Me encantan los días festivos.  Me encanta la sensación de amor fraternal que parece alcanzar y envolver sus brazos alrededor de uno.  La Navidad pasada mi cuñada y yo hicimos Bolsas de Maná para las personas sin hogar.  Sacamos la idea de Pinterest. (¡Me encanta ese lugar!)  Fundamentalmente se trata de bolsas de almacenamiento de un galón llenas de pequeñas cosas que ayudarán a alguien que está afuera en el frío.  Incluimos barras de granola, mantas Mylar de emergencia, artículos de tocador, papel toalla y una escritura edificante.  Fue una gran experiencia creadora de calor y cercanía.  Ella tomó la mitad de las dos docenas que hicimos y las distribuimos por el centro con su hija adolescente.  Fue una gran manera de ayudar a enseñar a su hija a ser agradecida y recordar a los menos afortunados.

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Fue un éxito tan grande que las hice de nuevo este año. No estoy segura del por qué, pero había muchas más personas sin hogar este año que el anterior.  Había parejas, personas mayores, e incluso una mujer sin piernas.  Y me puse a pensar en qué tipo de ayuda obtienen estas personas cuando no son días festivos.  ¿Por qué he estado olvidando servir a mi prójimo los otros once meses del año?

El élder Dieter F. Uchtdorf (un líder mormón de alto rango) dio un discurso en abril de 2010 en el que habló sobre una ciudad en Europa. Él dijo:

Se cuenta que en el bombardeo de una ciudad durante la Segunda Guerra Mundial una estatua de Jesucristo resultó sumamente dañada. Cuando los habitantes hallaron la estatua entre los escombros, se lamentaron porque había sido un amado símbolo de su fe y de la presencia de Dios en su vida.

Los expertos lograron reparar la mayor parte de la estatua, pero las manos estaban tan dañadas que no las pudieron restaurar. Algunos sugirieron contratar a un escultor para que hiciera manos nuevas, pero otros querían dejarla así, como recordatorio permanente de la tragedia de la guerra. Al final, la estatua permaneció sin manos; sin embargo, la gente de la ciudad agregó en la base de la estatua de Jesucristo una placa con estas palabras: “Ustedes son Mis manos”.

Esa historia encierra una profunda lección. Cuando pienso en el Salvador, a menudo me lo imagino con las manos extendidas para consolar, sanar, bendecir y amar. Y Él siempre hablaba con la gente, y no les hablaba mal. Amaba a los humildes y a los mansos y anduvo entre ellos, ministrándoles y ofreciendo esperanza y salvación.

ESomos-las-manos-del-Señorso es lo que hizo durante Su vida mortal; es lo que estaría haciendo si viviera entre nosotros hoy; y es lo que debemos estar haciendo como discípulos Suyos y miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Al emular Su ejemplo perfecto, nuestras manos pueden ser Sus manos; nuestros ojos, Sus ojos; y nuestro corazón, Su corazón”.

Para el texto completo no dude en revisar https://www.lds.org/general-conference/2010/04/you-are-my-hands?lang=spa

El élder Uchtdorf siempre me inspira.  Él tiene un don para expresar las cosas perfectamente.  Recuerdo un momento en que realmente necesitaba ayuda.  Acabábamos de mudarnos a una nueva casa.  Tenía un niño pequeño y 2000 cajas para desempaquetar, y mi esposo siempre estaba viajando.  Extrañaba a mis amigos y me sentía terriblemente sola.  Oré por fuerza, por ayuda, por cordura.  Y antes de que hubiéramos estado en nuestra nueva casa por una semana, cada uno de nuestros nuevos vecinos habían llegado para darnos la bienvenida.  Una chica dulce de mi Iglesia se ofreció para ser una asistente de madre.

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Y otra madre, al ver mi lucha, se llevó a mi niño por un día para que pudiera encontrar mi cocina de nuevo.  Su servicio todavía trae una sensación de calor a mi corazón cuando recuerdo cuán rápido fueron respondidas mis oraciones.  Ellas han respondido muchas veces más y de formas aún más grandes.  Pero nunca ha sido más evidente que un milagro en mi vida personal estaba siendo respondido a través de la gente.  El presidente Spencer W. Kimball (un profeta SUD) dijo: “El Señor contesta nuestras oraciones, pero por lo general es a través de otra persona que atiende a nuestras necesidades”.

Estoy muy agradecida por las muchas buenas personas de todas las creencias que han estado allí para mí cuando yo los necesitaba.  Que todos podamos recordarnos unos a otros y tratemos de ser esas manos celestiales en la vida de los demás.  Ya pasó la Navidad, pero ese espíritu de amor y gozo puede ser nuestro todo el año siempre y cuando nos mantengamos en busca de oportunidades para ser Sus manos.