Pregunta
La historia de las planchas de oro ocupa un lugar central en la fe de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Según lo que sabemos, el profeta José Smith obtuvo las planchas en el Cerro Cumorah en 1827 para traducir el Libro de Mormón. Después de la traducción, él devolvió las planchas al ángel Moroni, y desde entonces ya no están en la tierra.
Esto ha llevado a muchos a preguntarse: ¿por qué la Iglesia de Jesucristo nunca ha excavado para hallar la caja de piedra que contenía las planchas? Y, ¿por qué la piedra que las cubría no se exhibe en algún centro de visitantes de la Iglesia de Jesucristo?
Muchos se valen de esto para desacreditar la obra de la traducción del Libro de Mormón. Es por eso que a continuación, exploraremos las razones detrás de estas preguntas.
Respuesta

Para obtener una respuesta debemos comprender el contexto de la historia. La experiencia de José Smith revela que las planchas estaban ocultas en una caja construida con piedras y cemento, cubierta por una gran losa.
Dentro de esa caja no solo se encontraban las planchas, sino también el Urim y Tumim y un pectoral que se destinarían a apoyar en la traducción.
Las planchas estaban descritas como hechas de una aleación de oro y cobre, un material más ligero que el oro puro. Los testigos de las planchas incluso afirmaron que estas pesaban entre 18 y 27 kilos aproximadamente, y que estaban unidas por tres anillos.
Como sabemos, estas planchas contenían un registro antiguo que José tradujo por el don y el poder de Dios, dando origen al Libro de Mormón.
Este registro relataba la historia de los nefitas y lamanitas, pueblos descendientes de la familia de Lehi que salió de Jerusalén alrededor del año 600 a.C., e incluía enseñanzas centrales sobre Jesucristo.
Hasta ahí todo claro.
¿Dónde están ahora?

Aquí es donde viene el cierre de la historia. Después de completar la traducción, José Smith declaró que devolvió las planchas al ángel Moroni.
Y específicamente en ese momento es donde surge la pregunta natural: si estuvieron en una caja de piedra en el Cerro Cumorah, ¿por qué la Iglesia de Jesucristo no intenta localizarla y exhibirla?
La respuesta se encuentra sencillamente al recordar el propósito mismo de las planchas.
Si leemos la historia de José Smith, recordaremos que las planchas no fueron entregadas para convertirse en una reliquia arqueológica o en una pieza de museo. Tal como lo advirtió el ángel Moroni:
“Añadió una advertencia, diciéndome que Satanás procuraría tentarme a que obtuviera las planchas con el fin de hacerme rico. Esto él me lo prohibió, y dijo que, al obtener las planchas, no debía tener presente más objeto que el de glorificar a Dios”.
El propósito de las planchas solo fue servir como fuente del Libro de Mormón. Una vez cumplida esa misión, fueron retiradas por esa razón.
El mundo y la necesidad de evidencias

Por más que nosotros entendamos ese propósito detrás del motivo para retirar las planchas, hay muchos que no lo comprenden ni lo querrán comprender.
Para muchos, la ausencia física de las planchas genera dudas. Sin embargo, la Iglesia de Jesucristo enseña que el testimonio del Libro de Mormón no depende de evidencia arqueológica, sino de algo mayor: revelación personal.
Esto se debe a que, como declaró el profeta Alma hijo:
“Como dije acerca de la fe, que no era un conocimiento perfecto”.
Sus palabras nos recuerdan que la fe no se basa únicamente en pruebas tangibles, sino en una convicción espiritual que llega mediante la oración, el estudio y la experiencia personal con Dios.
En ese sentido, desenterrar una caja vacía, si es que aún estuviera allí, no cambiaría en nada la verdad del mensaje del Libro de Mormón.
Contexto histórico y cultural

Ahora, para los que aún no se quedan satisfechos y quieren evidencias, puede que les resulte interesante saber lo que algunos investigadores afirman.
Ellos señalan que escribir en láminas metálicas era algo común en la antigüedad. Un ejemplo citado con frecuencia es el Etruscan Gold Book, descubierto en Bulgaria, que demuestra que existieron registros antiguos grabados en metal.
Quizás te preguntes, pero ¿qué tiene que ver eso con el Libro de Mormón? Pues bueno, aunque saber estos hallazgos no “prueban” el Libro de Mormón, sí muestran que los registros en metal sí existían en el mundo antiguo.
Entonces, ¿por qué no excavar para hallar la caja? Porque simplemente el centro del mensaje no es la caja de piedra, ni una pieza de exhibición. El centro es el mensaje del Libro de Mormón y la invitación a buscar una confirmación espiritual propia.
Para quienes creen, las planchas cumplieron su propósito. Para quienes dudan, la pregunta sigue abierta. Pero en ambos casos, el desafío es decidir si ver la historia desde la curiosidad arqueológica o desde la búsqueda espiritual. La decisión es tuya.
Fuente: Ask Gramps



