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El futbolista Zidane propina un cabezazo a Materazzi en el partido final del mundial FIFA 2006

 

Nuestro firme testimonio

Por Lehi Vega

La vida de cada uno de nosotros muchas veces está llena de grandes experiencias y acontecimientos que la han marcado de tal manera que cuando los traemos a la memoria, y las volvemos a contar, nos hace volver a vivir esas experiencias y nos refuerzan el conocimiento de que es una verdad. También podemos utilizarlas para compartirlas, con la esperanza de que a otra persona también pueda servirle de igual o mejor manera.

Algo que muy detalladamente recuerdo sucedió hace aproximadamente 8 años, la final del mundial Alemania 2006 se convirtió para mí en una experiencia atesorada y relevante por el hecho de que uno de los mejores jugadores de futbol de los últimos tiempos y uno de mis jugadores favoritos: Zinedine Zidane estaba disputando su último partido como profesional en uno de los mejores escenarios para hacerlo, una final de un mundial.
Recuerdo ese 9 de julio del 2006 en el estadio olímpico de Berlín en Alemania se llevaría a cabo esa gran final, el partido fue emocionante y el marcador  al terminar los primeros 90 minutos era de empate 1 a 1. Después de una gran exhibición de ambos equipos, lo que obligaba a tener tiempos extras e incluso  penales hasta obtener un ganador, lo que ocurrió enseguida fue y será uno de los momentos más recordados en las historia de los mundiales, cuando transcurriendo el minuto 110 del segundo tiempo extra, el árbitro argentino Horacio Elizondo dirigió su carrera hacia Zinedine Zidane para expulsarlo faltando 10 minutos para la definición por penales, a causa de un cabezazo dado al italiano Marco Materazzi.

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Zidane recibe una tarjeta roja después de su falta en la final del Mundial FIFA Alemania 2006

Después de un gran mundial y una carrera intachable llena de grandes goles y satisfacciones para cada uno de sus seguidores, su prestigio había sido manchado al momento de dar un cabezazo en los tiempos extras de la final de un mundial cuando su equipo tenía todo para ganar al equipo italiano… minutos después Francia perdería en penales por 5 a 3 a favor de Italia aquella final de futbol en un mundial.

 

Para mí, el hecho de contarlo de nuevo es volver a vivirlo, confirma más mi certeza en que este acontecimiento ocurrió, y el  compartirlo aún más veces a alguna persona mejoraría mi manera de hacerlo y confirmaría aún más mi creencia en que esto fue verdad. Creo que a esto podríamos llamarle un solemne testimonio de que la final del mundial Alemania 2006 es una leyenda del fútbol, terminó pero en ella un gran deportista manchó su carrera.

Para nosotros miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días el ser testigos o testificar, tiene un significado aunque parecido en ciertas partes, el testificar toma para nosotros un significado diferente.

El testimonio es definido en el diccionario como: “La prueba de la certeza  o verdad de algo” y la palabra testificar se define como: “Declarar o hablar como testigo”.

La guía de estudio para las escrituras lo define como:

“Conocimiento y confirmación espiritual que da el Espíritu Santo. Un testimonio también puede ser una declaración oficial o legal de lo que una persona percibe que es verdad”.

La clara muestra de lo que es un testimonio fue relatada en el  Nuevo testamento cuando Jesucristo y Simón Pedro, hijo de Jonás tuvieron aquella conversación relatada en el libro de Mateo:

Jesucristo:

¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? (Mateo 16:13).

“Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.

Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Respondió Simón Pedro y dijo: ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!

Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo16:14-17).

Como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tenemos un solemne testimonio acerca de cada una de la verdades espirituales el cual no nos lo reveló carne ni sangre sino nuestro Padre que está en los cielos.

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Jesucristo, el salvador del mundo

Creemos que Dios y Jesucristo viven y nos dirigen desde algún lugar celestial, creemos que por medio del Espíritu Santo ellos nos hacen conocer la verdad y nos testifican de cada una de sus enseñanzas, creemos que por medio de la escrituras como la Biblia y el Libro de Mormón somos guiados, creemos que por aquel sacrificio de Cristo llamado expiación todo podemos arrepentirnos y volver a la presencia de Dios, creemos que esta vida es un tiempo de prueba para prepararnos para cosas aún más grandes, creemos que las familias pueden ser eternas y que son lo más importante dado a nosotros aquí en la tierra.

Eso es lo que para nosotros es un testimonio: la certeza de una verdad, la seguridad de algo que aunque no hemos presenciado físicamente o visualmente sabemos que es verdad, el hecho de contarlo es para nosotros la oportunidad de volver a  sentirlo y vivirlo, confirma aún más nuestra certeza es que cada uno de estos hechos o acontecimientos son reales, y el compartirlo aún más veces confirma aún más a nosotros la creencia en que esto ocurrió, como el profeta Alma podemos testificar que sabemos de estas cosas porque:

“He aquí, os digo que el Santo Espíritu de Dios me las hace saber. He aquí, he ayunado y orado muchos días para poder saber estas cosas por mí mismo. Y ahora sé por mí mismo que son verdaderas; porque el Señor Dios me las ha manifestado por su Santo Espíritu; y éste es el espíritu de revelación que está en mí” (Alma 5:44-46).

Compartimos nuestro testimonio porque lo sabemos y porque somos testigos de que:

“Nuestro firme testimonio personal nos motivara a cambiar y después a bendecir al mundo” (“El poder de un testimonio personal”, Dieter F. Uchdorft, Octubre del 2006).