Desde hace tiempo la gente repite una idea sencilla pero poderosa: los ojos son la ventana del alma. En mi niñez nunca entendí esa frase, pero ahora comprendo que en realidad los ojos no mienten.

Por ejemplo, piensa en esto: le preguntas a alguien que conoces si está bien y te responde que sí, pero sus ojos muestran lo contrario. ¿Te ha pasado? Esto se debe a que nuestros ojos muestran lo que nuestro corazón intenta esconder.

Al ver bien los ojos, nuestros sentimientos son más notorios: la alegría, el cansancio, el dolor, la esperanza, etc. Pero ahora imagina algo por un momento.

¿Cómo sería mirar directamente a los ojos de Jesucristo? ¿Qué vería Él cuando mirara tus ojos?

Cristo ve lo que nadie más ve

Jesucristo veía a cada persona de manera individual. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Las escrituras nos muestran pequeños momentos en el que Cristo miró a las personas. Por ejemplo: Cristo vió al ciego sentado al borde del camino, a la mujer que tocó el borde de Su manto, a Zaqueo escondido en un árbol e incluso a Pedro después de haberlo negado.

En cada uno de esos momentos, el vió a cada persona de manera individual y aunque muchos de ellos eran rechazados por la sociedad, Cristo los miraba con ternura porque conocía a las personas más allá de lo que los demás veían.

Los Santos de los Últimos Días creemos que la capacidad de Cristo de mirar con compasión se debe a Su sacrificio por todo el mundo ya que Su sufrimiento le permitió experimentar nuestras luchas.

El Libro de Mormón describe esto de forma conmovedora:

“Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases… a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo”.

Eso significa que nada de lo que sientes le resulta extraño a Cristo ya sea tu miedo, culpa o incluso tu soledad. Todo esto que sientes, ya lo sintió Él. Y aun así, te mira con amor.

El valor de tu alma en Sus ojos

jesus abrazando a un joven
Cuando Cristo te mira, no ve una persona ordinaria sino ve un hijo o hija del Padre Celestial. Imagen: Bing AI

Vivimos en un mundo que lamentablemente mide el valor de las personas por factores externos y materiales como el «éxito», dinero, seguidores en las redes sociales, apariencia, logros, etc. Pero, ¿en verdad nuestro valor depende de eso?

En cuanto a esto el evangelio nos recuerda que nuestro verdadero valor no está en el exterior ni en las apariencias sino en nuesttro interior. Tal como enseñó el mismo Salvador:

“Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios”.

No dice que el valor de las «almas exitosas o perfectas» es grande. Dice simplemente: las almas. Eso te incluye a ti. Esta verdad es cierta ya que, como creemos, Dios es el Creador de nuestras almas y por tanto, adquirimos un valor único para Él.

«El Padre Celestial sabe cuál es tu verdadero valor porque Él comprende tus deseos y las características de tu espíritu», (Liahona Septiembre de 2018)

Eso significa que cuando Cristo te mira, no ve una persona ordinaria sino ve un hijo o hija del Padre Celestial con potencial eterno.

Cristo ve lo que estás intentando hacer

hombre mirando al cielo
Para Cristo, lo más importante son tus esfuerzos, no tu «perfección». Imagen: Canva

A veces hay momentos en los que recordamos nuestras caídas más que nuestros esfuerzos y pensamos en lo que «aún no somos» en lugar de reconocer cuánto hemos avanzado. Para esas personas, la mirada de Cristo también les puede brindar consuelo.

Aunque tus limitaciones o errores sean grandes, Cristo ve algo más completo. Él ve:

  • esa oración que hiciste cuando tenías dudas.
  • tu intento por ser mejor hoy.
  • el momento en que elegiste la paciencia en vez de enojarte.
  • ese pequeño acto de bondad tuya que nadie más notó.

Esas cosas tal vez parecen pequeñas para nosotros pero para Él no lo son.

El élder Jeffrey R. Holland lo expresó de manera hermosa:

“Recuerden, mañana y todos los días después, que el Señor bendice a aquellos que desean mejorar”.

Para Cristo, lo más importante es la dirección en la que estás yendo. Si esa dirección te lleva a la perfección, no importa si aún no eres perfecto ahora.

Ver a los demás con los ojos de Cristo

Si aprendemos a ver a los demás con más compasión, los ojos de Cristo transforman nuestra perspectiva. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Ahora, ¿qué pasaría si por un momento pudiéramos ver a las personas como Cristo las ve?

El compañero de trabajo difícil, la persona que parece distante o el vecino que apenas conocemos. Cada uno de ellos tiene una historia que no vemos pero Cristo sí.

Cuando los vemos como Cristo, notaríamos la lucha espiritual detrás de una sonrisa, el cansancio de un padre que intenta hacerlo lo mejor posible y la fe de alguien que sigue adelante a pesar del dolor.

Quizás entonces entenderíamos por qué el Salvador enseñó:

“Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso”.

Si aprendemos a ver a los demás con más compasión, los ojos de Cristo transforman nuestra perspectiva. Algún día todos estaremos frente al Salvador. Y cuando eso ocurra, Sus ojos estarán llenos de comprensión, verdad y amor. Hasta entonces, la pregunta es esta: ¿Cómo puedes aprender a mirar a los demás como Cristo te mira?

Fuente: Meridian Magazine

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