Nota del editor: La siguiente historia fue compartida por Daniel Mendez para LDSLiving

Durante años, los misioneros tocaban la puerta de la familia Mendez, pero casi esos encuentros no pasaban de una conversación breve, una respuesta amable y luego cada uno seguía con su día. Pero una noche, algo cambió.

Daniel Mendez recuerda que, en una tarde como cualquier otra, él escuchó tocar su puerta. Ese día él no esperaba visitas y, sinceramente, normalmente no habría abierto la puerta. Sin embargo, esa vez decidió hacerlo sin saber lo que estaría por pasar.

Una visita que terminaría cambiando todo

La vida de Daniel cambió cuando dos misioneros tocaron su puerta y él decidió abrir. Imagen: masfe.org

Kara, la esposa de Daniel, había crecido en la Iglesia de Jesucristo, pero su familia dejó de asistir cuando ella tenía 12 años. Es por eso que las visitas de los misioneros no era algo nuevo para la familia. Casi siempre Kara les respondía la puerta a ellos, les decía que creían en Jesucristo y los misioneros seguían su camino. Pero esa noche Daniel fue quien les abrió.

Los misioneros comenzaron a conversar con él de la manera más gentil, pero esta vez cambió algo. Antes de irse, los misioneros preguntaron a Daniel si podían ofrecer una oración por su hogar.

Cuando Daniel escuchó esto, le sorprendió que dos desconocidos se preocuparan lo suficiente como para detenerse y orar por él y por su familia, así que aceptó.

Esa noche, en la entrada de su casa, junto a sus hijos, Daniel escuchó la oración que terminaría marcando un antes y un después en su vida.

El cambio en Daniel y Kara

Con cada visita de los misioneros, Daniel iba sintiendo un cambio en su corazón. Imagen: La Iglesia de Jesucristo

Para Daniel, aquella fue probablemente una de las oraciones más impactantes que había escuchado, no necesariamente por las palabras, sino por lo que sintió mientras los misioneros oraban. En ese momento, él sintió con claridad una impresión:

«Esto es lo que mi familia necesita», pensó Daniel.

Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro y después de que los misioneros terminaron de orar, Daniel les pidió que regresaran otro día. En ese tiempo, Daniel llevaba una carga emocional pesada por el trabajo y preocupaciones de la vida diaria, pero mientras él y su familia comenzaron a aprender más de Dios con los misioneros, sintió que ese peso empezaba a desaparecer.

Las visitas de los misioneros hicieron que Daniel sintiera el deseo de ser un mejor ejemplo para sus hijos y acercar más a su familia a Dios. Para su esposa Kara, por otro lado, las visitas de los misioneros hicieron que muchas de las enseñanzas que había conocido en su niñez comenzaran a cobrar sentido nuevamente.

Aquellos dos misioneros siguieron acompañándolos

Los misioneros invitaron a Daniel y a sus hijos a ser bautizados y los acompañaron durante y después de eso. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Después de las lecciones, aquellos misioneros invitaron a Daniel y a sus hijos a ser bautizados y los acompañaron en ese proceso.  Pero eso no fue todo. También acompañaron a la familia Mendez a visitar el templo por primera vez y también a su sellamiento.

Con el tiempo, el vínculo entre ellos creció tanto que esos mismos misioneros acompañaron al hijo de Daniel y Kara antes de partir a servir una misión en Brasil. Incluso lo recibieron en el aeropuerto antes de que comenzara esa nueva etapa.

Hoy, la familia Mendez también vive otra bendición con su hijo menor, quien nació dentro del convenio. Daniel y Kara sienten emoción al saber que ahora, ese pequeño crecerá aprendiendo sobre Jesucristo y esperan que algún día también se convierta en misionero.

Al mirar hacia atrás, Daniel siente que Dios envió exactamente a los misioneros que su familia necesitaba justo en el momento indicado. Y todo comenzó con algo tan sencillo pero poderoso como una oración en la puerta de su casa.

Fuente: LDSLiving

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