“Vivimos en un mundo de asombro y misterio, pero ¿cuántos de nosotros buscamos revelación y respuesta ante las preguntas y dudas que tenemos?”

Este fin de semana llevé a mi hija Rachel a sus practicas de gimnasia. Mientras conducíamos entre los campos de calabazas que le daban la bienvenida al otoño, con sus colores vivos, brisas frescas y cielos color zafiro, Rachel hizo una pregunta: “¿Pueden las plantas ir al cielo?”

Hay muchas cosas que encuentro instructivas y fascinantes en la pregunta de Rachel. Veo oportunidades para alentar, apoyar, mejorar y promover el pensamiento crítico, el cuestionamiento, el aprendizaje, la experimentación, el descubrimiento y, en última instancia, el creciente gozo al ser más como Dios, quien sabe todas las cosas.

Cuando me desperté el sábado por la mañana, no tuve ningún tipo de impresión espiritual de que debía hacer una investigación exhaustiva en la revelación antigua y moderna para contestar una pregunta como esta.

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¿Cuántos de ustedes reciben preguntas como esta, de la nada, de sus hijos o amigos, u otras personas que no tienen miedo de expresar su curiosidad y experimentar la alegría de su descubrimiento?

¿Cuántos de ustedes reciben preguntas al azar, inesperadas pero interesantes e intrigantes que no tienen respuestas fáciles rápidamente?

¿Y cuántos de ustedes se sienten preparados para responder esas preguntas?

¿Cómo las responderían?

Así es como le respondí a mi hija Rachel:

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“¡Esa es una pregunta realmente interesante! Nunca había escuchado a nadie preguntar eso antes. Y nunca pensé en preguntar algo así.

¿Cómo responderíamos esta pregunta? Podríamos recurrir a las Escrituras y a la revelación moderna para ver si esta pregunta ha sido formulada y respondida anteriormente.

Te diré que, en base a una inspección rápida de lo que sé de las Escrituras y la revelación moderna, nunca he escuchado nada remotamente cercano que pueda responder esta pregunta. Por lo que no sé la respuesta.

Podríamos recurrir a la ciencia, aunque la ciencia rara vez hace preguntas relacionadas con el cielo o la salvación por falta de herramientas que puedan probar tales cuestionamientos y sus posibles respuestas.

Si alguien se tomara el tiempo para estudiar y preguntarle a Dios, tal vez podría recibir revelación sobre este tema. Muy a menudo la revelación sólo llega cuando nos hacemos preguntas.

Después de compartir esos pensamientos y estrategias básicas con mi hija sobre cómo podemos  responder esta pregunta, y obtener preguntas en general, empecé a ahondar más en el tema.

¿Cuántos de nosotros buscamos sorpresa y asombro?

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Vivimos en un mundo de asombro y misterio. La tierra literalmente nos grita que prestemos atención a las increíbles fuerzas de la vida y la muerte que se encuentran presente en todo lo que nos rodea. 

¿Cuántos de nosotros hemos sido atrapados por las interminables distracciones de las redes sociales y las adicciones que destruyen nuestro interés y curiosidad?

¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a expresar nuestras preguntas y asombro?

¿Cuántos de nosotros extrañamos la alegría que viene al descubrir la verdad que buscábamos haciendo preguntas, leyendo y indagando?

¿Cuántos de nosotros nos sentimos satisfechos con el puñado de preguntas respondidas que tenemos a nuestra disposición?

¿Hemos aceptado de manera inmersiva toda verdad de manera que nuestros espíritus han sido refinados para ver lo que Dios ve y saber lo que Dios sabe? 

De lo contrario, es hora de levantarse del sofá, apagar los dispositivos que nos distraen y abrir nuestros ojos, corazones y mentes al torrente de bellas verdades que abundan en el mundo.

Donde no hay preguntas no hay respuestas

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Mientras meditaba aún más en la fascinante pregunta de mi hija, me di cuenta de estas cosas en cuanto a las preguntas y respuestas:

  • Donde no hay preguntas no hay respuestas.
  • Sin preguntas, no podemos ver las respuestas.
  • Las respuestas no pueden existir sin preguntas.
  • Hay millones y miles de millones de respuestas esperando ser encontradas, experimentadas y cultivadas si tan sólo pasáramos más tiempo haciendo preguntas.
  • Las respuestas obtenidas sin preguntas no son más que ideas sin sentido ni ataduras a una realidad o experiencia.
  • ¡Las respuestas serán encontradas si tan solo hacemos las preguntas!

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La lección de esta semana del programa “Ven, sígueme” es 2 Corintios 1-7 y la releí el sábado por la mañana antes de llevar a mi hija a sus prácticas. Tenía la intención de escribir algo inspirado en los escritos de Pablo, pero luego me di cuenta que Pablo estaba escribiendo inspiración basada en las preguntas de su tiempo.

¿Por qué no debería yo escribir algo basado en las preguntas de mi tiempo? ¿Qué podría ser más inmediato y relevante que responder las preguntas de mi hija? ¿Buscar con ella esas respuestas? ¿Indagar con ella? ¿Aprender con ella? ¿Y luego compartir cualquier impresión que tengamos?

Estoy seguro de que Pablo nunca pensó en preguntar, o escuchó a alguien preguntarle, la pregunta que hizo mi hija, “¿Pueden las plantas ir al cielo?” Y creo que Pablo puede perdonarme (practicando la caridad que predicó) si es que no escribo específicamente sobre la influenciada de sus escritos inspiradores.

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Tengo la esperanza de que Pablo se hubiera alegrado en la actualidad si hubiera obtenido inspiración y respuesta a la pregunta inquisitiva y abierta de una hija de Dios.

Y espero nunca dejemos de hacernos preguntas.

Este artículo fue escrito originalmente por Dr. Taylor Halverson y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título ““Can Plants Go to Heaven?” What a Daughter’s Question Teaches About Revelation