¿Se puede comenzar de nuevo cuando me he equivocado tanto? Esa quizá fue una de las preguntas que se hacía Dean Barnett hasta que conoció a los misioneros de la Iglesia de Jesucristo y, después de aprender el evangelio, tomó una decisión que cambiaría su vida: bautizarse.

En un reciente post de Facebook en su cuenta, Dean compartió con emoción:

«Hoy me bauticé… algo que he estado intentando hacer desde hace tiempo».

Esa frase, marcó el final de un largo proceso de cambio y a su vez, el inicio de una nueva vida enfocada en Cristo. Esta historia tan real nos recuerda cuál es la verdadera esencia del bautismo.

Empezar de nuevo sin borrar el pasado

Dean Barnett antes de entrar a las aguas del bautismo. Imagen: Post de Facebook de Dean Barnett

Muchos sabemos que el bautismo es el inicio de una nueva vida pero, a veces, muchos lo vemos como una varita mágica que hace desaparecer la culpa de los errores pasados. Pero en verdad, el bautismo no funciona así. Tal como expresó Dean:

«Eso no significa que me sienta mejor con mis pecados, porque no es así; siempre lamentaré los errores que he cometido en mi vida».

Su reflexión enmarca una de las verdades más profundas del Evangelio de Jesucristo: el arrepentimiento no borra la memoria, pero sí cambia el rumbo. Otro de los puntos destacados en el camino de conversión de Dean se encuentra en el cumplimiento de una promesa del Señor:

«He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz».

El Señor nunca dijo que hará como si el pasado no existiera, sino que hará algo nuevo a partir de él. Esa promesa nos dice que el bautismo no niega lo que fuimos, pero sí redime lo que viene después y Dean sintió esa promesa y lo resumió en una frase poderosa:

«Soy viejo, pero Dios prometió que puede hacer nuevas las cosas viejas, y así lo ha hecho en mí hoy».

El papel de los misioneros

Dean Barnett junto a los misioneros que le enseñaron en su bautismo. Imagen: Post de Facebook de Dean Barnett

Al continuar con su experiencia, Dean describe que su camino hacia el bautismo no fue automático ni sencillo, tal como dijo:

«Esto no fue simplemente entrar y decir: «Quiero ser bautizado».

Así como muchas personas que entran a las aguas bautismales, Dean tuvo un proceso, un tiempo de aprendizaje y momentos en lo que tuvo que ser perseverante. Y en ese camino, hubo misioneros que no se rindieron.

«Los misioneros fueron muy amables al no darse por vencidos conmigo, porque a veces puedo ser bastante difícil, pero no iban a dejarlos pasar por alto a la primera señal de problemas, por eso los llamo «Gánsteres por Jesús», recordó Dean.

Detrás de la broma, hay una verdad conmovedora: los misioneros creyeron en él incluso cuando él mismo no lo hizo. Eso también es parte del Evangelio restaurado. Caminar con otros mientras aprenden a caminar con Cristo es la marca de los verdaderos discípulos de Jesucristo.

El Salvador enseñó que el bautismo es el comienzo del camino estrecho y angosto, mas no es la meta final. Y para cruzar ese camino, muchas veces se necesita paciencia, amor y personas dispuestas a no soltar la mano a la primera señal de dificultad. En esta ocasión, esas personas fueron los fieles misioneros que acompañaron a Dean en su proceso.

Mirando hacia adelante

Dean Barnett junto a una hermana miembro de la Iglesia. Imagen: Post de Facebook de Dean Barnett

Quizá la parte más conmovedora de esta historia sea la perspectiva final de Dean en cuanto al bautismo. Para él, bautizarse no fue una promesa de no volver a caer, sino un compromiso de levantarse mirando a Cristo.

Es por eso que Dean escribe:

«¡Alabado sea Jesús, Santo Nombre!».

Esa alabanza afirma que su gratitud no nace de sentirse impecable, sino de sentirse renovado por el convenio. A partir de ahora, Dean camina mirando hacia adelante sientiéndose perdonado, aceptado y sostenido por un Salvador que no se avergüenza de sus errores pasados.

Lo más hermoso es que esta historia no es solo de Dean, sino es para cualquiera que cree que su pasado pesa demasiado. Si has pensado eso, la conversión de Dean te enseña que el bautismo no te dice: “Nunca te equivoques”. Sino: “Aun no ha terminado”.

Por que al final, el bautismo no hará que Cristo cambie lo que pasó, pero sí que transforme todo lo que aún puede ser en tu vida, tal como la transformación que está comenzando en la vida de Dean.

Fuente: Facebook Dean Barnett

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