El regreso de Matthew S. Holland al campus de Brigham Young University fue profundamente emotivo. El martes 20 de enero, durante un devocional, el Setenta Autoridad General compartió un mensaje marcado por el duelo y la fe.
Matthew Holland creció en BYU cuando su padre presidía la universidad en los años 80. Volver al campus, esta vez como orador, despertó recuerdos personales y sentimientos intensos. Todo ocurrió apenas semanas después del fallecimiento de su padre, el presidente Jeffrey R. Holland. Su madre había partido en 2023.
Durante su discurso, el éilder Holland habló del vacío que dejó su padre. Lo describió como su mejor amigo, además de su esposa e hijos. Dijo que su vida estuvo llena de su risa, su consejo y su apoyo constante.
Relató un momento que lo quebró. Al revisar su teléfono, se dio cuenta de que debía quitar el contacto de su padre de la lista de favoritos. Ese simple gesto le recordó que ya no volvería a recibir una llamada, un mensaje cariñoso o una corrección llena de amor.

Esa carga emocional lo alcanzó con fuerza una tarde. Sin embargo, más tarde esa noche, sintió un impulso claro. Abrió su ejemplar del Libro de Mormón donde lo había dejado días antes.
Leyó un pasaje que hablaba de aflicción, temor y oración sincera. Al hacerlo, se arrodilló y oró. Dijo que allí encontró la paz y la fortaleza que no había logrado sentir antes.
Explicó que el libro fue el medio, pero que el poder vino de Jesucristo. Para él, el Libro de Mormón existe para acercar a las personas al Salvador. Especialmente en momentos de dolor profundo.
Elder Holland enseñó que muchas historias del libro hablan de travesías por el desierto. Según explicó, eso ocurre porque Dios sabía que las personas enfrentarían desiertos personales. No siempre físicos, sino emocionales y espirituales.

Recordó enseñanzas recientes del presidente Dallin H. Oaks. Señaló que el Libro de Mormón repite varias veces que Cristo es el camino. Para él, ese mensaje es central y claro.
También usó una imagen ligada a la historia de BYU. Habló del Centro de Jerusalén, uno de los grandes legados de su padre. Desde allí se observan dos paisajes opuestos: la ciudad y el desierto.
Esa vista, dijo, enseña una verdad espiritual. Después de cada desierto, siempre existe una tierra prometida. Ninguna prueba es el final del camino.
El mensaje incluyó un recuerdo de su madre. Contó cómo ella se aferraba literalmente a las Escrituras en momentos difíciles. Más adelante, su hermana reunió decenas de ejemplares marcados por sus padres. Para él, esa imagen resume una vida guiada por la fe.

Antes de concluir, Elder Holland animó a los estudiantes a no ver sus pruebas como destinos finales. Dijo que los momentos de dolor son estaciones temporales. No son el lugar donde uno está destinado a quedarse.
Cerró con humor y cercanía. Recordó su paso por BYU, su vínculo con UVU y su cariño por ambas instituciones. Sin embargo, el mensaje central fue claro.
Cristo sigue siendo el camino. Incluso en medio del duelo. Y ningún desierto dura para siempre.
Fuente: Deseret News
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@masfe.org Hoy hablaremos de Esaú. Esaú fue el primogénito de Isaac, un gran cazador que un día, movido por el hambre, vendió su primogenitura a su hermano Jacob por un plato de lentejas. Más adelante, perdió también la bendición de su padre por no valorar lo que tenía. La enseñanza es clara: no podemos cambiar promesas eternas por satisfacciones momentáneas. Lo que hoy parece pequeño puede costarnos grandes bendiciones mañana #masfe #esau #historiasdelabiblia ♬ Vlog – wouldliker



