Nota del editor: Este artículo está inspirado en una reflexión compartida por Rachel Leavitt para Leading Saints
Rachel Leavitt, una Santo de los Últimos Días, siempre soñó con tener una familia unida, con las mismas creencias, valores y rumbo. Pero cuando sus hijos crecieron, descubrió que no pensaban igual que ella.
Ese fue el inicio de una prueba familiar en la que Rachel tuvo que aprender a mantener la unidad con su familia a pesar de sus distintas creencias. Pero lo más curioso es que esa situación es común hoy en día. Tus hijos o familiares que un día crecieron con la misma fe, de pronto se alejan y vemos familias con diferentes perspectivas sobre la fe.
¿Eso quiere decir que se acaba la unidad en la familia? Si te estás haciendo esa pregunta, aquí te explicamos lo que Rachel aprendió para sobrellevar esta prueba.
La unidad familiar no siempre es lo que imaginamos

Muchas personas como Rachel crecen creyendo que una familia unida es una familia idéntica, pero en realidad no es así. En las Escrituras vemos personas cercanas a Dios viviendo procesos espirituales completamente distintos.
El albedrío siempre ha sido parte del plan de Dios, y eso incluye la manera en que cada persona decide buscar respuestas espirituales. Por eso, intentar controlar la fe de alguien, aún si es un familiar, casi siempre termina alejándonos.
El presidente Dieter F. Uchtdorf declaró algo que encaja perfectamente con esto:
«Al aceptar la responsabilidad de buscar la verdad con una mente abierta y un corazón humilde, se volverán más tolerantes con los demás, más dispuestos a escuchar [y] más preparados para comprender».
Eso no significa abandonar tus convicciones, sino entender que escuchar otras posturas no amenaza tu fe. Para tener una familia unida, es importante escuchar y comprender a todos, incluso si no piensan lo mismo.
Cuando el amor se vuelve condicional

Las diferentes creencias no son suficientes para afectar una familia. Muchas se rompen porque alguien siente que dejó de ser amado cuando dejó de creer en lo mismo. Y eso duele.
De pronto las conversaciones se tornan en llamados de atención o sólo giran alrededor de «volver a la fe de la familia». Eso, lejos de ayudar, solo hace que quien piense distinto se vea forzado a ocultar sus diferencias para encajar a fuerzas con los demás en la familia.
Si eso está pasando en tu familia, recuerda que Cristo nunca controló a los demás, sino los invitaba con amor a seguirlo. Y eso marca una diferencia. Por eso una de las preguntas más honestas que una familia puede hacerse en estos casos es:
«¿Cómo hacemos para que nadie deje de sentirse amado aquí?»
Porque hay personas que aún creen en Dios, pero ya no sienten paz debido a presiones familiares. Que alguien en la familia se aleje de la fe no es razón para alejarlo del «hogar».
Escuchar puede hacer más por una familia

Cuando sentimos que nuestra fe es atacada, muchos solemos entrar en «modo de defensa», pero eso no es lo que necesita una familia.
Si alguien en el hogar decidió dejar la fe que conoció por mucho tiempo, necesita que los demás comprendan que no fue una decisión fácil y se tomen el tiempo para sentarse y escuchar abiertamente sin ataques ni defensas espirituales.
Eso cambia la manera en que un hijo habla con sus padres, también cambia cómo una pareja enfrenta sus diferencias espirituales y hace que todos en la familia se sientan seguros dentro del hogar.
Doctrina y Convenios 38:27 enseña:
«Sed uno; y si no sois uno, no sois míos».
Este versículo jamás dice que para «ser uno» debamos pensar igual a los demás. Ese tipo de unidad que se nos manda a desarrollar requiere amor real y, en la familia, ese amor se traduce en compresión y en saber escuchar.
Lo que Rachel aprendió

Después de todo, Rachel comprendió que su sueño de una «familia unida» requería que ella aprenda a amar personas reales, con experiencias reales y caminos espirituales distintos a los de ella.
Porque cuando la familia se basa en la comprensión, la relación deja de centrarse exclusivamente en la «religión de boca» y empieza a construirse sobre los principios verdaderos de la religión como la dignidad y el respeto.
Al igual que Rachel, tus relaciones familiares pueden mejorar si dejas de intentar «arreglar» espiritualmente a quienes amas y empiezas a priorizar la relación por encima del miedo.
La invitación final es a construir hogares donde todos los miembros de la familia se sientan queridos y valorados mientras siguen descubriendo cuál será su relación con Dios.
Fuente: Leading Saints
