Lo que nos hace dignos a los ojos del Padre Celestial

Elder Andersen padre celestial

Todos sabemos que nuestro Padre Celestial nos ama.

Pero decir que simplemente nos ama no se acerca a la comprensión total de la relación de Dios con el Hombre. Nuestro Padre Celestial ha declarado en referencia a la humanidad que “ni un cabello de su cabeza caerá a tierra inadvertido” (DyC 84: 116) y que toda Su obra y gloria es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1: 39).

Podemos incluso entender esto, pero ¿sabemos por qué somos dignos de esta gran atención y cuidado?

Comparado con Dios, el hombre no es nada y, sin embargo, somos todo para Él debido a Su amor por nosotros.

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El hombre no es nada

Dentro del universo visible, hay dos billones de galaxias.

Déjame repetir eso.

Dentro del universo visible, hay 2,000,000,000,000 de galaxias. Dentro de cada galaxia, se estima que hay 100,000,000 de estrellas. Sabemos que alrededor de estas estrellas hay innumerables sistemas solares aún desconocidos para la humanidad, y dentro de estos sistemas hay una infinidad de mundo.

Incluso esto no es más que un pequeño vistazo a las creaciones de Dios. El Padre Celestial le dijo a Moisés en la cima de la montaña que “ningún hombre puede contemplar todas [Sus] obras sin ver toda [Su] gloria; y ningún hombre puede ver toda [Su] gloria y después permanecer en la carne sobre la tierra” (Moisés 1:5).

Y estos son solo Sus mundos. Cuando se trata de Sus hijos, el Padre Celestial los describe como innumerables como las arenas del mar. Esas son muchas personas que cuidar.

Siempre ha sido interesante para mí, que para describir a Sus hijos, el Padre Celestial usa la metáfora de “arenas del mar”. Las arenas del mar no solo son innumerables, sino que la arena y la tierra no tienen ningún valor. No tiene un valor monetario, no tiene un valor estético, y es tan común que se encuentra en todos lados.

El rey Benjamín entendió este punto cuando habló en su sermón final. Describió a la humanidad como “el polvo de la tierra”. El polvo se somete a la voluntad del Padre, pero a veces nosotros no hacemos lo mismo, lo que nos lleva a la conclusión de que el polvo es más digno de estar en la presencia de Dios que nosotros.

Sin el amor del Padre Celestial, no tenemos valor.

El hombre lo es todo

nobles y grandes

Es por eso que la expiación del Salvador es tan importante.

Antes de la Expiación, éramos simplemente creación. Es cierto que tenemos espíritus que habitan nuestros cuerpos, pero sin la capacidad de arrepentirnos y progresar en la vida mortal, no hubiéramos sido diferentes a la arena del mar.

Sin embargo el Padre Celestial, en Su infinito amor, envió a Su Hijo a morir por nosotros.

¿Te imaginas enviar a tu hijo a morir por un puñado de arena? 

La diferencia está en que la arena no tiene el potencial para progresar, pero nosotros , y es por ese potencial que el Padre Celestial envió a Su Hijo Unigénito. Aún somos como el polvo de la tierra, pero a través de la expiación de Cristo, tenemos la capacidad de ser mucho más.

Sobre este principio, el presidente Uchtdorf dijo lo siguiente:

“Ésta es la paradoja del hombre: comparado con Dios, el hombre no es nada; no obstante, somos todo para Dios.

Mientras que al compararnos con la creación infinita podríamos aparentar que no somos nada, tenemos una chispa de fuego eterno que arde dentro de nuestro pecho.

A nuestro alcance tenemos la incomprensible promesa de la exaltación, de mundos sin fin; y el gran deseo de Dios es ayudarnos a lograrla.

Eso es lo que nos hace más que arena. El amor de nuestro Salvador nos transformó de la creación a la posibilidad, y por eso y más, merece nuestro amor incomparable.

¿Qué hacemos con este amor?

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Nos convertimos en algo más que arena.

Leemos nuestras escrituras. Oramos. Vamos a la Iglesia, cumplimos con nuestros llamamientos y magnificamos nuestros dones y talentos. Amamos a nuestro prójimo, porque si merecemos el amor y cuidado de Dios, ellos también lo merecen.

Enseñamos a nuestros hijos y los ayudamos a crecer, porque a través de nosotros nuestro Padre Celestial los ayuda a alcanzar su potencial divino.

Y al final de nuestras vidas, pido para que todos podamos mirar hacia atrás con ojos agradecidos, que hicimos algo con el amor y la devoción que el Padre Celestial nos ofreció, cuyo amor nos ayudó a ser mucho más que arena.

Este artículo fue escrito originalmente por Logan Groll y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “What Makes Us Worthy In Heavenly Father’s Eyes

| Fe en Jesucristo
Publicado por: *Sabina Mujica Estrada
Graduada de Turismo, Hotelería y Gastronomía, apasionada por los libros y los idiomas, profesional armando rompecabezas.
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