En una clase del quórum de élderes, surgió una pregunta directa:

¿Qué pasa cuando no estamos de acuerdo con el profeta?

Algunos respondieron que siempre debemos seguirlo. Otros admitieron que hay momentos en los que han sentido dudas o desacuerdo. Y esa conversación reflejó algo que muchos hemos vivido en silencio. Ser miembros de la Iglesia no elimina automáticamente las preguntas. A veces las hace más profundas.

En esos momentos, es fácil justificar nuestra resistencia. Recordamos que los profetas son humanos. Decimos que seguimos a Cristo, no a hombres. Pensamos que debemos seguir nuestra propia conciencia. Y es cierto que esas ideas tienen algo de verdad.

Pero también existe otra verdad que el Señor ha enseñado desde el principio. Él guía a Su pueblo por medio de profetas.

Cada uno decide cómo responder ante ese principio.

Seguir al profeta es una forma de protección espiritual

Imagen: Canva

El Señor declaró:

“Darás oído a todas sus palabras… porque al hacerlo, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros” – Doctrina y Convenios 21:4–6.

Esta promesa no habla de perfección humana. Habla de protección divina. El presidente Henry B. Eyring lo explicó con una imagen clara

“El mejor momento para decidir ayudar a Noé a construir el arca fue la primera vez que lo pidió… cuando empezó la lluvia, ya era demasiado tarde”.

Muchas veces, el valor del consejo profético no se entiende al principio. Se entiende después. Jesucristo mismo lamentó que Su pueblo rechazara a los profetas, diciendo

“¡Cuántas veces quise juntaros… y no quisiste!” – Mateo 23:37.

Seguir al profeta es una manera de acercarnos a Cristo, porque Él es quien lo llamó.

El desacuerdo también puede ser parte de nuestro crecimiento

Imagen: masfe.org

Cuando algo nos cuesta aceptar, tenemos una opción. Podemos alejarnos, o podemos acercarnos más a Dios.

Las preguntas sinceras pueden convertirse en experiencias que fortalezcan nuestra fe, si nos llevan a buscar respuestas en oración. El Señor enseñó que debemos recibir Su palabra

“con toda paciencia y fe” – Doctrina y Convenios 21:5.

La paciencia implica que no siempre entenderemos todo de inmediato. Y la fe implica que confiamos incluso mientras seguimos aprendiendo. 

No todo conflicto espiritual es señal de debilidad. A veces es señal de que estamos creciendo.

La humildad nos ayuda a confiar más en Dios que en nosotros mismos

salvador; jesuscristo; jesús; redentor; buen pastor; príncipe de paz
Imagen: Pinterest

El Señor declaró

“Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos”  – Isaías 55:8–9.

Y también

“Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” – Proverbios 3:5.

Esto no significa dejar de pensar. Significa reconocer que nuestra perspectiva es limitada.

A veces, el mayor acto de fe es aceptar que Dios ve cosas que nosotros todavía no vemos.

Dios trabaja por medio de personas imperfectas

Imagen: Masfe

Una de las realidades más importantes del Evangelio es que los profetas son humanos. El élder M. Russell Ballard enseñó

“Nuestros líderes tienen las mejores intenciones, pero a veces cometen errores… La gracia del Señor permite que Su obra avance por medio de mortales.”

Y el élder Jeffrey R. Holland declaró

“Excepto Su Hijo perfecto, las personas imperfectas son todo lo que Dios ha tenido para trabajar.”

Esto nos enseña que nuestra fe no está en la perfección del profeta. Está en la perfección de Jesucristo. Es Su expiación la que sostiene Su obra.

Seguir al profeta trae paz, incluso cuando no entendemos todo

frustrar satanás
Imagen: Canva

Es normal tener preguntas. Es válido reconocer que hay cosas que todavía no comprendemos. Pero también podemos elegir algo más. Podemos elegir sostener al profeta mientras seguimos buscando entendimiento.

El Señor es un Dios de orden. Él dirige Su Iglesia. Y cuando confiamos en ese orden, algo cambia dentro de nosotros. 

Recibimos paz. No porque tengamos todas las respuestas. Sino porque confiamos en Aquel que sí las tiene.

Al final, seguir al profeta no se trata de perder nuestra identidad. Se trata de permitir que Jesucristo nos guíe, incluso cuando el camino requiere fe.

Recursos: Leading Saints 

Video relacionado

También te puede interesar