. La tarea era extraer una confesión o, en su defecto, desmantelar la tienda y encontrar el escondite de armas, de todos modos.

Vicente Morales había estado construyendo paredes divisorias de adobe en la tienda. Siendo más específico sobre su acusación, Andrés Reyes sugirió que el escondite de armas estaba allí, de alguna manera en las paredes divisorias. Los zapatistas extrajeron a Monroy de su recinto familiar y lo interrogaron enérgicamente. Monroy y Morales negaron la acusación, Guadalupe defendió firmemente a ambos, y les ordenó a los soldados que destruyeran la tienda bloque por bloque si no le creían. Saquearon la tienda, no encontraron su objetivo pero se llevaron todo lo que podían transportar convenientemente.

Poco después, los soldados zapatistas detuvieron a Morales, Monroy y sus tres hermanas, Natalia, Jovita y Guadalupe. A pesar de desmantelar la tienda de los Monroy y no encontrar nada, los zapatistas estaban tan convencidos de que el escondite de armas existía en alguna parte que torturaron a Monroy, pero fue en vano.

El escuadrón de fusilamiento

Presumiblemente, por orden del líder local zapatista, el “sanguinario” General Reyes Molina, y los soldados marcharon a poca distancia de Rafael y Vicente y los alinearon para que los fusilaran. Más tarde esa noche, la hermana de Rafael, Guadalupe, escuchó a un soldado decir que a los hombres se les ofrecía clemencia si rechazaban a su religión extranjera y dejaban de pervertir la tierra con sus ideas. Rafael y Vicente explicaron que su testimonio no les permitiría negar su fe. Pidieron orar, una petición que los verdugos permitieron sorprendentemente. Los mormones suplicaron al Señor que se compadeciera de sus familias, sus descendientes que aún no nacían e incluso los soldados que, según dijeron, no tenían idea de lo que estaban haciendo. Después, Rafael se levantó, se cruzó de brazos y dijo: “Caballeros, estoy a su servicio.” Los disparos sonaron.

Las noticias de las ejecuciones circularon rápidamente entre los soldados zapatistas que estuvieron acampando temporalmente en San Marcos pero no estuvieron involucrados en los asesinatos: “¿Qué encontraron en la casa Monroy?” “¿Por qué mataron al albañil?” Más allá de especular sobre los motivos de las ejecuciones, a los soldados les era difícil aceptar la idea de que hombres de posiciones sociales tan diferentes podían unirse a una fraternidad religiosa que los zapatistas no entendían, sino detestaban, por sus orígenes extranjeros.

El líder de los rebeldes, Emiliano Zapata, del estado de Morelos, hoy un verdadero ícono nacional en México, había popularizado las frases “Tierra o libertad” y “Mejor morir de pie que vivir de rodillas.” A pesar de todo, si Zapata hubiera estado en la escena, podría haber visto el error a punto de ser cometido en San Marcos y podría haber derogado las ejecuciones que su líder lejano había autorizado.

Artículo originalmente escrito por F. LaMond Tullis (adaptación de “Martyrs in Mexico: A Mormon Story of Revolution and Redemption”) y publicado en ldsliving.com con el título “Mormon Martyrs in Mexico: Why Two Branch Presidency Members Were Executed in 1915.”