Para muchos jóvenes adultos, la universidad es una etapa de decisiones importantes: qué carrera seguir, cómo manejar el dinero, dónde trabajar, con quién relacionarse y qué tipo de futuro desean construir. En BYU, esas decisiones muchas veces también incluyen una pregunta muy seria: ¿estoy listo para casarme?

A diferencia de otras universidades en Estados Unidos, el matrimonio forma parte de la experiencia de muchos estudiantes Santos de los Últimos Días. Según datos de BYU, el 17 % del alumnado está casado, una cifra que supera por más del doble el promedio nacional de estudiantes casados en el país.

Pero casarse mientras se estudia no siempre es sencillo. Aunque puede ser una etapa hermosa, también llega con responsabilidades que no se pueden ignorar.

Una pareja joven puede estar lidiando al mismo tiempo con tareas, exámenes, trabajos de medio tiempo, presupuestos ajustados, decisiones sobre vivienda y planes familiares. Por eso, algunos profesores de la Escuela de Vida Familiar de BYU invitan a los estudiantes a mirar el matrimonio con ilusión, pero también con madurez.

Imagen: masfe.org

Chelom Leavitt, profesora e investigadora de dicha escuela, señaló que muchos jóvenes Santos de los Últimos Días se casan a una edad más temprana. Eso puede traer bendiciones, pero también exige preparación emocional y práctica.

Desde su experiencia, una de las mejores decisiones que puede tomar una pareja es avanzar con calma. No se trata de alargar una relación sin propósito, sino de construirla con intención.

El noviazgo, el compromiso y el matrimonio no deberían verse como simples pasos que se “cumplen”. Son etapas donde una pareja aprende a conocerse, a conversar mejor, a notar sus diferencias y a decidir cómo quiere enfrentar la vida juntos.

Leavitt explicó que los primeros meses de matrimonio son muy importantes porque allí se forman hábitos que pueden permanecer durante años. La manera en que una pareja habla, discute, administra el dinero, reparte responsabilidades y busca apoyo puede marcar la relación por mucho tiempo.

novios sonriendo
Créditos: Monica C. Ruiz

Por eso, prepararse para el matrimonio no significa solo planear una boda bonita. También implica hacerse preguntas incómodas, hablar de expectativas y aprender a resolver diferencias antes de que se conviertan en heridas.

Brian Willoughby, también profesor de la Escuela de Vida Familiar, resaltó que toda relación tendrá desafíos. Incluso las parejas que se aman profundamente tendrán desacuerdos, temas sensibles o momentos difíciles.

La clave no está en evitar todo conflicto, sino en crear desde el inicio un ambiente donde ambos puedan hablar con sinceridad.

No siempre será posible resolver cada problema de inmediato. Sin embargo, hablar de lo difícil ayuda a establecer un patrón sano: “podemos ser vulnerables, podemos escucharnos y podemos enfrentar esto juntos”.

Ese hábito puede ser una gran protección para el matrimonio.

sellamiento; matrimonio en el templo
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Willoughby también advirtió sobre aquello que puede debilitar la conexión de una pareja, como la pornografía o el uso de compañeros virtuales de inteligencia artificial como reemplazo emocional. Estas prácticas pueden afectar la intimidad, la confianza y la capacidad de construir una relación real.

Para quienes ya están casados y sienten que necesitan ayuda, los especialistas recomiendan no enfrentar las dificultades en silencio. En BYU existen recursos como el Centro de la Mujer, el Centro de Salud Estudiantil y el programa de consejería CAPS. También animan a los estudiantes a estudiar discursos de la Conferencia General y a tomar clases de la Escuela de Vida Familiar.

manos con aros de matrimonio
Imagen: Canva

Más allá de lo académico o emocional, Leavitt recordó que el matrimonio tiene un propósito espiritual. No se trata únicamente de ser felices, sino de llegar a ser más semejantes al Salvador.

En el matrimonio, una persona aprende a servir, perdonar, ceder, escuchar y amar con más paciencia. Es una relación que puede revelar debilidades, pero también ayudar a desarrollar atributos divinos.

Para los jóvenes que están pensando en casarse, el mensaje no es tener miedo, sino prepararse mejor.

Porque un matrimonio fuerte no se construye solo con sentimientos bonitos. Se construye con conversaciones honestas, decisiones sabias, humildad para pedir ayuda y el deseo diario de crecer juntos.

Fuente: The Daily Universe

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