Durante una competencia de judo realizada en Cuenca, Ecuador, donde participaron delegaciones de distintas provincias ecuatorianas y atletas invitados de Perú, varios niños de familias Santos de los Últimos Días lograron subir al podio y destacar por su desempeño en la categoría de 5 a 9 años.
Pero más allá de las medallas, hubo algo que llamó todavía más la atención: la manera en que estos niños están aprendiendo desde pequeños principios como la disciplina, el dominio propio y la perseverancia.
Un torneo exigente y un grupo de niños que decidió dar lo mejor

El campeonato reunió a jóvenes atletas de provincias como Cañar, Zamora y El Oro, además de competidores internacionales. En medio de ese ambiente competitivo, cinco niños vinculados a la Iglesia participaron representando también el esfuerzo de sus familias.
Los resultados fueron motivo de alegría:
- María Paula Fernández obtuvo medalla de plata.
- Julián Mateo Carrillo consiguió medalla de plata.
- Pablo Andrés Galán ganó medalla de bronce.
- Maite Galán tuvo una participación destacada.
- Amanda Belén Galán también destacó en la competencia.
Aunque cada uno vivió una experiencia distinta, todos compartían algo en común: el deseo de seguir creciendo y aprender a esforzarse sin rendirse.
Mucho más que un deporte

En el caso de María Paula Fernández, conocida como “Pauli”, el judo comenzó como una actividad inspirada por su padre, quien también practicó este deporte. Hoy entrena varios días a la semana y ya suma importantes logros.
Su familia comenta que el deporte incluso ha influido positivamente en otros aspectos de su vida diaria. Descansa mejor, tiene más energía y aprendió hábitos más saludables.
Y eso tiene sentido. El deporte bien enfocado puede convertirse en una herramienta poderosa para el desarrollo personal. Doctrina y Convenios enseña que el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre (DyC 88:15). Cuidar ambos aspectos también forma parte de nuestro progreso.
Talentos que se fortalecen

Otro de los participantes fue Julián Mateo Carrillo, de 8 años, quien comenzó en el judo acompañando a su prima a los entrenamientos. Además del deporte, participa en gimnasia y también estudia piano en actividades relacionadas con la estaca.
Algo interesante es cómo sus padres buscan apoyar distintos talentos y oportunidades de aprendizaje. El Evangelio enseña que cada persona recibe dones diferentes, y muchas veces desarrollarlos requiere paciencia, apoyo y constancia.
Eso también aplica en disciplinas como el deporte, donde el progreso suele construirse poco a poco.
Los hermanos Galán también encontraron en el judo algo que disfrutaban hacer juntos. Desde sus primeras clases comenzaron a interesarse por el equilibrio, técnica, control y respeto.
Aunque el mundo suele enfocarse únicamente en ganar, hay actividades que también ayudan a formar carácter. En este caso, el deporte se convirtió también en un espacio donde estos niños aprendieron a apoyarse mutuamente y crecer juntos.
Cuando la fe también influye en la manera de competir

Algo que unía a estos pequeños atletas no era solamente el judo. Todos pertenecen a la misma comunidad de fe, y eso también influye en la forma en que viven estas experiencias.
La amistad, el ánimo mutuo y los valores aprendidos en el Evangelio forman parte de su día a día. Y aunque las medallas fueron motivo de felicidad, probablemente lo más valioso fue aprender que el verdadero éxito también se mide en quiénes estamos llegando a ser.
Estos niños demostraron que vale la pena esforzarse, aprender, levantarse después de perder y seguir adelante con alegría.
Fuente: newsroom.churchofjesuschrist.org
