“Ha descubierto que quitarse la placa de misionero después de 3, 6, 18 o 24 meses de servicio honorable no hace ninguna diferencia.”

En el 2015, escribí un artículo sobre Logan Groll de Winchester, Virginia, un misionero que regresó a casa de su misión antes de tiempo, dos veces.

La primera ves que regresó a casa sucedió después de un periodo desafiante en el Centro de Capacitación Misional, donde su Trastorno Obsesivo Compulsivo Puro constantemente amenazaba con sofocar el espíritu y dificultaba su ritmo de trabajo.

Después de estar seis meses en casa, aprendiendo a sobrellevar su salud mental, comenzó su nueva aventura en la Misión Washington Spokane. Fue conocido como un maravilloso misionero y un compañero muy apreciado.

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Desafortunadamente, sus desafíos de salud mental nunca disminuyeron. Hace cinco años, esta semana, después de dar cada gota de energía física y espiritual, volvió a regresar a casa, y esta vez para siempre.

Las preguntas surgieron en la mente de Logan Groll.

“¿Qué va a pensar la gente de mí?”

“¿Me seguirá el estigma de haber regresado antes de tiempo como una especie de olor difícil de describir?”

“¿Están mis sueños de toda la vida en peligro?”

En la actualidad, cinco años después, la única pregunta que importa es la última. Y Groll podría darte una respuesta más larga si el tiempo se lo permitiese.

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Hoy en día Groll participa de muchas buenas obras. Es escritor y estudiante en la Universidad Brigham Young en Provo, Utah. También está casado con el amor de su vida, Sydney Walton Groll. Se casaron en el Templo de Washington D.C. en el 2016.

¿Esas inquietantes preguntas que trajo consigo a casa, escondidas en su equipaje, desde el campo misional? Ahora son sólo recuerdos.

Logan Groll compartió lo siguiente al hablar de su experiencia:

“Para ser sincero, cuando regresé a casa la primera vez, me resultó difícil. Me comparaba con los demás como lo haría alguien con una discapacidad física al compararse con un atleta profesional. Esperaba correr tan rápido como ellos, pero era algo claramente imposible debido a mi enfermedad. 

Regresé a casa con la sensación de que si hubiera sido un poco más fuerte, un poco más preparado, hubiera logrado terminar la misión. Pero un par de meses después, me di cuenta de que estaba siendo irracional. 

Aún con el mejor entrenamiento físico, alguien con problemas en las piernas todavía puede tener dificultades. De la misma manera, aún con meses de terapia, con todo lo que me causa una reacción, una misión me hubiera sido imposible de completar y eso está bien.”

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Groll estaba agradecido por haberse casado con alguien que se preocupaba más por su deseo de asistir al templo y su disposición de servir al Señor que la cantidad de meses que sirvió. 

“Syd quería casarse con un hombre digno que estuviera dispuesto a enfrentar cosas difíciles. No, no serví en una misión tradicional de dos años. Pero sí llevé a la mujer que amo al templo.”

¿Cómo es la salud mental de Logan Groll cinco años después de haber regresado a casa? Logan Groll compartió:

“¡Es una lucha! Pero no lidio con eso de la misma manera en que lo hacía en mi misión. En mis momentos de estrés, todavía está presente. Nunca va a desaparecer, pero eso está bien. He aprendido a aceptarlo como una bendición. 

Me gusta pensar que es como cuando alguien supera un tartamudeo. Él o ella se esfuerza mucho por pronunciar bien las palabras, hablar despacio, tomarse el tiempo para hablar con confianza. Al hacer este arduo trabajo, sus palabras se vuelven más claras que la mayoría, su pronunciación exacta y su hablar poderoso.”

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Logan Groll en la CCM señalando a la Misión Brasil Manaos, el lugar de su llamamiento inicial, en agosto de 2013

Groll busca siempre oportunidades para hablar con otros misioneros que regresaron a casa antes de tiempo.

“Quiero que nunca pierdan la fe de que pueden hacer grandes cosas. Incluso si nunca superan por completo sus desafíos de salud u otros desafíos que tengan, el Señor les ayudará a superarlos, encontrar alegría y contribuir con los demás.

Creo que el Señor nos dio estas pruebas como un regalo, no una maldición. Si creen eso, su mentalidad cambiará. Les prometo que tendrán la confianza para vivir su vida a su máximo potencial.”

Y eso es exactamente lo que Groll está haciendo, cinco años después de su segundo regreso a casa. Como muchos otros que han pasado por una experiencia similar, él está viviendo una vida mejor. Ha descubierto que quitarse la placa de misionero después de 3, 6, 18 o 24 meses de servicio honorable no hace ninguna diferencia.

No se trata de la placa. Se trata del corazón detrás de ella.

Este artículo fue escrito originalmente por Jason F. Right y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “Missionary Who Came Home Early Twice Talks Danger of Comparisons, Guilt