El siguiente artículo fue escrito originalmente por David Grant  para LDS.net

La reacción casi en su mayoría de muchos blogs al llamamiento de tres hombres blancos al santo apostolado ha oscilado entre la decepción y la crítica. Esto se ha llevado también a las redes sociales, donde muchos de mis amigos han encontrado que otros han expresado su voz de preocupación. Entiendo la decepción. Me entusiasma la idea de un Apóstol Latino, en especial y sobre todo debido al tiempo que pasé en Costa Rica y Chile como misionero y ejecutivo respectivamente. Tuve experiencias especialmente conmovedoras con el Elder Enrique Falabella y mi propio Presidente de misión, Benigno Pantoja. Yo podría haber sostenido fácilmente y con entusiasmo a uno o a ambos si estos hombres hubieran sido llamados.

 

 Élder Enrique R. Falabella

 

Elder Enrique Falabella

Elder Enrique Falabella

A pesar de mi deseo de ver un Apóstol de fuera de los Estados Unidos y de ascendencia no europea, entiendo la doctrina enseñada en Alma 13. Antes de eso, puede ser importante contrastar la forma en que la mayoría de las personas creen como se llama a un nuevo apóstol y cómo en realidad un nuevo Apóstol es llamado.

Existe un malentendido general sobre cómo se recibe revelación y sobre todo cómo una revelación específica es recibida como es el caso del llamado al santo apostolado. Las personas que no entienden pueden pensar que para un apóstol o  profeta la revelación ocurre de forma tan fluida como si fuera una grabación directa y al instante de Dios reflejado a toda su mente y deseos.  Si fuera así tal  dirección no dejaría espacio para ningún tropezón en nada hasta en cosas tan rutinarias como la selección diaria de calcetines.

Otros pueden pensar que los apóstoles y profetas usan exclusivamente su sabiduría–ganada por su amplia experiencia—para juntar un consejo y determinar cursos de acción en la selección de siervos como Nicea. El proceso no funciona de acuerdo a ninguno de estos modelos especialmente cuando se trata del llamamiento de un nuevo apóstol. Para entender el proceso, debemos comenzar en orden cronológico. Alma nos enseña: Y ésta es la manera conforme a la cual fueron ordenados, habiendo sido llamados y preparados desde la fundación del mundo de acuerdo con la presciencia de Dios, por causa de su fe excepcional y buenas obras, habiéndoseles concedido primeramente escoger el bien o el mal; por lo que, habiendo escogido el bien y ejercido una fe sumamente grande, son llamados con un santo llamamiento, sí, con ese santo llamamiento que, con una redención preparatoria y de conformidad con ella, se dispuso para tales seres. (Alma 13:3)

Son palabras perspicaces y profundas llenas de significado. El punto es que de acuerdo a Alma, todos los apóstoles desde Andrés hasta ahora fueron seleccionados mucho antes de que estén en el mundo mortal. Están en una fila. Uno u otros de los escogidos pueden ser descarrilados en el camino por la mala aplicación del albedrío  pero hay otros en la linea, para que  siempre exista uno listo en el momento correcto. Por eso, no me cabe duda que el primero, segundo y el tercer apóstol latino ya han sido escogidos, viven ahora en la tierra y están siendo preparados para el tiempo en que sean llamados. Esto también se aplica para el primer apóstol africano, asiático etc. Por eso, el papel del Presidente Monson en la selección de tres apóstoles blancos, de herencia anglo-europeo,  ha sido activa y pasiva a la vez. La parte activa fue el buscar y conocer los deseos de Dios. La parte pasiva fue su entendimiento que él solo llamaba más no escogía. Ansiosamente espero el día en que el Quórum de los Doce sea guiado por hombres de herencia y cultura diversa y diferente a lo que vemos actualmente, sin embargo, no lo deseo al extremo de aconsejar a Dios o a su oráculo.

Fuente: LDS.net