Imagina esto: ves a una persona con necesidad de una ayuda que tú le puedes dar. Por dentro sabes que es correcto ayudar, sin embargo, decides no hacerlo y seguir tu camino justificándote por el pensamiento de que «estás muy ocupado» y de que seguramente «alguien más ayudará a esa persona». ¿Te ha pasado?

Si soy honesto, a mí sí me han pasado situaciones así en las que han venido pensamientos «lógicos» a mi mente que me han impedido ayudar. Pero con el tiempo aprendí que no todos los pensamientos que parecen razonables vienen de Dios.

pensamientos suicidas
Satanás busca distraernos, y volvernos egoístas e insensibles con los demás. Imagen: Canva

Mientras el evangelio de Jesucristo nos invita a amar, servir y mirar a los demás, Satanás busca distraernos, y volvernos egoístas e insensibles con los demás. El Señor nos advirtió sobre esto:

«En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios… sin afecto natural, implacables…»

Lamentablemente esa profecía se está cumpliendo, pero lo bueno es que podemos marcar la diferencia al reconocer las mentiras que usa Satanás para desviarnos hacia la insensiblidad.

La raíz del problema

Si bien es bueno priorizar nuestras necesidades, Dios desea que sirvamos a Sus hijos. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Vivimos en una sociedad que constantemente nos alienta a priorizar nuestros deseos, nuestra comodidad y nuestro tiempo. Y aunque cuidar de uno mismo es importante, el problema comienza cuando todo lo que hacemos gira únicamente en torno a nosotros.

En cuanto a esto, el Salvador nos extendió dos mandamientos claros y completamente diferentes a l que busca la sociedad:

» Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y… amarás a tu prójimo como a ti mismo».

¿Te has preguntado por qué el segundo gran mandamiento tiene que ver con el prójimo? Pues básicamente porque el plan de Dios nunca fue que viviéramos centrados solo en nosotros mismos. El presidente Thomas S. Monson lo resumió con esta frase directa:

«Siempre habrá personas con necesidades, y cada uno de nosotros puede hacer algo para ayudar a alguien».

Queda claro entonces que Dios desea que sirvamos a Sus hijos y constantemente nos da oportunidades para hacerlo, pero aún así, muchas veces dejamos pasar esas oportunidades.

Eso no quiere decir que somos malas personas, sino que hay «pensamientos modernos» que dejamos pasar y que nos convencen de que no es necesario actuar. A continuación, te presentamos algunos de los más comunes.

Mentira #1: “No tengo tiempo”

Servir no siempre implica hacer algo grande y por lo tanto, no requiere demasiado tiempo. Imagen: Canva

Seamos honestos. Este es probablemente el pensamiento más común que llega a nuestra mente, en especial cuando estamos en apuros y está bien reconocerlo.

Vivimos ocupados entre estudios, trabajo y otras responsabilidades, y cuando surge la oportunidad de servir, lo primero que pensamos es: “ahorita no puedo”. Pero si lo analizas, la razón verdadera por la que finalmente decides no servir no es falta de tiempo sino de prioridad.

El élder Michael Teh, de los Setenta, enseñó:

«Gran parte del servicio que se necesita en el mundo de hoy se relaciona con la asociación diaria de unos con otros. Con frecuencia, encontramos esas oportunidades dentro de los límites de nuestra casa, vecindario o barrio».

Servir no siempre implica hacer algo grande y por lo tanto, no requiere demasiado tiempo. A veces es un mensaje, una llamada o simplemente escuchar a alguien ya es suficiente. Y aquí viene una pregunta necesaria:

¿Realmente no tienes tiempo o estás eligiendo usarlo en otra cosa?

Porque muchas veces sí tenemos tiempo solo que lo invertimos en cosas que no tienen un impacto eterno.

Mentira #2: “Alguien más lo hará”

Muchos sentimos impresiones de servicio pero a veces no actuamos por suponer que alguien más ayudará. Imagen: Freepik

Este pensamiento de Satanás es más peligroso de lo que parece porque crea una falsa sensación de tranquilidad y nos hace sentir que no pasa nada si no servimos porque alguien más probablemente lo hará.

Pero el problema real con este pensamiento es que es tan común que así como tú supones que «alguien más lo hará», esas otras personas también podrían estar asumiendo lo mismo en cuanto a ti y, al final, nadie logra prestar el servicio que se necesita.

Si eres de esas personas que asumen que el servicio llegará por otros, este consejo de la hermana Michelle D. Craig es para ti:

«Ya sean impresiones directas o tan solo impulsos por ayudar, un buen acto nunca es en vano, puesto que la ‘caridad nunca deja de ser’, y nunca es la respuesta equivocada».

Esa impresión que sientes no es casualidad ni coincidencia. Es el Espíritu invitándote a ser las manos de Dios para esa persona en necesidad. Y cuando ignoras esa impresión, pierdes una oportunidad de ayudar y crecer.

Mentira #3: “No es tan importante”

pareja de esposos conversando
Un mensaje, una sonrisa o una conversación sencilla son formas simples pero poderosas de servir. Imagen: Canva

Otras de las mentiras más astutas de Satanás para impedirnos amar y servir a otros es pensar que nuestro servicio es demasiado pequeño como para marcar una diferencia. Pero, ¿en realidad es así?

Puede que a simple vista un mensaje, una sonrisa o una conversación sencilla no sean la gran cosa según tu perspectiva. Sin embargo, bajo la perspectiva del evangelio, las cosas pequeñas nunca son insignificantes. Así lo declaró el Señor:

«De las cosas pequeñas proceden las grandes».

Lo que para ti solo sea un pequeño gesto, para esa persona puede ser justo lo que necesita ese día. Tu servicio, por más pequeño que parezca, siempre producirá un gran impacto en la vida de la otra persona.

Por otro lado, el presidente Russell M. Nelson explicó:

«El gozo que sentimos tiene poco que ver con las circunstancias de nuestra vida, y tiene todo que ver con el enfoque de nuestra vida».

Y cuando el enfoque de nuestra vida deja de centrarse en nosotros para ver por otros a nuestro alrededor, todo cambia.

Mentira #4: “Primero yo, luego los demás”

Para recibir todas las bendiciones del Señor, es necesario dejar de vivir solo para nosotros mismos. Imagen: Los Andes

Esta idea es una trampa mortal del enemigo porque nos lleva al extremo del egoísmo. Y es que siendo honestos, nunca terminaremos de “estar listos” para servir porque siempre tendremos algo más que hacer, algo más que lograr o algo más que resolver.

Pero el Salvador enseñó un principio completamente distinto:

«Todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará».

Esto no significa que debas descuidarte por servir a los demás, sino entender que para recibir todas las bendiciones del Señor, y experimentar la verdadera felicidad que Él nos promete, es necesario dejar de vivir solo para nosotros mismos.

Cuando sirves, estás pensando y actuando a favor de los demás. Y al hacerlo, ganas perspectiva, gozo y propósito.

¿Cómo vencer estas mentiras?

Nunca te arrepentirás de haber extendido tu mano para ayudar a alguien porque servir es parte de lo que somos. Imagen: Canva

Como seguramente ya te has dado cuenta, estos pensamientos están presentes cada día y es complicado deshacerse de ellos de la noche a la mañana. Sin embargo, no es imposible cambiar ese «chip mental».

Para superar esas mentiras puedes empezar por tomar estas decisiones pequeñas pero conscientes:

  • Escucha las impresiones del Espíritu: Si sientes hacer algo bueno por alguien, hazlo sin pensarlo demasiado siempre que el contexto de la situación lo permita.
  • Haz espacio en tu vida para servir: No esperes a “estar libre». Separa un tiempo consciente para el servicio.
  • Empieza con lo simple: No necesitas grandes actos porque a veces, lo más sencillo es lo más poderoso.
  • Ora para ver a los demás como Dios los ve: Esto cambia completamente tu forma de actuar.

Al final, servir no es solo algo de «cristianos» sino parte de lo que somos y aunque el mundo o incluso nuestros propios pensamientos intenten convencernos de lo contrario, eso nunca cambiará.

Nunca te arrepentirás de haber servido a alguien. Porque cuando eliges dar de tí mismo, te estás acercando más a Cristo, y en ese proceso, te conviertes en una mejor versión de ti mismo.

Fuente: LDSDaily

Video relacionado

También te puede interesar