Escapando el abismo de la sobrecarga: Cómo hacer tiempo para las cosas que más importan

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Como la mayoría de personas en estos días, valoro mucho mi tiempo. 

Esto puede parecer extraño, pero de vez en cuando me encuentro recordando mi cita favorita de Henry David Thoreau, el naturalista del siglo XIX más conocido por sus reflexiones sobre cómo llevar una vida sencilla. 

Thoreau advirtió contra la trivialización de la actividad del género humano cuando dijo: “No podemos matar el tiempo sin herir la eternidad”.

Ese es uno de los dichos más concisos que pueden malinterpretarse. ¿Thoreau estaba sugiriendo que cada minuto de cada día estuviera lleno de actividades? No lo creo. De hecho, creo que en el contexto de sus preferencias minimalistas él buscaba un uso más estratégico de nuestro tiempo.

En la actual epidemia del ajetreo y la sobrecarga, algunas personas se encuentran atrapadas en un perpetuo ciclo de actividades. Se quejan de ello, pero no saben cómo (o tal vez no quieren realmente) salir de eso.

Lo entiendo. Disfruto del subidón de endorfinas que recibo cada vez que tacho algo de mi lista diaria de tareas pendientes. Pero también he aprendido a evitar algunas de las trampas que podemos encontrar en el camino.

Aquí te comparto un ejemplo. 

palabra de sabiduría

En mi casa cuento con un excelente gimnasio. Tiene caminadora, una máquina para diferentes tipos de ejercicios de tonificación muscular, muchas mancuernas y otros dispositivos. Todo esto con un televisor de pantalla ancha y ventanas con vista a la hermosa zona boscosa que rodea nuestra casa.

¿Entonces, cuál es el problema? 

El problema es la demasiada conveniencia. Imagíname en la caminadora. De repente recuerdo un correo electrónico que necesito responder. Es demasiado fácil para mí subir las escaleras hacia mi oficina para escribir un correo electrónico.

Luego me distraigo con otra cosa en la computadora y… bueno, ya te puedes imaginar el resto. Vuelvo al “trabajo” y no regreso al gimnasio para terminar mi sesión de ejercicio.

Hay muchas soluciones para esto. Podría tomar la decisión de nunca hacer ejercicio y luego morir de una o más de las enfermedades que afectan a las personas sedentarios con sobrepeso.

¿Mi solución? Unos cuantos días a la semana me dirijo a un spa de salud que se encuentra a solo 335 segundos de mi casa. (Sí, lo he cronometrado).

depresión

En el spa, tengo acceso a más máquinas de ejercicios de las que podría usar, además de piscinas, una pista cubierta estupenda y un entrenador personal.

Incluso si pienso en un correo electrónico que necesito responder, siempre termino mi entrenamiento en el spa, disfrutando de todas las endorfinas que vienen de realizar los diversos ejercicios enumerados en mi iPhone.

Todo esto es para decir que he llegado a comprender qué es lo que funciona a favor y en contra de mis esfuerzos por manejar la atención que le doy a las cosas que más me importan.

Ahí es donde entra en juego mi amiga Juliet Funt. Ella es una experta (ese término se usa en exceso, pero ella realmente es una experta) en temas relacionados con la productividad personal y organizacional. Sus clientes van desde Spotify, National Geographic y Costco hasta Nike, Wells Fargo y ESPN.

Juliet Funt

Juliet compartió conmigo algunas ideas geniales para aumentar nuestra productividad y simplificar nuestras vidas. Ahora tiene un nuevo libro que aborda el tema a mayor profundidad. Se titula “Un minuto para pensar: reclamar la creatividad, conquistar negocios y hacer tu mejor esfuerzo” (“A Minute to Think: Reclaim Creativity, Conquer Business, and Do Your Best Work”).

Estas son algunas de mis conclusiones favoritas.

Vivimos en una época de sobrecarga

La tiranía de lo urgente nos somete a menudo a mil formas de presión y estrés cotidianos. Irónicamente (y peligrosamente) con frecuencia estamos demasiado ocupados para estar menos ocupados.

Una pausa estratégica puede ser nuestro mejor amigo

“Hacer pausas estratégicas entre cada momentos de la vida nos permite acceder a nuestro espacio vacío haciendo tiempo para pensar, reflexionar, descansar y desarrollar creatividad”.

Sin pausas estratégicas que nos ayuden a acceder a estos espacios vacíos o en blanco (espacio libre entre tareas), nuestros días se ven así: Trabajo, trabajo, trabajo y más trabajo.

Si nos damos tiempo para hacer una pausa, nuestros días se verán así: Trabajo, pausa, trabajo, pausa y así sucesivamente.

Esas pausas pueden darnos el tiempo necesario para actividades como estas: Trabajo, meditar, trabajo, planificar, trabajo, crear, trabajo, sentir, trabajo, recuperarnos, trabajo, divertirnos, etc.

Todo esto parece obvio, ¿no? Pero, como dice Juliet, la desafortunada realidad es que “encontramos, elegimos y estamos sujetos a un sinfín de actividades dentro de estos espacios abiertos críticos”.

Entonces, nuestros días se llenan de actividades que nos sobrecargan, tanto en nosotros como individuos y en nuestras organizaciones, que olvidamos que el espacio en blanco existe en primer lugar.

Los espacios vacíos o en blanco

El uso de espacios en blanco son para recuperarnos, tomarnos el tiempo necesario para reiniciar nuestro cuerpo y cerebro agotados. Utilizar esta pausa nos ayuda a reducir, dejar ir lo innecesario para hacer espacio para lo más importante.

Demasiada información nos roba la excelencia

Juliet expresó que “el conocimiento es bueno, pero los adictos a la información pueden caer en un pozo sin fondo de paneles, marcadores, hojas de cálculo e Internet”. Gran parte de la información que generamos ni siquiera se utiliza.

Preguntas clave

dudas en la Iglesia

Hacernos las siguientes preguntas pueden ayudarnos a comprender qué podemos dejar ir. 

¿Hay algo de lo que pueda deshacerme? 

¿Hasta qué punto debo exigirme? 

¿Qué es lo que en verdad necesito saber? 

¿Qué es lo que merece mi atención? 

¿Para qué cosa importante no estoy haciendo tiempo?

Le dije a Juliet que sus consejos son realmente buenos. La verdad es que sus ideas no son revolucionarias y ciertamente no son complicadas, pero son muy prácticas y eficaces.

Así que, te invito a buscar un espacio en blanco en tu vida, a respirar hondo y tomarte un minuto para pensar y relajarte.

Fuente: Meridian Magazine

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