Uno de los argumentos que algunas personas usan contra el Libro de Mormón tiene que ver con los caballos. Sí, leíste bien. Pero, ¿qué tienen que ver los caballos?

Pues, quienes critican el Libro de Mormón a veces afirman que, según la historia, los caballos se extinguieron en América miles de años antes de la época nefita y no reaparecieron hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI. Entonces, ¿por qué el Libro de Mormón menciona caballos?

Ese detalle ha sido usado por años como una supuesta «prueba» contra la concordancia histórica del Libro de Mormón. Sin embargo, hay detalles históricos y arqueológicos que han llevado a algunos investigadores y estudiosos a considerar algunas respuestas a esta confusión.

Caballos en el Libro de Mormón

caballos en el Libro de Mormón
El Libro de Mormón tiene pasajes que mencionan caballos. Imagen: Scripture Central

El Libro de Mormón menciona caballos en distintos pasajes y frecuentemente aparecen asociados con viajes, carros, rebaños y posesiones. Por ejemplo, en Alma 18 se habla de los «caballos y carros» del rey Lamoni, mientras que en 3 Nefi 3:22 se menciona que los nefitas reunieron «sus caballos, y sus carros, y su ganado».

El problema surge porque la mayoría de los arqueólogos sostiene que:

«Los últimos caballos prehistóricos norteamericanos se murieron entre hace 13.000 y 11.000 años, al final del Pleistoceno».

Bajo esa postura, no deberían existir caballos en la época del Libro de Mormón, que abarcan aproximadamente desde el 600 a.C. hasta el 400 d.C. Por eso, muchos consideran este tema como un anacronismo histórico. Es decir, algo que aparece fuera de su tiempo.

caballo libro de mormón
No deberían existir caballos en la época del Libro de Mormón. Imagen: Scripture Central

Sin embargo, un detalle que debemos considerar es que el Libro de Mormón nunca describe a personas montando caballos ni usando caballería en guerra. Ronald Kimmons, un misionero retornado de la Iglesia de Jesucristo habló sobre esto en una respuesta publicada originalmente en Quora y expresó:

«A lo largo de los capítulos de guerra del Libro de Mormón, todos caminan a todas partes. No se mencionan unidades de caballería».

También aclara que los «carros» mencionados en el Libro de Mormón nunca son descritos en acción militar ni se afirma que los caballos tiraban de ellos. Esa explicación nos puede llevar a pensar que lo que se llamaba «caballo» en ese tiempo, era muy diferente al animal que hoy conocemos.

Pruebas de posibles caballos precolombinos

Se encontraron restos de caballos en Mayapán, en Yucatán, luego de una excavaciones realizadas en 1957. Imagen: Scripture Central

Aunque la ciencia sigue sosteniendo que los caballos desaparecieron antes del Libro de Mormón, algunos investigadores han sugerido que pequeños grupos de caballos pudieron sobrevivir más tiempo en ciertas regiones de América.

Uno de los casos más citados es el de Mayapán, en Yucatán, donde excavaciones realizadas en 1957 encontraron restos de caballo en capas precolombinas. En cuanto a este hallazgo, John L. Sorenson, un investigador sobre geografía y cultura del Libro de Mormón, afirmó:

«[Algunos de estos restos] fueron considerados precolombinos en vista de la profundidad de enterramiento y el grado de mineralización».

Además de esa evidencia, el geólogo y paleontólogo de la Iglesia de Jesucristo Wade Miller también informó en 2018 sobre un hueso de caballo hallado en el sur de México que, según pruebas iniciales, podría datar de períodos cercanos al tiempo del Libro de Mormón.

Aún así, estas evidencias no aseguran la existencia de caballos. De hecho, muchos arqueólogos siguen considerando insuficiente la evidencia disponible, pero sí son un buen inicio para seguir investigando.

¿Y si «caballo» tuvo otro significado en la época?

El término «caballo» pudo haberse usado para otros animales. Imagen: Scripture Central

Otra explicación propuesta por algunos estudiosos tiene que ver con el lenguaje de traducción. Algunos creen que los pueblos antiguos pudieron usar palabras familiares para describir animales desconocidos. Esto ha ocurrido muchas veces en la historia.

Un ejemplo famoso fue lo que ocurrió con los griegos quienes acuñaron el término «hipopótamo», que literalmente significa «caballo de río». John L. Sorenson propuso que el término traducido como «caballo» en el Libro de Mormón pudo referirse a otro animal del continente americano, como un tapir o incluso un venado.

Esa propuesta habla de un fenómeno lingüístico llamado «cambio de préstamo», donde un nombre conocido se adapta para describir algo nuevo. Curiosamente, algunos registros históricos muestran ejemplos parecidos en América. Cuando los españoles llegaron con caballos, ciertos pueblos indígenas usaron palabras ya existentes para describirlos.

Pero volviendo al tema de la confusión de términos, Daniel C. Peterson resumió así esta posibilidad:

«Incluso si se supone que el verdadero caballo estuvo ausente de las Américas durante la época del Libro de Mormón, sigue siendo posible que el término ‘caballo’ se refiera simplemente a ciervos, tapires u otros cuadrúpedos similares».

Esta teoría cobra sentido con el detalle anterior de que el Libro de Mormón nunca describe personas montando caballos.

Entonces, ¿qué conclusión puede sacarse?

El Libro de Mormón sigue siendo verdadero. Imagen: ShutterStock

La realidad es que el tema de los caballos en el Libro de Mormón sigue siendo debatido. Mientras algunos siguen sosteniendo que no había caballos en América durante el período nefita, por otro lado existen investigadores que consideran que la evidencia arqueológica todavía está incompleta.

Lo que sí puede afirmarse con claridad es que el asunto todavía tendrá que esperar más tiempo. Sin embargo, aunque aún no hayan respuestas definitivas para eso, el mensaje del Libro de Mormón sigue siendo el mismo: venir a Jesucristo.

Lo que podemos ver en esta situación es que hasta los detalles pequeños dentro del Libro de Mormón llaman la atención del mundo. Sin embargo, para quienes creemos en el Libro de Mormón, estas situaciones no son motivos para dudar de su veracidad.

Fuentes: Add Faith, FAIR, Scripture Central

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