A veces los domingos pesan.
No por falta de fe, ni por desinterés. Pesan porque entras a un lugar donde sientes que todos ya se conocen, donde todos parecen hablar el mismo idioma espiritual, y tú no sabes bien dónde pararte. Saludan a otros con naturalidad, comentan cosas que tú no entiendes del todo y tú te preguntas si alguien notará que estás ahí.
Tal vez llegas a la reunión sacramental y nadie te saluda. O sí lo hacen, es rápido, sin mirarte mucho. Te sientas, cantas bajito, miras alrededor y sientes que no encajas. Y en medio de todo eso aparece una pregunta incómoda: ¿algún día seré parte de esto?
Esa sensación de ser un extraño no es rara. Le pasa a quienes regresan después de un tiempo lejos, a quienes llegan por primera vez, a quienes creen pero no se sienten “suficientes”, a quienes están cansados, confundidos o simplemente diferentes. También le pasa a quienes aman el Evangelio, pero no siempre aman cómo se sienten en la iglesia.

A veces creemos que para pertenecer hay que saberlo todo, decir lo correcto, vestir de cierta manera o vivir una fe sin grietas. Pensamos que primero hay que encajar y luego acercarse a Dios. Pero el Evangelio no funciona así.
Dios no te pide que .
No espera que finjas seguridad, que ocultes tus dudas o que sonrías cuando por dentro te sientes solo. Tampoco exige que seas igual a los demás ni que avances al mismo ritmo que ellos. Él no está esperando que te adaptes a un molde.
Lo único que te pide es que te acerques.

Acércate con tus preguntas, con tus silencios y con tu incomodidad. Hazlo incluso cuando no sabes muy bien por qué sigues yendo. Inténtalo aun si sientes que nadie te ve. Porque aunque otros no siempre lo noten, Él sí.
A veces la iglesia no se siente como hogar.
Esa sensación duele.
Sin embargo, el hogar no siempre se reconoce de inmediato. A veces se construye poco a poco, con pequeños momentos: una canción que te toca, una oración que sientes distinta, una frase que llega justo cuando la necesitas.
Quizá hoy no te sientas parte. Quizá sigas preguntándote si siempre te verán como alguien de afuera. Pero eso no define tu lugar ante Dios.

Para Él, siempre hay espacio.
Hay una silla disponible, hay tiempo suficiente y hay un lugar preparado para quien llega cansado, para quien duda, para quien vuelve o para quien todavía no sabe si quedarse.
Si ir a la iglesia te resulta difícil, no significa que estés fallando. Significa que estás intentando. Y a veces eso ya es un acto de fe.
No necesitas encajar para pertenecer.
Tampoco hace falta parecerte a los demás para ser amado.
Lo único importante es dar el paso y acercarte.
Y aunque el camino no siempre sea cómodo, Dios nunca te verá como un extraño.
Video relacionado
@masfe.org Que no se te pase la vida queriendo ser otra, eres hermosa, eres una hija de Dios, es momento de que lo creas ❤️🩹 #masfe #hijadedios #compararse #amorpropio ♬ sonido original – Masfe.org



