Pregunta

¿Los jóvenes o los niños pueden entrar al salón celestial? ¿O por qué no pueden?

Respuesta

El salón celestial del Templo de Burley, Idaho, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Solo quienes han recibido la investidura del templo y tienen una recomendación vigente pueden entrar al salón celestial. Como la investidura suele recibirse en la adultez o en una etapa de mayor preparación, la mayoría de jóvenes y niños no ingresan a ese espacio. Sin embargo, esto no tiene que ver con exclusión ni con que sean “menos espirituales”. Tiene que ver con el orden sagrado y el propósito de la adoración en el templo.

Para entenderlo mejor, primero debemos comprender lo que representa el templo y, en especial, el salón celestial.

Los templos son considerados la “Casa del Señor”. Allí las personas hacen convenios con Dios y reciben ordenanzas sagradas esenciales para la salvación y la exaltación. El Señor mismo declaró:

“Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa… una casa de Dios”. (Doctrina y Convenios 88:119)

Este pasaje nos recuerda que el templo no es solo un edificio. Es un lugar de preparación, aprendizaje y refinamiento espiritual. Esa preparación es clave para entender por qué el acceso a ciertas áreas del templo, incluido el salón celestial, sigue un orden específico.

Templo de Farmington, Nuevo México
Salón celestial del Templo de Farmington, Nuevo México

El presidente Russell M. Nelson enseñó:

“Pasar más tiempo en el templo edifica la fe. Y su servicio y adoración en el templo les ayudará a pensar de manera celestial”

El salón celestial no es simplemente un lugar tranquilo para sentarse. Es la culminación simbólica de la ordenanza de la investidura, un recorrido sagrado en el que las personas reciben instrucción y hacen convenios con Dios. 

Entrar al salón celestial representa, de manera simbólica, entrar en la presencia de Dios. Esto nos recuerda una antigua pregunta de las Escrituras:

“¿Quién subirá al monte de Jehová? […] El limpio de manos y puro de corazón”. (Salmos 24:3–4)

Salón Celestial, Templo de Osaka, Japón. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Por esa razón, el acceso al salón celestial está ligado directamente a las ordenanzas y a la dignidad. No como una barrera para excluir, sino como una preparación para acercarse a la presencia de Dios de una manera sagrada y mediante convenios.

El presidente Thomas S. Monson enseñó:

“Las bendiciones supremas y de fundamental importancia del ser miembros de la Iglesia son las bendiciones que recibimos en los templos de Dios”.

Estas “bendiciones supremas” incluyen ordenanzas como la investidura y el sellamiento, experiencias que normalmente llegan más adelante en el camino espiritual de una persona, no durante la niñez o los primeros años de la juventud.

El salón celestial del Templo de Dávao, Filipinas. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Hay dos razones principales por las que, generalmente, los jóvenes y los niños no entran al salón celestial.

Primero, las ordenanzas del templo se reciben en un orden específico y divinamente establecido. Los jóvenes comienzan participando en bautismos y confirmaciones por los muertos. Estas son ordenanzas sagradas que les permiten participar activamente en la obra de salvación de Dios.

Más adelante, cuando estén preparados, reciben la investidura. El salón celestial forma parte de esa experiencia de la investidura; no es algo separado de ella.

Salón celestial del Templo de Taylorsville, Utah. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Esta idea de progreso también se refleja en las Escrituras modernas:

“Pues he aquí, así dice el Señor Dios: Daré a los hijos de los hombres línea por línea […] un poco aquí y un poco allí”. (2 Nefi 28:30)

Dios revela la verdad y las responsabilidades de manera gradual. Así permite que cada persona crezca en entendimiento y en sus compromisos por convenio.

Segundo, está el principio de la preparación espiritual y del llegar a ser. El presidente Nelson enseñó:

“El tiempo que pasen en el templo los ayudará a pensar de manera celestial y a captar la visión de quiénes son realmente, quiénes pueden llegar a ser y la clase de vida que pueden tener para siempre”.

La investidura incluye convenios sagrados y enseñanzas simbólicas que requieren madurez, compromiso y cierto contexto de vida. Por eso, generalmente se reciben en la adultez o en una etapa de mayor preparación, muchas veces antes de una misión o del matrimonio eterno.

Templo de Puebla, México
Salón Celestial Templo de Puebla, México. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Uno de los malentendidos más comunes es pensar que los jóvenes o los niños son menos dignos porque no pueden entrar al salón celestial. La doctrina de los Santos de los Últimos Días rechaza claramente esa idea.

De hecho, las Escrituras enseñan cuál es la condición espiritual de los niños:

“Los niños pequeños viven en Cristo, aun desde la fundación del mundo; de no ser así, Dios es un Dios parcial, y también un Dios variable que hace acepción de personas; porque, ¡cuántos son los pequeñitos que han muerto sin el bautismo!”(Moroni 8:12)

Los niños son considerados inocentes ante Dios y no son responsables del pecado hasta los ocho años. Que no entren al salón celestial no tiene que ver con dignidad. Tiene que ver con el lugar en el que se encuentran dentro de la senda de los convenios.

Salón Celestial del Templo de Manti, Utah. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

El élder Quentin L. Cook citó al presidente Thomas S. Monson:

“No existe meta más importante para ustedes que la de esforzarse por ser dignos de ir al templo”.

La dignidad no es una barrera pensada para excluir. Es una preparación para algo sagrado.

También es importante reconocer que los jóvenes no están fuera de la adoración en el templo. Ellos participan profundamente en una de sus obras más significativas: los bautismos por los muertos.

Esta obra se conecta con la enseñanza de Pablo en el Nuevo Testamento:

“De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos…?” (1 Corintios 15:29)

Salón Celestial del Templo de Bentonville, Arkansas. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Los jóvenes que participan en esta ordenanza están ayudando en la obra de salvación de Dios. Por medio de ellos, se ofrecen ordenanzas salvadoras a personas que ya han fallecido.

El presidente Monson aconsejó a los jóvenes:

“Siempre tengan el templo en la mira”.

Esta invitación cambia la forma de ver el tema. Los jóvenes no están siendo alejados del salón celestial; están caminando hacia él.

Puede ser útil ver el templo como un camino de progreso, no como una lista de restricciones. Así como la vida se desarrolla por etapas, la participación en las ordenanzas del templo también sigue un orden.

El Templo de McAllen,Texas abre sus puertas al público con un hermoso salón celestial
Salón celestial del Templo de McAllen, Texas Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

El élder Cook invitó a los miembros a:

“Verse en el templo”.

Para los jóvenes, esa visión se desarrolla paso a paso. Hoy participan en bautismos. En el futuro, recibirán la investidura. Más adelante, entrarán al salón celestial y comprenderán mejor lo que simboliza.

Y, al final, esa promesa está conectada con llegar a ser como Dios. Como enseña la revelación moderna:

“Entonces serán dioses, porque no tienen fin; por consiguiente, existirán de eternidad en eternidad”. (Doctrina y Convenios 132:20)

Salón celestial del Templo de Casper Wyoming. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Entonces, ¿los jóvenes o los niños pueden entrar al salón celestial? Generalmente, no hasta que hayan recibido la investidura. Pero la razón no es exclusión ni falta de dignidad.

Más bien, refleja una creencia profunda: Dios invita a Sus hijos a crecer línea por línea, a recibir verdades sagradas y a hacer convenios cuando estén preparados. El salón celestial no se les niega; se espera con reverencia.

Los jóvenes ya están en ese camino. Participan en una obra sagrada, sienten el Espíritu y se preparan para el día en que ellos también entren al salón celestial, no como visitantes, sino como personas que han hecho convenios y están listas para recibir todo lo que Dios ha preparado para ellos.

Fuente: Ask Gramps

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