Durante las últimas semanas, quienes siguen el programa de estudio Ven, Sigueme de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días han pasado tiempo analizando las historias de Abraham, Isaac y Jacob. Los materiales del manual destacan que estos relatos son, en esencia, historias sobre convenios.

Al observar en conjunto las vidas de Abraham, Sara, Agar, Isaac, Rebeca, Jacob, Lea, Bilha, Raquel y Zilpa, se puede ver una narrativa continua sobre la relación entre Dios y los patriarcas y matriarcas de la tradición judeocristiana. 

En estos relatos, Dios se involucra directamente en la vida de personas reales y establece convenios individuales con ellas. A través de estas interacciones divinas, se forma una relación especial cuyo propósito final es bendecir, o santificar, a toda la creación.

La historia de Abraham y Sara es una de las más hermosas en las escrituras. Imagen: másfe.org

Lejos de la imagen de un Dios estrictamente legalista o celoso que algunos, como Marción, creyeron ver en el Antiguo Testamento, el Dios que aparece en las historias de Abraham, Isaac y Jacob se muestra paciente, cercano y comprometido a lo largo de varias generaciones. Es un Dios que se encuentra con las personas en su realidad y las guía gradualmente hacia algo nuevo.

Esto resulta especialmente significativo cuando observamos el tipo de familias que aparecen en estos relatos. Las dinámicas familiares en Génesis están lejos de ser perfectas. De hecho, la Biblia hebrea presenta estas historias con total honestidad, mostrando tanto las virtudes como las debilidades de sus protagonistas.

Por ejemplo, Abraham, a petición de Sara, expulsa de su hogar a Agar y a su hijo Ismael, sabiendo que ambos quedarían en peligro en el desierto.En otros momentos, Abraham e Isaac presentan a sus esposas, Sara y Rebeca, como si fueran sus hermanas, permitiendo que hombres poderosos intenten casarse con ellas para proteger sus propias vidas (Génesis 12:10-20; 20:1-14; 26:1-11; compárese con Abraham 2:22-25).

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Las tensiones familiares también se evidencian en los conflictos entre Sara y Agar, así como entre Lea, Raquel, Bilha y Zilpa. En estas historias aparecen rivalidades relacionadas con la maternidad, el estatus social y el amor de Jacob (Génesis 16:5-6; 21:10; 29:30-30:22).

Otra historia compleja ocurre cuando Rebeca y Jacob conspiran para engañar a Isaac, ya anciano y casi ciego, para que otorgue a Jacob la bendición del primogénito. El engaño funciona, pero provoca un profundo resentimiento en Esaú, quien amenaza con matar a su hermano. Jacob huye entonces a Harán y permanece allí durante años. El propio relato deja ver que la relación entre Esaú y su madre quedó dañada de forma permanente.

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Imagen: Canva

Las tensiones continúan en la siguiente generación. Rubén tiene relaciones con Bilha, la sierva de Raquel y una de las esposas de su padre. Más adelante, los hermanos de José lo venden como esclavo por celos.

Debido a que los Santos de los Últimos Días suelen enfocarse en los convenios presentes en estas historias, puede ser fácil pasar por alto estos episodios familiares difíciles. Sin embargo, esas situaciones también forman parte esencial del mensaje del libro de Génesis.

En realidad, los relatos no solo tratan sobre convenios; también tratan sobre familias. Génesis muestra claramente que los convenios se transmiten precisamente a través de familias, con todas sus complejidades. Ambos temas están profundamente conectados.

Imagen: masfe.org

Al leer estas historias con atención surge una idea poderosa: la obra de Dios continúa avanzando incluso en medio de familias imperfectas.

Por ejemplo, aunque Abraham es recordado como el padre de muchas naciones, el texto sugiere cierta distancia en su relación con sus hijos. Ismael e Isaac se reúnen para enterrarlo, pero no hay registros de que Abraham volviera a hablar con Ismael después de enviarlo al desierto. Tampoco se menciona un encuentro posterior con Isaac después del episodio conocido como la Akedah o “la atadura” en el monte Moriah (Génesis 22).

Algo similar ocurre con Jacob. Aunque recibió las promesas del convenio (Génesis 28:10-15; 32:24-30), pasó gran parte de su vida adulta separado de su hermano Esaú (Génesis 31:38; 33:12-17). Incluso después de su reconciliación, el académico Michael Austin sugiere que Jacob parece más interesado en evitar el conflicto que en restaurar plenamente la relación. De hecho, los descendientes de Esaú, los edomitas (Génesis 32:3; 36:1), aparecen posteriormente como rivales de Israel.

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Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

También las relaciones entre Agar, Bilha y Zilpa revelan tensiones vinculadas a la práctica cultural de entregar una sierva al esposo para tener hijos. Aunque estas mujeres forman parte del plan del convenio (Génesis 16:7-12; 49), el sistema social de la época generó rivalidades y situaciones dolorosas que afectaron a sus hijos y a las generaciones posteriores.

Sin embargo, incluso cuando estos conflictos no se resolvieron completamente, el plan de Dios siguió adelante. Esa es una de las enseñanzas más esperanzadoras de estos relatos.

Las historias de Génesis sugieren que no es necesario tener una familia perfecta para participar en los convenios de Dios. Las familias del convenio también enfrentan divisiones, distancias y conflictos. Algunas personas pueden sentirse expulsadas o marginadas dentro de su propia familia. Otras experimentan tensiones entre hermanos, padres e hijos, o desacuerdos relacionados con herencias y decisiones familiares.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Aun así, el mensaje central permanece: Dios continúa obrando en medio de esas realidades.

En una cultura que a menudo exige perfección, los relatos familiares de Génesis ofrecen algo distinto: un espacio para la esperanza, la aceptación y la compasión. Los patriarcas y matriarcas del convenio tuvieron familias complejas y, sin embargo, Dios siguió trabajando con ellos.

Eso sugiere que, incluso en medio de nuestras propias dificultades familiares, Dios sigue dispuesto a caminar con nosotros.

Fuente: Public Square

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