En los últimos años, el reiki se ha vuelto cada vez más popular en Latinoamérica. Muchas personas lo presentan como una forma de sanación emocional, física o espiritual. A simple vista, puede parecer familiar. Alguien coloca las manos sobre otra persona, hay silencio, hay intención y hay fe en que algo cambiará.

Por eso, algunos se hacen una pregunta válida

¿Es lo mismo que la imposición de manos que se practica en el Evangelio?

La respuesta es clara. Aunque externamente pueden parecer similares, su origen, propósito y poder son completamente diferentes.

El origen marca la diferencia

Aunque puedan parecer similares en forma, la fuente de donde proviene cada práctica cambia completamente su significado. Imagen: Canva

El reiki es una práctica desarrollada en Japón a inicios del siglo XX por Mikao Usui. Se basa en la idea de que existe una energía vital universal que puede canalizarse a través de las manos para promover relajación y bienestar.

Instituciones médicas como el National Center for Complementary and Integrative Health de Estados Unidos explican que el reiki se clasifica como una terapia complementaria y que la evidencia científica disponible es limitada y no concluyente respecto a efectos más allá de la relajación y la reducción del estrés.

Es importante aclarar algo. Muchas personas que recurren al reiki no lo hacen por rebeldía espiritual, sino buscando alivio o paz. En ese sentido, no se trata de etiquetarlo como algo malo, sino de entender que pertenece a un marco distinto, con fundamentos diferentes al Evangelio restaurado.

No depende de la autoridad de Dios, no forma parte de ordenanzas sagradas, tampoco está vinculado al sacerdocio.

En cambio, la imposición de manos dentro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene un origen completamente distinto.

No es una técnica. Es una ordenanza que no se basa en una energía impersonal, sino en el poder de Dios.

No es la mano, es la autoridad

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La imposición de manos no actúa por intención humana, sino por el poder divino conferido por el sacerdocio. Imagen: La Iglesia de Jesucristo

En el evangelio, la imposición de manos no funciona por la persona que la realiza, ni por su concentración, ni por su intención personal. Funciona por la autoridad del sacerdocio.

Doctrina y Convenios enseña que los élderes “pondrán las manos sobre los enfermos, y sanarán” (DyC 42:43).

El poder no proviene del hombre. Proviene de Jesucristo.

Esa diferencia cambia la perspectiva. No se trata de canalizar una energía impersonal, sino de actuar como instrumento autorizado en el nombre del Señor. El centro no es la capacidad humana, es la voluntad de Dios.

El propósito también es diferente

Mientras una práctica busca canalizar energía, la otra busca alinearse con la voluntad de Dios. Imagen: Canva

El reiki, según quienes lo practican, busca facilitar bienestar mediante la canalización de energía. Muchas personas lo describen como una experiencia de relajación profunda.

Por otro lado, la imposición de manos en el Evangelio busca alinearse con la voluntad de Dios. Y eso implica algo clave.

No siempre el propósito es sanar el cuerpo. Siempre es sanar el alma.

A veces la bendición trae sanidad física, otras veces trae paz y otras trae fortaleza para soportar. Pero siempre trae ayuda divina. Porque el enfoque no está en controlar el resultado, sino en confiar en Dios.

Desde afuera, ambas prácticas pueden verse respetuosas y sinceras. Pero espiritualmente operan en marcos distintos. Una pertenece al ámbito de terapias complementarias. La otra es una ordenanza del sacerdocio dentro de un sistema de convenios.

Una invitación a discernir

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En medio de muchas propuestas espirituales, el Evangelio ofrece una guía clara sobre dónde encontrar el verdadero poder sanador. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Reconocer diferencias no implica descalificar. Cada persona es responsable de sus decisiones y procesos. Eso habla de una necesidad humana real de sanación y esperanza.

Al mismo tiempo, es importante entender que estamos hablando de marcos espirituales distintos. El reiki se presenta como una práctica complementaria orientada al bienestar. La imposición de manos en el Evangelio es una ordenanza ejercida por autoridad del sacerdocio dentro del plan de salvación.

No cumplen el mismo propósito ni descansan en la misma fuente.

Para quienes creemos en la Restauración, el poder de la imposición de manos no radica en la técnica ni en la intención personal, sino en Jesucristo. Y eso es algo que no deberíamos perder de vista.

En un mundo con muchas propuestas espirituales, podemos mantener respeto por los demás y, al mismo tiempo, recordar dónde hemos aprendido que está el poder divino.

La invitación no es a comparar desde la crítica, sino a valorar y recordar el don que ya tenemos.

Porque más allá de cualquier práctica, nuestra confianza está puesta en el Salvador y en la autoridad que Él ha establecido.

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