En el corazón de la adoración dominical regular en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se encuentra el sencillo ritual conocido como la Santa Cena. Lo demás queda en segundo lugar. A excepción de ciertos fines de semana debido a la Conferencia General, la Santa Cena es esencial.

La Santa Cena en la iglesia mormona

La simplicidad del ritual esconde su significado. En ella, los poseedores del sacerdocio que bendicen el pan y el agua para ser compartidos con la congregación piden que quienes participen de él lo hagan en memoria del sacrificio físico de Jesucristo en su nombre, que tomen sobre sí el nombre de Cristo, y que se acuerden siempre de Él y que guarden sus mandamientos.

Santa Cena

Y, al comer del pan y beber del agua de la Santa Cena, después de las palabras solemnes que se acaban de decir, los miembros hacen la promesa de que harán esas cosas, por lo cual, la oración sacramental promete, “para que siempre puedan tener el Espíritu [de Cristo] consigo” (Moroni 4-5 y Doctrina y Convenios 20: 75–79). 

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Estos son compromisos importantes. En la antigüedad, el apóstol Pablo ciertamente lo pensó. Por esa razón, aconsejó en 1 Corintios 11: 27-29, “Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa”. De hecho, advirtió, “cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor”.

antiguo Egipto

Este significado trascendental se puede discernir en la misma palabra que usamos para identificar la ordenanza. En la ley romana, la palabra “sacramentum”, latín para la frase Santa Cena, era un juramento profundamente sagrado.

En particular, este juramento era hecho por los soldados, en especial por aquellos que recién se habían enlistado, para ser leales y fieles tanto a su comandante general como, en los días de la República romana, a la República misma (representado por el cónsul romano).

Más tarde, con el surgimiento del Imperio, se convirtió en un juramento hecho específicamente por el emperador y era renovado anualmente por todos los ejércitos imperiales. En consecuencia, violar dicho juramento significa deserción, un incumplimiento al deber y tal vez incluso la traición.

El escritor romano, Vegecio, a finales del siglo IV, conservó las palabras del sacramentum tal como las conocía: 

“¡Los soldados juran que ejecutarán fielmente todo lo que el Emperador les mandase, que nunca abandonarán el servicio y que no buscarán evitar la muerte por la república Romana!”

En la antigua concepción romana, el sacramentum era diferente de los juramentos que se realizaban comúnmente en los tribunales y en otros lugares. La mayoría de los juramentos fueron vistos como la creación de vínculos entre los miembros de la comunidad terrenal; el sacramentum, por el contrario, creó una relación entre los individuos que realizaban el juramento y los dioses.

soldado romano

“Oath of the Horatii” por Jacques Louis David

La persona que juraba con el sacramentum convertía su persona en “sacer”, que quiere decir “dado a Dios o a los dioses” o, en español, “sagrado”. La profanación de tal juramento era algo grave que tenían que evitarse.

Debido a que habían entregado sus vidas a la República y, más tarde, al Imperio, los soldados romanos estaban sujetos a castigos severos por infracciones que, de haber sido cometidas por un civil, habrían sido tratadas con más benevolencia.

En los primeros días del cristianismo, a medida que esta fe se extendía, era necesario que se crease un vocabulario cristiano en muchos idiomas, por lo que las palabras ya existentes a menudo se utilizaban para nuevos usos cristianos. 

Sacramentum fue una de esas palabras. Como un término para referirse al juramento de obediencia dado a un soberano, evidentemente este fue un nombre excelente para el juramento de fiel obediencia al Señor del universo.

Santa Cena

Sin embargo, a medida que el cristianismo se extendió por todo el Imperio, y más y más soldados aceptaban la fe, surgió un serio conflicto. ¿Era la principal lealtad del soldado al Salvador resucitado o al Emperador? ¿Podría él, en buena conciencia, jurar con el Sacramentum a Roma sin dejar de ser un fiel discípulo cristiano? 

Algunos escritores cristianos argumentaron que “No”, y más de unos cuantos soldados romanos fueron convertidos en mártires cristianos debido a que no deseaban por poner en riesgo su lealtad hacia el Salvador.

En la actualidad, La Iglesia, como en el ejército romano del que proviene el término, la Santa Cena, y, por lo tanto, el “juramento” sacramental, generalmente se hace públicamente.

Por lo tanto, todos los que participan del pan y el agua de la Santa Cena profesan públicamente su intención de ser fieles y obedientes, de recordar siempre el sacrificio del Hijo, de reconocerlo como el Señor. Es un acontecimiento solemne, uno que no debe tomarse a la ligera o como mera rutina.

amor De Dios

Afortunadamente se nos permite renovar nuestra promesa cada semana en nuestro intento por ser mejores. Y, el Señor a quien le prometemos fidelidad, es un soberano benevolente que, habiendo previsto nuestras faltas y caídas, pagó por cada una de ellas.

Nosotros sólo debemos tratar de ser fieles.

Este artículo fue escrito originalmente por Daniel Peterson y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “The Surprising and Meaningful History Behind the Word “Sacrament”