La Biblia no siempre tiene historias bonitas de fe y amor. Algunas de ellas, tuvieron finales trágicos pero que, al analizarlas bien, reflejan lecciones necesarias para nuestra vida y una de ellas es precisamente la historia de la mujer de Lot.

Un versículo que casi todos recuerdan nos dice que, mientras huían de Sodoma, ella hizo lo que no debió:

«Entonces la esposa de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal». (Génesis 19:26)

Por años muchos hemos leído ese relato y quizá hemos pensado: qué error tan tonto. Si el Señor te dice que no mires atrás, pues no miras y ya. Pero si somos honestos, la verdad es que nosotros también miramos atrás y más seguido de lo que creemos.

No fue solo mirar atrás, fue una duda

dudas fe
El error de la esposa de Lot no fue su desobediencia sino no confiar en que Dios podía ofrecerle algo mejor. Imagen: Canva

 

Primero empecemos definiendo cuál fue el verdadero problema de la esposa de Lot. Aunque no lo creas no fue solamente voltear la cabeza sino algo más importante.

El élder Jeffrey R. Holland enseñó:

“Una forma más teológica de referirnos a la mujer de Lot sería decir que no tuvo fe. Ella dudó de la capacidad del Señor para darle algo mejor de lo que ya tenía. Aparentemente, pensó—fatalmente, de hecho— que nada de lo que estaba por venir podría ser tan bueno como esos momentos que estaba dejando atrás”.

Eso cambia todo el panorama de los hechos. No se trataba solo de su desobediencia sino de no confiar en que Dios podía ofrecerle algo mejor que lo que estaba perdiendo.

Y ahí es donde la historia toma un giro inesperado hacia nosotros. ¿Cuántas veces hemos dudado que lo que está adelante sea mejor de lo que dejamos atrás? 

Cuando idealizamos el pasado

hermana nelson
Vivir anclados en lo que hay atrás nos impide avanzar. Imagen: Canva

Una de las formas en las que llega la duda de la mujer de Lot a nosotros es cuando romantizamos lo que fue y ya no será ya sea esa relación que terminó, ese trabajo que ya no tenemos, esa etapa de la vida que parecía más simple, esa ciudad donde “todo era mejor”, etc.

Con el tiempo, nuestra memoria se vuelve selectiva. Suaviza los conflictos y exagera los momentos felices. Y sin darnos cuenta, empezamos a comparar nuestro presente imperfecto y en construcción con nuestro pasado marcado por la nostalgia.

Jesús, sabiendo que estas cosas pasarían, enseñó algo al respecto:

“Ninguno que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios”.

Quizás sus palabras suenen fuertes pero eso no quiere decir que recordar sea malo, sino que vivir anclados en lo que hay atrás nos impide avanzar.

A veces Dios nos saca de “Sodoma” no para castigarnos, sino para salvarnos. Pero si seguimos convencidos de que en Sodoma estaba lo mejor, nunca abrazaremos lo nuevo.

Cuando no soltamos las heridas

sufrimiento depresión
Perdonar no significa aceptar que lo ocurrido estuvo bien pero sí que elegimos no quedarnos en el pasado. Imagen: Florian Gaertner, Getty Image

Otra manera silenciosa de mirar atrás es aferrarnos al dolor como una ofensa pasada, una traición que duele perdonar o incluso una decisión que alguien más tomó y que cambió nuestro rumbo.

Cuando eso pasa podemos elegir dos cosas: Podemos escoger pasar años reviviendo lo que pasó cada día en nuestra mente. Podemos ir cada noche a dormir imaginando lo que debimos haber hecho o dicho. Pero, ¿eso es vida?

Cda vez que hacemos eso, es como si volviéramos a mirar atrás. En cuanto a esto, el Señor fue claro y expresó:

“Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres”.

Perdonar no significa aceptar que lo ocurrido estuvo bien pero sí que elegimos no quedarnos solo en ese momento porque cuando no soltamos, el pasado nos gobierna.

Cuando nos enfocamos en las comparaciones

redes sociales
Imagen: Canva

Aunque suene extraño, mirar atrás también puede significar mirar alrededor y compararnos con los demás.

En nuestro contexto de vida, las redes sociales nos muestran versiones editadas de la vida de otros: matrimonios perfectos, éxitos constantes, felicidad y victoria ajena. Y sin darnos cuenta comenzamos a pensar que algo está mal con nuestra propia vida.

Esa es una herramienta sutil de Satanás tal como lo advirtió el élder Peter M. Johnson:

«Finalmente, el adversario desea que nos desanimemos. Podemos desanimarnos al compararnos con los demás o al sentir que no estamos viviendo de acuerdo con lo que se espera de nosotros».

¿Por qué las comparaciones son tan peligrosas? Pues simplemente por que cuando nos comparamos, estamos diciendo implícitamente: “La manera en que Dios está escribiendo mi historia no es suficiente.”

Eso, en el fondo, también es una forma de mirar atrás o hacia otro lado como la esposa de Lot, en vez de confiar en el camino que el Señor está trazando específicamente para nosotros.

Cuando dudamos que lo mejor esté adelante

La esposa de Lot dudó que el futuro pudiera ser mejor y a veces, eso nos pasa a nosotros también. Imagen: Canva

Tal vez la lección más profunda de la esposa de Lot es esta: ella dudó que el futuro pudiera ser mejor. Y a veces nosotros también pensamos igual, aunque no lo digamos en voz alta.

Quizá algunos nos repitamos estas frases en nuestro interior:

  • Mi mejor etapa ya pasó.
  • Después de lo que ocurrió, nada volverá a ser igual.
  • Ya no tengo las mismas oportunidades.

Para aquellos con esa clase de pensamiento, resulta de ayuda recordar esta promesa del Señor:

“He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz”.

Dios es un Dios de futuro y de restauración. Él siempre brinda segundas oportunidades pero cuando miramos atrás añorando lo que pasó de forma constante, es como si le dijéramos que el pasado es más poderoso que su promesa. Eso no es fe.

Entonces, ¿cómo dejamos de mirar atrás?

hombre mirando al cielo
El pasado puede enseñarte pero no debe definir tu presente. Imagen: Canva

Dejar de mirar atrás no se trata de fingir que nada te dolió ni de borrar tus recuerdos sino que se trata de decidir, cada día, dónde vamos a enfocar nuestro corazón. Lo primero que puedes hacer es admitir cuando el resentimiento todavía vive en ti, pedir ayuda cuando las comparaciones te quitan la paz u orar cuando el miedo al futuro te paraliza.

Luego esfuérzate por creer que, aunque lo que dejaste atrás fue significativo, no era lo máximo que Dios tiene para darte. La parte más triste de la historia de la mujer de Lot fue que al final se convirtió en una estatua de sal mientras su esposo avanzaba. Y quizá nos espere un destino igual de triste si vivimos anclados en el pasado.

Ahora, tal vez el Señor ya te ha pedido que dejes atrás algo: una relación, un hábito, un rencor, o una versión antigua de ti mismo. Y aunque creas que sea muy difícil soltar, puedes elegir confiar en que lo que viene será mucho mejor que lo que dejas.

No permitas que la nostalgia, el orgullo o el resentimiento te inmovilicen como la mujer de Lot. El pasado puede enseñarte pero no debe definirte. Dios todavía está escribiendo tu historia. Y, si decides confiar, lo que viene puede ser mucho más especial.

Fuente: Meridian Magazine

Video relacionado

También te puede interesar