En un mundo donde la lucha de opiniones más parece una batalla campal, muchas personas, en especial los cristianos, enfrentan una pregunta crucial: ¿cómo defender lo que es correcto sin dejar de ser pacificadores?

Por un lado, hay momentos en los que es difícil resistir el impulso de alzar la voz ante la injusticia. Pero por otro lado, Jesucristo nos invita a evitar la contención y a ser discípulos de paz. Y en estos tiempos, los líderes de la Iglesia de Jesucristo también siguen extendiendo esa invitación.

Sin embargo, siendo honestos, mantener la calma y reaccionar ante lo que está mal son dos cosas que parecen contradictorias pero que son necesarias. ¿Cómo ser un pacificador sin dejar de defender lo correcto?

Ser pacificador no significa callar

hombre haciendo señal de silencio
Ser pacificador no significa callar lo que pensamos. Imagen: Canva

Para responder esta problemática primero debemos aclarar un pensamiento erróneo que sin querer estamos normalizando en esta sociedad.

Muchas personas asocian la idea de «ser pacificador» con ser débil, manso o incluso indiferente. Ese pensamiento es peligroso porque nos lleva a pensar que para ser pacificadores debemos evitar el conflicto dejando de defender nuestras convicciones. Pero eso no es así.

El mismo Salvador en las Escrituras reveló el verdadero significado de ser pacificadores:

«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios».

Esto nos enseña que ser pacificador no significa evitar la verdad, sino defenderla de la manera correcta alejándonos de la ira como lo haría un hijo de Dios. En cuanto a esto, el presidente Russell M. Nelson enseñó:

«La ira nunca persuade, la hostilidad no edifica a nadie, la contención nunca lleva a soluciones inspiradas».

La verdadera raíz del conflicto

Cuando caemos en la contención, dejamos de actuar con claridad y empezamos a responder desde el orgullo. Imagen: Canva

La contención surge de diferentes maneras pero mayormente sucede cuando nos sentimos atacados, reaccionamos impulsivamente o cuando queremos «ganar» la discusión en lugar de comprender a la otra persona.

Sea como sea la situación que lleva a la contención, el resultado en nuestro actuar es el mismo: dejamos de actuar con claridad y empezamos a responder desde el orgullo o el enojo.

En los tiempos del Libro de Mormón, el Señor advirtió claramente:

«Aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo».

Actuar con enojo o agresividad incluso si estamos defendiendo lo correcto, nos lleva a perder el Espíritu. Imagen: másfe.org

Esto significa que incluso cuando creemos estar defendiendo algo correcto, si lo hacemos con enojo o agresividad, estamos perdiendo el Espíritu. Así que por más de que «ganes» la discusión, pierdes mucho más.

Para obtener un ejemplo claro de cómo ser firme contra lo que está mal sin dejar de ser cristiano, mira a Jesucristo. Él nunca dejó de defender la verdad, pero tampoco actuó con contención. Cuando Él fue acusado injustamente, las Escrituras dicen:

«Mas Jesús callaba». (Mateo 26:63)

Ese silencio suyo nos revela grandes enseñanzas. En ese momento Jesucristo nos enseñó que no siempre hay que responder y no siempre hay que callar, pero siempre hay que actuar con el Espíritu.

Tres claves para defender lo correcto sin perder el Espíritu

Defender lo correcto requiere que confiemos en el Señor antes de actuar con ira o enojo. Imagen: masfe.org

Primero: Discierne lo que realmente importa

No toda discusión merece una respuesta en especial cuando defender “lo correcto” se convierte en defender opiniones, ego o interpretaciones personales. Por eso, es vital preguntarse: ¿Vale la pena intervenir?

Segundo: Decide cuándo hablar y cuándo no

El silencio también puede ser una forma de fe porque hay momentos en los que el Señor no espera que reaccionemos, sino que confiemos en Él y dejemos que se encargue. En Éxodo 14:14 leemos:

«Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quietos».

Tercero: Aprende a comunicar con el Espíritu

Este es el punto en el que muchos aún tenemos trabajo que hacer porque si bien puedes tener razón en defender tu perspectiva, si no sabes expresarte apropiadamente, nadie te escuchará.

Para vencer la contención, debemos procurar la calma y escuchar antes de reaccionar. Imagen: Canva

Desarrollar estas tres claves es un proceso pero a fin de ayudarte en eso, puedes recurrir a estas sugerencias:

  • Hablar con calma, no con intensidad.
  • Escuchar antes de responder.
  • Mirar a la persona como alguien valioso, no como un «rival».
  • Evitar tonos acusatorios o sarcásticos.

¿Cómo se aplica esto en la vida real?

Ser pacificador es ser lo suficientemente valiente para decir la verdad con amor. Imagen: Freepik

 

Defender lo correcto desde los límites de una persona pacificadora se puede ver así: defender tus creencias sin atacar a otros, corregir con amor y sin orgullo, elegir momentos adecuados para hablar y saber retirarte de la discusión cuando el Espíritu ya no está.

Así que ya sabes. No necesita gritar para ser escuchado porque la verdadera fuerza al defender lo correcto está en la calma con la que abordas la situación.

La próxima vez que sientas o escuches decir que ser pacificador es de débiles, recuerda que, en verdad, ser pacificador es ser lo suficientemente valiente para decir la verdad y lo suficientemente espiritual para hacerlo con amor. Y ese no es un don que todos posean.

Fuente: Meridian Magazine

Video relacionado

También te puede interesar