Cada 17 de marzo recordamos un momento que cambió la historia de las mujeres en la Iglesia y, en muchos sentidos, también la forma en que se vive el discipulado de Jesucristo en el mundo. En 2026, la Sociedad de Socorro cumple 184 años, y su propósito sigue tan vigente como aquel primer día.

Desde sus inicios, esta organización ha sido mucho más que un grupo de mujeres reunidas. Es una expresión viva del amor de Cristo en acción, una red de fe que sostiene, levanta y guía.

Un comienzo guiado por revelación

Imagen: Masfe.org

El 17 de marzo de 1842, un pequeño grupo de mujeres se reunió en Nauvoo con un deseo sincero de servir. Bajo la dirección del profeta José Smith, nació la Sociedad de Socorro como parte esencial de la Iglesia restaurada.

Desde el inicio, se dejó claro que su propósito iba más allá de lo organizativo. Se trataba de una obra espiritual. Años después, el presidente Gordon B. Hinckley enseñó sobre la Sociedad de Socorro:

“Son hijas de Dios, hijas con una primogenitura divina. Anden en la luz con la cabeza en alto, sabiendo que se les ama y se les honra, que son parte de Su reino, y que tienen que llevar a cabo una gran obra, la cual no se puede dejar para otros”

Esto nos invita a ver la Sociedad de Socorro con otros ojos. No participamos simplemente en reuniones o actividades, sino en una obra que Dios mismo estableció. Cuando entendemos esto, nuestro servicio adquiere un significado mucho más profundo y personal.

La caridad como fundamento

Imagen: masfe.org

El lema de la Sociedad de Socorro proviene de una verdad poderosa en las escrituras.

La caridad nunca deja de ser – 1 Corintios 13:8

La caridad que enseñó Jesucristo se refleja en actos sencillos y constantes que muchas veces pasan desapercibidos, una forma de vivir.

“La caridad verdadera no es algo que se da, es algo que se adquiere y que llega a formar parte de nuestro ser” – Marvin J. Ashton

La caridad nos recuerda que el amor más puro no busca reconocimiento, sino aliviar y acompañar. Es en ese tipo de servicio donde nuestro corazón realmente cambia y se vuelve más semejante al de Cristo.

Y eso es exactamente lo que vemos en millones de mujeres alrededor del mundo. Manos que sirven, corazones que escuchan, vidas que se entregan en silencio.

Experiencias que fortalecen el discipulado

La presidenta general de la Sociedad de Socorro, Camille N. Johnson (centro), habla con el consejo asesor general de la Sociedad de Socorro junto a sus consejeras, la hermana J. Anette Dennis (izquierda) y la hermana Kristin M. Yee (derecha), durante la filmación del devocional mundial de la Sociedad de Socorro y otros videos disponibles el domingo 8 de marzo de 2026. Créditos: Christina Smith. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Hoy, la Sociedad de Socorro no solo enseña principios, también crea espacios donde las mujeres pueden vivir el Evangelio de manera real. La presidenta Camille N. Johnson explicó:

“Proporcionar experiencias que ayuden a las hermanas en sus esfuerzos por convertirse en discípulas de Jesucristo durante toda la vida y aumentar su deseo de hacer y guardar convenios sagrados”.

Esto nos recuerda que el Evangelio se aprende mejor viviéndolo. No basta con saber qué creer, necesitamos sentirlo, experimentarlo y aplicarlo en la vida diaria. Las experiencias espirituales son las que realmente arraigan nuestra fe y transforman nuestro corazón.

La presidencia general y el consejo asesor general de la Sociedad de Socorro participan en la filmación de partes del devocional de la Sociedad de Socorro de marzo de 2026, en el Centro de Conferencias de Salt Lake City el viernes 5 de diciembre de 2025. Créditos: Scott G Winterton. Imagen: Deseret News

Ella también enseñó:

“Esta lista no es una lista de tareas, es un menú”.

Esta idea cambia completamente la perspectiva. No se trata de cumplir con todo, sino de discernir qué necesitamos en cada etapa de nuestra vida. El Señor trabaja con nosotras de manera personal, y la Sociedad de Socorro se convierte en una guía flexible para acercarnos más a Él.

Estas experiencias incluyen acciones como ministrar como lo haría el Salvador, fortalecer la adoración personal, participar en la obra del templo y la historia familiar, ayudar a otras a hacer convenios, y edificar la autosuficiencia.

Mujeres que edifican el Reino

La presidenta general de la Sociedad de Socorro, Camille N. Johnson, junto a los miembros del consejo asesor general de la Sociedad de Socorro entre la grabación de fragmentos del devocional de la Sociedad de Socorro de marzo de 2026, en el Centro de Conferencias de Salt Lake City, el viernes 5 de diciembre de 2025. Créditos: Scott G. Winterton, Deseret News

A lo largo de los años, la Sociedad de Socorro ha crecido hasta convertirse en una de las organizaciones de mujeres más grandes del mundo. Sin embargo, su esencia sigue siendo la misma.

El presidente Russell M. Nelson recordaba el papel divino de las mujeres en esta obra:

“Las mujeres de esta Iglesia poseen un poder distintivo y una influencia única para cambiar vidas”.

Ese poder muchas veces no es visible a simple vista. Se expresa en decisiones diarias, en la fe constante y en la forma en que se levanta a otros. En una conversación oportuna, en una visita, en una oración hecha con fe. Cuando una mujer comprende su influencia espiritual, comienza a ver que su impacto puede ser eterno, incluso en las cosas pequeñas.

Un legado que sigue creciendo

La presidenta general de la Sociedad de Socorro, Camille N. Johnson (centro), y sus consejeras, la hermana J. Anette Dennis (izquierda) y la hermana Kristin M. Yee, en preparación para el devocional mundial de la Sociedad de Socorro el 17 de marzo de 2026. Créditos: Christina Smith, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Hoy, la Sociedad de Socorro continúa siendo un espacio donde las mujeres fortalecen su fe en Jesucristo, hacen convenios y se apoyan mutuamente para seguir adelante. Es un lugar donde nadie debería sentirse sola. La hermana Camille N. Johnson enseñó:

“El Salvador nos invita a ser Sus manos. Y al hacerlo, encontramos gozo”.

Aceptar esa invitación cambia nuestra forma de vivir el Evangelio. Dejamos de ser espectadoras para convertirnos en instrumentos activos en las manos del Señor. Y en ese proceso, descubrimos que el gozo verdadero nace cuando nos entregamos al servicio de los demás.

Celebrar 184 años no es solo recordar el pasado. Es renovar el compromiso de vivir el Evangelio con intención. La Sociedad de Socorro sigue siendo una obra de amor que une generaciones mientras nos acerca a Cristo.

Y, sobre todo, una obra que nos recuerda quiénes somos y lo que podemos llegar a ser en Él. Feliz aniversario a todas las mujeres que, con fe y sencillez, siguen haciendo de este mundo un lugar mejor.

Fuente: Church News & churchofjesuschrist.org

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